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Luis Cencillo. Foto: J.E. Lamarca
OBITUARIO
Dr. D. L.
Raimundo Guerra Cid.
El miércoles,
25 de junio, falleció en Madrid Luis Cencillo en el Hospital San Rafael de los
hermanos de San Juan de Dios a los 85 años de edad.
Con su figura
se ha ido posiblemente el “último sabio”, un humanista a la antigua usanza de
formación brillante y extensa. El legado que el Profesor Cencillo ha dejado es
tan extenso que probablemente necesitaremos varias décadas para desentrañar
correctamente algunas de sus teorías más complejas sobre psicoterapia dinámica,
filosofía y antropología.
Doctor en
Filología clásica, Licenciado en Teología, Filosofía y Derecho se diplomó
también en Psicología en Friburgo cuando en otros países como España aún no se
había implantado como disciplina en el ámbito universitario. Así mismo fue el
primer Decano de la Facultad de Psicología de la Universidad de Salamanca y
Catedrático de Antropología con la extensión de Psicología Dinámica en la misma
facultad. Formado también como psicoanalista y antropólogo creó un método
singular de psicoterapia -La psicoterapia dialytica -. Sin duda fue ésta el
área en el que más insistió e investigó, dado que en ella veía reflejada todas
las vertientes que la realidad humana contiene. También fue Docente en varias
universidades europeas y españolas formando en disciplinas como la filosofía,
la antropología y la psicoterapia a miles de alumnos en el viejo continente.
Para sus
discípulos más cercanos el Profesor Cencillo además era un confidente y un
consejero, aunque sus consejos eran pronunciados de modo sutil dado que no
decía lo que habríamos de hacer sino que señalaba las opciones que la realidad
mostraba y que probablemente no contemplábamos. Todos los que hemos estado
cercanos a él le hemos vivido aproximadamente de esta manera, como un sabio con
un gran conocimiento y dedicación projimal y altruista. Por todo lo escrito
hasta ahora se hace más paradójico que no haya trascendido más su vasta y
compleja obra, dado que Luis Cencillo publicó más de 60 libros de diversos
temas: psicología, psicoterapia, epistemología, filosofía, teología,
antropología o arte.
De todos ellos el último publicado, días
antes de su muerte “Eficacia de una
terapia dinámica”, constituirá a buen seguro una de las principales
referencias en la psicoterapia contemporánea por ser heredero de una de sus
mejores obras “La práctica de la psicoterapia” pero escrito con 20 años más de
experiencia clínica y de conocimiento global.
Entre quienes
le conocimos, hay a veces cierta tendencia a la crispación dado que se entiende
que su obra no ha trascendido lo suficiente, aunque de todos modos él siempre
decía que nunca le iban a dar un premio por su obra y que éste, en tal caso,
llegaría “Cuando hubiese fallecido”; señalaba bromeando y relatando la
parafernalia a la que sus discípulos más próximos nos veríamos sometidos. Sin
embargo, no es del todo cierto que su figura y métodos sean desconocidos o
estén en el olvido pues son muchos los terapeutas que conocen y practican el
método de Luis Cencillo, eso sí, de una manera heterodoxa y no al pie de la
letra pues recalcó por cientos de veces en sus clases y obras que al paciente
se le ha de tratar desde la concrecidad de sus claves y no desde los
apriorismos de escuela (ni siquiera de los suyos).
Por todo ello
no será probablemente la mejor estrategia echarse las manos a la cabeza porque
todos los medios de comunicación no se hayan hecho eco de su fallecimiento,
sino seguir una trayectoria de trabajo fiel a su estilo integrador de
humanidades pero filtrado desde la personalidad concreta de cada uno de
nosotros, ese es precisamente el mayor sentido de toda su obra intelectual.

LUIS CENCILLO RAMIREZ DE PINEDA: DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS
Teresa Arias
Luis Cencillo Ramírez de Pineda nació en
Madrid, el 12 de Enero de 1923, en el madrileño barrio de Chamberí, c/ Santa
Engracia nº 17. Dadas las profesiones, cargos y hobbys de
algunos de los miembros de su familia, pudo recibir desde su infancia, información
importante acerca de las novedades de la época, tanto nacionales como
internacionales. Su abuelo materno, Francisco Ramírez, fue jurídico de la
armada y consejero delegado de Transmediterránea. En su casa recibía visitas de
Gaos y Halffter. Dos tíos maternos, eran diplomáticos. Uno, discípulo de Besteiro,
fue cónsul de España en la Habana, Nueva York y Alejandría. Otro, fue pintor
en el París de antes de la guerra y después jefe del gabinete diplomático del
Ministerio de Estado y miembro de la representación española en la SDN en
Ginebra. Sus visitas - decía Cencillo - "arrastraban
aires y objetos exóticos" (Anthropos, nº136, 11). Su padre, consejero
de Unión Naval de Levante, fue asesor jurídico de la fundación de CAMPSA y más
tarde, secretario general de esta compañía. Era aficionado a la adquisición de
publicaciones de viajes, exploradores, cronistas de Indias y antropólogos y era
amigo de arqueólogos, como Pérez de Barradas y Martínez Santaolalla, con quien
Luis Cencillo visitó algunas excavaciones y después estudió. Su abuelo paterno,
Jesús Cencillo, fue delegado de Hacienda en Oviedo, Salamanca y Valencia y su
biblioteca, sirvió a Luis Cencillo en su juventud, durante la guerra civil
española.
De su primera infancia, le viene ese enfoque
múltiple de las cosas, que le caracterizó. Decía él “Haber empezado a conocer y a retener una imagen continuada del mundo
entorno antes de la posesión del lenguaje”, le “situó
ya para siempre en un enfoque múltiple de las cosas y en su duplicidad de
puntos de vista” (Anthropos, nº 136, 10). En 1924, se produjeron los descubrimientos
arqueológicos en las tumbas del Valle de los reyes en Egipto, y su divulgación
originó la moda de la decoración egipcia, incluso en las telas utilizadas en
las prendas de vestir. Al año de edad tenía Cencillo, un trajecito de "tela Tutankamon" (una
fotografía suya de esta época aparece en el número 136 de la revista
Anthropos al que estamos haciendo alusión) y más tarde cuando recibió algunas
explicaciones de lo que era aquello, se implantó en él, una nueva dimensión "la del cambio histórico: resultaba que
todo cambiaba, hasta las letras" (p. 10).
Desde muy temprano (1927-28), contaba cuatro
años de edad, comenzó a percibir "un
mundo conflictivo y paradójico" en el que, él mismo dice, no le
hubiera sido posible subsistir, sin la elaboración de la reflexión filosófica.
(Cencillo 1989 “La reflexión filosófica como modo de vida” en N. M. Sosa
y V. Ortiz (edits.) “Entre las ciencias humanas y la ética”
p.15). En su entorno, se nombraba con frecuencia a Ortega y a Unamuno, por sus
manifiestos en cuestiones políticas. Los nuevos métodos pedagógicos de la
Institución Libre de Enseñanza y el Instituto Escuela, estaban también en
las conversaciones y se confiaba en el poder de la reflexión (p. 16). Además
transcurría la década de los 20 novedosa y creativa, en la que contrastaba la
dualidad tradición-modernidad, tanto en la arquitectura, mobiliario... y estética
de la época en general.
Algunos recuerdos de entonces, eran sueños en
los que aparecían templos, catedrales, figuras decorativas del momento. Sus
preguntas sobre el significado de todo ello recibían siempre la respuesta, de
que eso pertenecía a la mitología, lo cual empezó a atraer su interés como “"zona" privilegiada de misterios y numinosidad (Cencillo. Rev. Anthropos, nº 136 , p.11). Comienzan entonces - dice Cencillo-
a complicarse notablemente las distintas “áreas
de realidad” mitología - fantasía - arte - historia - realidad antigua
(primitiva) - realidad cotidiana - sueños .
Desde el final de la década de los 20 (1927) hasta el comienzo
de la Guerra Civil española, impera un clima sociocultural
lleno de contrastes que se desestabiliza rápidamente. En temas
internacionales, está en boca de todos el poder y
autoridad que va ganando Hitler, "la anexión de Austria, la
guerra de Abisinia..., hechos todos de extremada violencia para la
sensibilidad de la época" (Cencillo. En Sosa y Ortiz, 1989: 17).
El 14 de abril de 1931 se proclama la 2ª
República y tras los sobresaltos por la quema de iglesias y colegios religiosos
en las principales capitales españolas, Cencillo ingresa con 8 años en el Liceo
francés, simultaneando estudios de historia y geografía francesa y española
otro motivo que contribuye a la percepción de realidades distintas y a la
multiplicidad de enfoques. Por parte de su familia recibió una formación católica
liberal, pero nunca en los centros donde estuvo, se le impuso una práctica
católica.
Cuando comienza la guerra civil, su actividad
escolar oficial inicial quedó interrumpida, Cencillo tenía trece años y estaba
en plena crisis de la pubertad, agravada por la inadaptación a los chicos de
su edad y sus gustos, con los que no coincidía. Hasta ahora, sólo la
arqueología le resultaba interesante. Sus intereses iban por derroteros
opuestos al deporte o los héroes del cine o del cómic, y había que organizar
unas defensas que ayudaran a subsistir, y lo hace, comenzando su andadura por
la reflexión filosófica.
El estreno de “Bodas de sangre”, que vio con
sus padres poco antes de la guerra es un recuerdo importante por la gran
impresión estética que le causó y como en la guerra hubo de aislarse durante
los dos primeros años de la misma, le sirvió para estudiar sin ser influenciado
por planes de estudios, ni métodos pedagógicos interesándose fundamentalmente
por el análisis matemático, el griego, el alemán, la literatura y la
filosofía, además de los clásicos castellanos, sobre todo de teatro, los
románticos, los líricos, Pérez Galdós y
Pío Baroja, Benavente, García Lorca y Alejandro Casona, Pirandello,
Shakespeare... y se aventuró a escribir 14 obras de teatro (en prosa y en
verso) y una novela “Historia de un
hombre vulgar”. En Filosofía, se inició con unos estudios monográficos de
Jonhas Cohn sobre Descartes, Spinoza, Kant y Fichte, que había comprado en la
Feria del Libro de 1936. Continuó con Platón, Hegel, Nietzsche, Schopenhauer,
Cohen, Messner, Scheler y Rickert.
Al acabar la guerra civil, tenía 16 años y
estaba intelectualmente seguro y preparado para pasar los cuatro cursos de
bachillerato y el “Examen de Estado”
que tenía pendiente. Su padre quería que se iniciara en el mundo
de los negocios y le consiguió un empleo de Banca en Londres, pero estos planes
quedaron eliminados al declararse la 2ª guerra mundial en septiembre de este
mismo año (1939). Determinó hacer filosofía, pero su familia se opuso, por lo
incierto del futuro con una carrera como ésta y se matriculó en Derecho en la
Universidad Central obteniendo la Licenciatura en 1942. El año anterior, “En marzo de 1941 tuve la intuición de que
Dios existía realmente (lo “vi” con la misma intensidad o aún mayor que la del
mundo real y pragmático)” (Anthropos, 136, 12) lo que le llevó a
introducirse en otra vía de reflexión con las obras de San Juan de la Cruz y
Alonso Rodríguez. En otoño de este mismo año, comenzó Filosofía y letras, carrera
con la cual se había sentido identificado, pero las ilusiones y expectativas
puestas en ella se vieron frustradas, decepcionándole mucho la falta de
sistematicidad en las asignaturas, que contrastaba enormemente con el rigor
metodológico de la Facultad de Derecho. Esperaba conocer a fondo a los clásicos
y encontró temas de actualidad como la "angustia"
y el "anclaje en la existencia".
Los autores frecuentados eran Kierkegaard y Jaspers "Sartre era todavía un desconocido y Heidegger impenetrable, pues
no estaba traducido" (p. 12).
En
los cursos de doctorado de Derecho (estudios superiores de Derecho Penal), obtuvo
su primera información sobre psicoanálisis por Sánchez Tejerina que explicaba a
Freud, Adler y Jung como autores clave para la comprensión de la personalidad
del delincuente. Allí volvió a encontrar a Martínez Santaolalla en Antropología,
con quien visitó, siendo niño, algunas excavaciones. En 1944 realiza el Servicio Militar.
Decidió no renunciar a la filosofía y
cursarla en la hoy Universidad Pontificia de Comillas donde encontró un mayor
rigor. Se dedicó entonces a estudiar a fondo a Del Vechio, Kelsen, Radbruch, y
Recaséns, así como las éticas de Aristóteles, la Summa Theológica de Aquinas,
Suárez, Kant, Hegel y Croce y también a los axiólogos Hartmann y Scheler e
intentando leer a Heidegger en el original. Realizó los “cursos comunes” de la
Facultad de Filosofía y letras, y aprobó las oposiciones para profesor de
Filosofía del Derecho en el centro de estudios universitarios (CEU) comenzando
allí su actividad docente. Al terminar los cursos comunes de filosofía decidió
especializarse en filología clásica, adquiriendo conocimientos filológicos del
mundo antiguo estudiando latín, griego, sánscrito y más tarde complementaría
estos conocimientos con el hebreo que estudió en Innsbruck.
En 1951 obtuvo la Licenciatura en Filología
Clásica por la Universidad Central y en 1953 la Licenciatura en Filosofía por
la Universidad Pontificia de Comillas. Desempeñando la plaza de bibliotecario en la
Facultad pudo manejar las fuentes da la filosofía antigua, medieval,
renacentista y barroca, así como los comentaristas de Aristóteles (editados
por la Academia de Prusia) y elaboró la tesis doctoral de filología clásica, un
trabajo sobre Aristóteles, muy elogiado en los círculos de expertos en el tema,
Tesis que versó sobre la “Materia en el
Corpus Aristotelicum”, dirigida por Leopoldo Eulogio Palacios, presentada
en 1955 y publicada en 1958, por el
CSIC con el título de “Hyle”.
En 1954 obtuvo la plaza de Ayudante en la
Facultad de Derecho de Granada, donde además comenzó Teología en la Facultad
Pontificia de la Cartuja, adquiriendo no solo conocimientos teológicos, sino
mayor conocimiento del mundo antiguo semita, e iniciándose en la hermenéutica,
el mundo de los símbolos y los ritos, la literatura gnóstica y las sectas
medievales.
En 1956 es contratado como Lektor de
español en el departamento de Alwin Kuhn en la Universidad de Innsbruck y allí
continúa sus estudios, recibiendo enseñanzas de Coreth, Rahner y Hoffbauer. En
este período llegó a sus manos, de forma casual, un ejemplar de Jung, “La psicología de la transferencia”. Al
leerlo, no pudo por menos que entregarse a la lectura de este autor y de los
clásicos del psicoanálisis, aprovechando un retiro vacacional al castillo de
Tunzenberg (Ratisbona) y otra estancia en Götingen en la Baja Sajonia, desde
donde hizo parar la composición de la “Experiencia
profunda del ser (Bases para una ontología de la relevancia)”, cuyo primer original escribió en
Granada, pero reescribió haciendo una obra nueva y distinta, pues los
conocimientos de las categorías psicoanalíticas, cambiaron radicalmente su
modo de filosofar. En este año fue ordenado sacerdote en Granada, pero es en
Alemania donde desarrolla parte de su actividad pastoral. En 1958, se incardinó
en Colonia, y a este lugar se mantuvo vinculado hasta su fallecimiento (25 de junio de 2008).
1957, es el punto de partida de su actividad
formativa y formadora en Alemania, siendo Lectorado en la Universidad de
Innsbruck y obteniendo la Licenciatura en Teología en la misma Universidad.
Además trabajó como Docente en la Universidad de Friburgo de Brisgovia y se
doctoró en filosofía con Max Müller (discípulo de Heidegger). Allí recibe
enseñanzas en clases y seminarios impartidos por Eugen Fink, Berhanrd Welte,
Heidegger, y Jaspers en Basilea. Coincide con Habermas en algunos de ellos.
En 1959 continuó la Docencia en la
Universidad de Munich, cursando Psicología en ella. Estuvo con Heiss, psicólogo
y grafólogo de primera fila, pero no llega a doctorarse porque obtiene un
contrato del Kultus ministerium de Friburgo y en 1959 en el de Baviera para impartir clases en la
Universidad de Munich sobre filosofía española, entrando en el departamento de
Hugo Friedrich y posteriormente en el de Harri Meier, en Bonn. Es este año es en
el que publicó la Experiencia profunda
del ser, que rescribió a partir de lo escrito
unos años antes en Granada. Es un estudio filosófico de la dinámica intelectual
de la historia como experiencia metafísica, análisis de la vivencia de realidad
y de la experiencia de objetividad.
En 1960 su contrato de Docencia es en la
Universidad de Bonn por el ministerio de Renania-Westfalia. También en este año
como consecuencia del estudio de la obra de Jung, que no interrumpiría hasta
1973, escribe “El misterio de iniquidad en la historia de la iglesia”
un estudio de las herejías y las crisis de la iglesia católica, desde
categorías jungianas. Esta es la única obra jungiana de L. Cencillo.
Prosigue la docencia en 1962 en la
Volkshoch-Schule de Colonia, Universidad que le concedió el título de Emérito,
una vez jubilado. En 1963 cursa Filosofía en la Studentenhaus de Colonia y Bonn y durante dos semestres imparte cursos sobre “Las raíces cognitivas de la Ontología”,
en la Universidad de Colonia, donde además desarrolla la reflexión filosófica
expuesta en el curso de filosofía fundamental, publicado más adelante en dos
volúmenes con el título: “Tratado de
las realidades” y “Tratado de la intimidad y de los saberes.
Fundamentos de Antropología del conocimiento, general y pedagógica.
Epistemología y Lógica”. Aquí, en este curso, coincide con Landgrebe y
Volkman-Schluck. (discípulos y ayudantes de Husserl).
Pasa pues, diez años en el corazón del
ambiente psicoanalítico y fenomenológico, con personas de mucha categoría todas
ellas y que le influyeron notablemente, pero cuando Cencillo, regresa a España,
en 1966, desde el centro neurálgico del psicoanálisis, los psiquiatras
españoles continuaban en una línea organicista, diametralmente opuesta al
psicoanálisis, que aún perdura en la actualidad. El psicoanálisis no estaba en
boga, incluso era duramente criticado. Las Facultades de Psicología no
existieron hasta algunos años más tarde, que se fueron creando en las
Universidades más importantes del país. En 1975, había Facultades de Filosofía
con sección Psicología en Barcelona, Granada, Madrid y Salamanca. (Guía del
universitario 75-76). Hasta finales
de
1979 (diciembre), no “se crea por ley el Colegio oficial de
psicólogos”
(Olabarría, 1997. Marco histórico y trayectoria de la
psicología clínica hacia su institucionalización.
En Olabarría y otros. La psicología clínica en los
servicios públicos. Cuadernos técnicos, 2. Madrid.
A.E.N., p. 10).
En 1966, Cencillo da pues
por terminada su estancia en Alemania, al crearse las plazas de profesor
agregado en la Universidad española, opositando para cubrir la Adjuntía titular
de Fundamentos de Filosofía de la Universidad de Valladolid, en la cátedra del
profesor Candau. Durante este año volvió a escribir Filosofía pura, para
presentar el “Trabajo de firma” exigido
para las oposiciones a Cátedra de Metafísica de Barcelona y Valencia, a las
cuales se presentó sin ganarlas, en competencia con los doctores Canals,
Rodríguez Rosado y Gomá. En 1967 gana la oposición como Agregado de Historia de
los Sistemas Filosóficos de la Universidad Complutense de Madrid.
En 1968, se publica ese “trabajo de firma”
bajo el título de “Conocimiento.
Historia y planteamiento del problema del a priori de la conciencia” y la “Filosofía fundamental I: Fundamentos II.
Historia de los sistemas filosóficos” en colaboración con Eloy
Rodríguez Navarro. En 1969, la editorial Flors de Barcelona le
edita unas monografías sobre la espiritualidad de los gnósticos, maniqueos,
cátaros y disidentes medievales. Resultado de haberse adentrado también en el "pantanoso terreno" de la
alquimia, las sectas antiguas, el ocultismo, los rituales y mitologías
arcaicas. Sus títulos son: “La
espiritualidad cátara”, “La espiritualidad entre los disidentes medievales”,
“La vida espiritual en las sectas gnósticas” y “La vida espiritual
maniquea”. Durante este curso, hizo diversas gestiones
para integrarse como profesor en la UAM sin conseguirlo.
En los siguientes años continúa el mismo
ritmo de publicaciones. Así, en 1970 publica “Antropología integral”, “Historia
de los sistemas” y “Mito,
semántica y realidad” , libro que ofrece el trabajo de catorce años de
investigación sobre mitología. En 1971 el “Tratado de la intimidad y de los saberes” y en 1972 “Conflictos de la sexualidad infantil” e “Historia de la reflexión”.
De 1970 a 1972 se psicoanaliza y al terminar,
comienza su actividad psicoterapéutica en la línea más estrictamente freudiana.
Al avanzar su experiencia terapéutica, fue comprobando con sus propios
pacientes, la intervención de muchas variables que no habían sido tenidas en
cuenta por la ortodoxia freudiana, lo que le llevó a ir creando sus propios
parámetros y los fue reflejando en sus publicaciones al respecto.
En 1973, escribe “Terapia lenguaje y sueño” obra en la que integra
psicoanálisis, lingüística y gnoseología y en este mismo año salen publicados
el “Tratado de las realidades”,
al que aludimos más arriba y “Método y base humana” libro en el que realiza un estudio de la epistemología de
las ciencias y sus diferentes posibilidades de procedimientos metódicos y de
modelización. Además, establece una escala de propiedades y características de
las ciencias, de modo que se pueda asignar un puesto entre ellas a las ciencias
humanas. Expone aquí su propio método antropológico.
Este mismo año, 1973, reúne
a un grupo de licenciados bajo las siglas C.I.D.A.P., en un equipo que se
dedicará a la Psicoterapia. Son los cimientos de lo que será más tarde la
Fundación Cencillo de Pineda, que puso en marcha en 1985 y presidió hasta su muerte con
el objeto de formar y tratar en y mediante la Psicoterapia Dinámica, en versión
dialytica (denominación que utilizó a partir de 1976, porque consideró que
“psicodialysis (disolución a través),” era un término más
acertado lingüísticamente hablando que el de “psicoanálysis”). Su método terapéutico, es el resultado de la interacción entre la
gnoseología, la antropología y la psicología dinámica y tiene connotaciones que
difieren del psicoanálisis, por ello consideró que la denominación era más
acertada.
En 1974 publica “El inconsciente” un estudio crítico-constructivo de las teorías,
sistemas y técnicas terapéuticas existentes
acerca de lo inconsciente [Freud y ortodoxos freudianos (Ferenczi,
Abraham, Klein, A. Freud etc.) neofreudianos (Fromm, Horney), Jung, Adler,
Lacan...]. Incluye en él una reflexión personal, desde la cual llega a una
síntesis teórico-práctica que desemboca en su propia teoría de lo inconsciente,
con ciertas precisiones y matices recogidos a partir de lo existente, más los
nuevos descubrimientos realizados desde entonces y a los que los clásicos del psicoanálisis no pudieron tener
acceso. (La tercera edición de esta obra es de 1997). “Libido, terapia y ética” obra en la que expone de manera temática distintos aspectos
relacionados con la eticidad o antieticidad de los impulsos inconscientes o de
sus objetos. Además de una de sus aportaciones al tratamiento psicoterápico, la
consecución, al final de una psicoterapia, de una ética genuina no impositiva,
sino “lúcidamente asuntiva y autógena” .
En 1975 expone en otras obra su teoría de la
personalidad y su dinámica, “Dialéctica
del concreto humano” y la
otra es un tratado de sexología “Raíces
del conflicto sexual”. Las
bases antropológicas de su obra comenzó a exponerlas en 1970, con la “Antropología integral” y en 1973
con “Método y base humana”.
Mas tarde en 1976 escribe junto a J.L. García otra obra antropológica titulada “Antropología
cultural: factores psíquicos de la cultura”.
En 1977, obtiene la cátedra de Antropología
de la Universidad de Salamanca, e interviene en la constitución de la nueva
Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación, siendo su primer Decano. Este
es el año de aparición de su “Transferencia
y sistema de psicoterapia”. Obra con la que contribuye a la
investigación psicoterápica, realizando una sistematización de los elementos
del psiquismo y su articulación personal, los procesos de comunicación
interpersonal y los componentes y efectos transferenciales y
contratransferenciales. Todo ello a fin de servir eficazmente en el tratamiento
psicoterápico.
En 1978 publica “El hombre: noción científica”. Calificada de fundamentación
metodológica de una antropología diferencial, precisamente por ser integral.
En ella, analiza la dinámica del pensamiento científico y la contextura de las
realidades humanas, con el objetivo de explorar con profundidad las
posibilidades epistémicas actuales de los fenómenos y procesos humanos y
constituirlos en verdadero objeto de ciencia.
Durante 1979 imparte seminarios en el
Instituto de España y en 1980, en el Instituto de ciencias sexológicas de
Madrid. En 1980 presenta su dimisión del decanato. En 1981 publica “Ultima pregunta. Paradojas de la madurez y
del poder” un planteamiento de la vejez, desde una perspectiva propia,
una vivencia individual e íntima, en la que plasma toda la carga existencial y
autobiográfica. La obra refleja así,
sus impresiones pesimistas de la vida, a partir de su experiencia y desemboca
en una repuesta a esa última pregunta, a que hace referencia el título de la
obra, que tiene que ver con la vida porque se hace en ella, y con la muerte porque llega la edad en que
se presiente “como el último salto dialéctico que el proceso de existir
vivencia, que como todos los saltos dialécticos no suponen la nada, sino lo
otro, tras la negación de lo que lo negaba. Y sin duda entre el lograrse y el
malograrse media un abismo infinito” (contraportada editorial de la obra mencionada).
En
1982, publica “Los sueños, factor
terápico” un estudio del fenómeno onírico: contextura, funciones,
clasificación, criterios y técnicas de interpretación de los sueños. Organiza todo un sistema, para poder utilizar y
manejar este complejo material, en la psicoterapia, eliminando en lo posible
los riesgos debidos a posibles conjeturas. En 1983 pasa a la situación de “Supernumerario”, siendo profesor de
Antropología en CEU (Centro de Estudios Universitarios) de Madrid. Dos años después, haciendo donación del
patrimonio familiar, crea la Fundación Cencillo de Pineda para el fomento de la
Antropología y la Psicología dinámica, en la que se imparten clases y seminarios,
se realizan terapias y supervisiones de profesionales, por parte de un equipo
cuyo Presidente, como hemos dicho, hasta su fallecimiento fue él mismo.
En 1986, es declarado “excedente” en el cuerpo de catedráticos, teniendo que volver a
opositar a la cátedra de Antropología filosófica de la Universidad de Salamanca
(que no obtiene) y en 1987 regresando a ella como “Titular interino”,
jubilándose como contratado en enero de 1988, sin derecho a pensión ni
grado de “Emérito”. Pero se jubiló
entre comillas, es decir oficialmente y en la Universidad, porque a partir de
este momento se dedicó a escribir intensamente, más que hasta aquel momento y
trabajando en su labor de psicoanalista y profesor en la Fundación que él mismo
dirigía y ofreciendo conferencias, artículos para revistas, asistía a Congresos, programas de radio,
televisión... y de este modo en 1988
aparecen publicados: “Interacción y
conocimiento” dos pequeños, pero densos volúmenes:Vol. I. Discurso, Lenguaje y Procesos Cognitivos. Vol.
II. Sujetos, Referencia y Reflexión. Un trabajo filosófico que responde a las dificultades que
presentan los problemas de la razón, las incertidumbres y contradicciones
insolubles del pensamiento analítico. Además, rectifica de modo radical las confusiones y desaciertos de las teorías
del lenguaje actuales, analizando la dinámica, generación y decodificación del
discurso. La constitución significación y dinámica del lenguaje y la noción de
tipología y dinámica del conocimiento. También en este año aparece editada “La práctica de la psicoterapia” donde expone la fundamentación antropológica de la personalidad y la
psicopatología. Las concepciones, dinámica y articulación del proceso terápico
(de orientación dialytica). Organiza el I Encuentro
internacional de Psicoterapias Dinámicas en Salamanca bajo el título de “Psicoterapias
dinámicas: modelos de aplicación”, con la participación de personalidades de
prestigio a nivel internacional.
En 1989, sale la edición de “La psicología como posibilidad.
Epistemología específica de las ciencias psicológicas e identidad profesional del psicólogo”. Siete capítulos
dedicados a la carga ideológica de las ciencias, la falacia verbal, el área
específica de lo psíquico, las posibilidades cognitivas de las ciencias, los
problemas de la psicología como ciencia, la organización epistémica de la
psicología y las posibilidades epistémicas de los procesos psicodinámicos. 1990, organiza las II Jornadas
internacionales de Psicoterapias Dinámicas que esta vez se desarrollan en
Madrid bajo el título de “Intervenciones
psicoterápicas en trastornos depresivos” y a la que acuden de nuevo
autoridades de crédito en esta temática.
1992 es un año en el que Cencillo está
centrado en los perdedores, publicando su “Guía de perdedores. Dialéctica del todo y de la nada para quienes no
aciertan a existir”, volumen, que puede considerarse una obra
existencial, pues a partir de su experiencia, tanto personal, como la
suministrada por el conocimiento profundo de otras personas, quiere
proporcionar a otros la ayuda necesaria
para abrirse caminos en la propia confusión del tener que hacerse a sí y
a su vida. En la búsqueda de sí mismos. Un asunto difícil, con consecuencias a
veces dolorosas o con el temor de que
lo puedan ser. Un libro de éxito que tendrá más adelante una segunda edición y
a raíz de la cual comienza una etapa en la que Cencillo centra la atención de
sus escritos en el área teológica, que no había tocado hasta ahora y que
comienzan a aparecer desde 1994, pero 1993 no se queda sin publicación: “Sexo, comunicación y símbolo” es una exposición fundamentada en los
campos antropológico y psicológico del conjunto de parámetros y del sistema de
categorías, que recogen aquellos factores participantes en los procesos
sexuales y sus patologías.
En 1994 “La comunicación absoluta. Antropología y
práctica de la oración” una obra
de apertura a la oración, a la comunicación divina, en la que
intervienen y se implican cuestiones existenciales y psicológicas del ser
humano (actitudes, estados afectivos, intenciones e incluso toda una manera de existir).
Durante este año, se crea la Asociación
de psicoterapia dialytica que cumple los criterios establecidos por la FEAP
para la formación de psicoterapeutas. Organiza el III Encuentro internacional
de Psicoterapias dinámicas que esta vez se desarrollará en Cáceres, bajo el
título de "La identidad como meta terapéutica" y en el que de
nuevo la participación de representantes de notoriedad ocuparon y compartieron
programa.
En
estos años, pasó momentos de baja forma física por causas somáticas graves,
sufrió un Infarto agudo de miocardio y algunas otras complicaciones, que le
hicieron pasar algún tiempo ingresado en el Hospital. Recuperado de la
enfermedad, vuelve a trabajar, viajar, escribir y publicar.
En 1997, publica “La psicología de la fe”, obra de enfoque multidisciplinar, que
abarca las vertientes históricas (o
sociológica y vigencial), psicológica y
teológica en la que establece la diferencia que existe entre las creencias y la
fe propiamente dicha, exponiendo un estudio de la fe, con los componentes psíquicos de este proceso y sus
efectos psicológicos sobre la persona creyente. En la enciclopedia microsoft Encarta (1997),
destacan a Luis Cencillo como “español que ha contribuido a la difusión del
psicoanálisis en el ámbito hispano”.
1998, es un
año especial en número de publicaciones. Así, vemos aparecer en él, “Historia
sistémica de los dioses”, un estudio de todas las religiones
antiguas
de la tierra y una antropología de las religiones, de los ritos
y todo el sistema religioso de los pueblos ágrafos de la
historia moderna, desde la colonización de
América a la actualidad. “Opción humana y textura bíblicas” una lectura actual de la Biblia, obra teológica
que constituye una exégesis documentada sobre la textura, el sentido, el significado,
la intención, profundidad y las consecuencias prácticas de los documentos
bíblicos. Reescribió el Mito, que publicó por primera vez en
1970, y lo tituló ahora (1998) “Los mitos sus mundos y su verdad”. “Abordaje
terapéutico de ancianos” que tiene
ya una segunda edición y en donde plantea una perspectiva
terapéutica desde la vejez y para la vejez, en la que prima la tarea de
conseguir que la ancianidad, siendo la última y por tanto muy importante etapa
de la vida, sea aceptada de forma positivacomo proceso de envejecimiento, sin
tratar de obviarla, ni de enmascararla. Escrito como anciano y por tanto con
una mayor capacidad de comprensión desde la experiencia de ser viejo, aborda
una nueva perspectiva psicoterapéutica adecuada a la ancianidad, en la que no se trata de hacer que el viejo se
sienta joven, ni de darle consejos de jóvenes para que haga las cosas de
jóvenes, ni de curarle, sino de asumir adecuadamente esa última etapa de la existencia de cada uno. “Antropología integral” (de nuevo un tratado
antropológico), “Los riesgos de la palabra”, son homilías por él pronunciadas en la parroquia de San Juan de Ribera, en Madrid, grabadas durante
22 años por alguno de sus feligreses y colaboradores habituales de sus misas de
sábado y veranos. Más adelante se completarían otros dos volúmenes en esta línea:
“Lo lleno y lo vacío” (1999) y
“Libro de los escándalos del milenio” (2000).
No menos productivos y atareados fueron los
siguientes años de su vida, entre 1999 y 2008, se publicaron una veintena de libros,
que además de los introducidos en el párrafo anterior por contexto, son: Creatividad
arte y tiempo (2 volúmenes). 2000, Madrid. Syntagma, Cómo no
hacer el tonto por la vida 2000. Bilbao. Desclée de Brouwer, Claves
para dos milenios 2001. Madrid. Syntagma, Tiempo ganado y tiempo
perdido 2001. Madrid. Syntagma, Lo que Freud no llegó a ver
2001. Madrid. Syntagma Los sueños y sus verdades 2001. Madrid.
Syntagma, El estado sin dolor 2002. Madrid. SyntagmaHomosexualidad y paradojas sociales 2002. Madrid. Syntagma Cómo Platón se vuelve terapeuta 2002. Madrid. Syntagma, Guía
de perdedores, perdidizos y perdidos 2002. Madrid. Syntagma, Paradojas
de la belleza 2003. Madrid. B.A.C., Pensar y crear pensando 2005. Madrid. Syntagma, Asesoramiento: qué técnicas qué filosofías
2005. Santa Cruz de Tenerife, El entramado de las creencias 2005. Madrid. Syntagma y los dos últimos, el mismo año de su fallecimiento, 2008, El viso republicano. Madrid. Nostrum (autobiográfico) y Eficacia de una terapia dinámica Madrid. Manuscritos. Las últimas notas escritas en su ordenador tienen fecha de 12 de junio de 2008, pues ha dejado
escrita, aunque incompleta, una segunda parte de su
autobiografía que trataremos de publicar lo antes posible.
Ha fallecido en Madrid, su ciudad natal, a los 85
años, el 25 de junio de 2008, en el Hospital de San Rafael de los hermanos de
San Juan de Dios, donde había ingresado unos días antes, día que estábamos
pasando con él, acompañándole en su serena agonía, muy cerca de su casa que ya
no era suya, porque la donó, como hemos comentado para la actual Fundación Cencillo de Pineda,
se había reservado un espacio pequeño modesto y austero en el sótano de la misma para
vivir, en condiciones de sencillez casi monásticas. La muerte no le sorprendió,
la esperaba, no le producía ningún temor sino esperanza, hacía años que pensaba
en ella y hablaba sobre ella con tranquilidad sin aspavientos. Decía que podía
ser algo incómoda, pero no temerosa.
APORTACIONES PSICOLOGICAS Y
PSICOTERAPEUTICAS DE LUIS CENCILLO
Contributions psychologicals and psychoterapyst of Luis
Cencillo
Teresa Arias
Resumen :
Presentamos algunas de
las aportaciones principales que Luis Cencillo ha tributado a nuestra
profesión, con las investigaciones constantes que ha llevado a cabo a lo largo de su productiva biografía y que ha ido plasmando en sus numerosos escritos. Este autor lleva ejerciendo
como psicoterapeuta desde 1972 y es además de psicólogo, Licenciado en Derecho,
Filosofía y Teología, doctor en Filología, psicoanalista y profesor desde 1957
en diferentes universidades europeas. En la de Salamanca fue catedrático de
Antropología con extensión a Psicoterapia dinámica. Las
aportaciones de Cencillo ofrecen como resultado, el conocimiento de las bases
para establecer las distintas vertientes, que se han de tener en cuenta, para
una comprensión del fenómeno
humano en su totalidad, al triple nivel colectivo-histórico, cultural-objetivo
y vivencial-subjetivo.
Summary:
We present some of the main contributions that Dr. Luis Cencillo has made to our profession, with the constant
research he has carried out throughout his productive biography (career)
and which he has shaped in his numerous writings. This author has been practising as a psychotherapist since1972 and is, moreover, as well as being a
psychologist, a graduate in Law, Philosophy
and Theology. He also has a doctorate
in philology and is a psychoanalyst and has been a lecturer in distinct
European universities since 1957. At the University
of Salamanca he was Professor/ Head of
Department of Anthropology con extension dynamic psychoterapy. His contributions offer, as a result,
the knowledge of the bases for establishing the different aspects that should be borne in mind for an understanding
of the human phenomenon in its totality, at the collective-historical, cultural-objective
and living- subjective levels.
Cencillo ha
sido un incansable estudioso de todas aquellas materias relacionadas
con el
hombre, con la vida humana, ha dedicado su vida a la
investigación
de este
objeto de estudio tan especial y complejo. Para ello se
especializó en
numerosas materias (Psicología, Filolosofía,
Antropología, Lingüística,
Teología...)
y las supo integrar de forma magistral,
ofreciéndonos en un buen número (59) de
libros publicados y un sinfín de artículos,
conferencias,
seminarios...
Ha
desarrollado teorías sobre el método
filosófico, el método científico, el método
antropológico, el hombre, la
cultura, los mitos, el arte, la belleza, la vida inconsciente, los
sueños, la
personalidad, la sexualidad, el envejecimiento, la
psicopatología, la
psicoterapia, el lenguaje, la comunicación, el conocimiento, las
realidades, el Estado, la ética, las creencias y la fe.
Sus
aportaciones y valiosa producción intelectual, enriquece de manera notable el
panorama de las ciencias humanas y además facilita el estudio y aplicación de
la Psicología y la Psicoterapia. A propósito de este tema, presentamos nuestra
tesis doctoral en la Universidad Complutense de Madrid, en 1998, titulada: Psicología y Psicoterapia en Luis Cencillo:
enfoque integral de fundamento antropológico, en la que hicimos un estudio
amplio al respecto.
Precisamente
en la Universidad Central de Madrid (hoy Univ. Complutense) Cencillo comenzó la
docencia en 1967, pero previamente había ejercido en otras Universidades
Europeas (Granada, Innsbruck, Friburgo, Munich, Bonn y Colonia) y en 1969,
recién creada la sección de Psicología en España, comienza a impartir las
asignaturas de Antropología y de Psicología de la personalidad. Más tarde
obtendrá la cátedra de Antropología en
la Universidad de Salamanca en la que fue su primer Decano.
En Psicología,
en el afán de encontrar la mejor manera de comprender al hombre en su
totalidad, de forma integral pero sin olvidarse tampoco de su singularidad, unifica tres líneas de investigación:
Gnoseología, Antropología y Psicoanálisis, organizando epistémicamente el
modelo adecuado al objeto de estudio y a los fenómenos que ha de investigar
la Psicología y creando un método psicoterapéutico, desde categorías
psicoanalíticas, para la aplicación práctica apropiada del mismo, (la
Psicología Dinámica logra describir, explicar y transformar los procesos menos
aprehensibles y huidizos de la vida subjetal concreta) y en definitiva, ampliando y enriqueciendo las categorías clásicas
del Psicoanálisis con una teoría de la personalidad antropológicamente
fundamentada, con un estudio pormenorizado de la transferencia,
contratransferencia y sus efectos
terapéuticos, un estudio sistemático de los sueños, los deseos, las
paradojas, la sexualidad, la psicopatología, los procesos de comunicación y de
interacción, y un modelo más completo de la vida inconsciente (VICS)
representado metafóricamente por cuatro estratos interconectados (Radical,
Pulsional, Emocional y Sémico) (Cencillo,1988, Pp. 29-36).
1-
El paradigma de una ciencia
psicológica (entendiendo por tal “el diseño de una
ciencia como conjunto
coordinador de todos los parámetros, códigos, modelos y
técnicas en virtud de
una concepción general de campo y de naturaleza del objeto que
organiza la
obtención y la integración procedente de un nivel de
realidad específico” (Cencillo,1988a, p.113),
debería constar de cuatro dimensiones básicas:
energía
(pulsiones, afectos, fantasías y cadenas simbólicas),
conducta (pautas,
motivaciones, habla e interacción social), mecanismos (sistemas
de defensa,
lenguaje, y canalizaciones comunicativas) y estructura (p.113).
2- Los fenómenos psíquicos
(conducta, consciencia, conciencia, conocimiento, expresividad, personalidad,
identidad, pulsionalidad, motivaciones e intereses, procesos mentales,
estimulación sensorial, vida afectiva y trasfondo emocional de las vivencias,
sueños, memoria, lenguaje y procesos de simbolización, psicopatologías y
retroalimentación de todos ellos por la interacción social (p.57), requieren un
enfoque y un método de investigación específico, con un lenguaje y categorías
capaces de construir modelos y regirse por unos parámetros acordes con los
siguientes principios teóricos: Económico (energía). Dinámico (en constante
proceso evolutivo). Social (inscrito en una trama de relaciones sociales).
Sémico (filtrado por códigos de significación, de valor y emocionales) (Cencillo,1977, Pp.147-148) y con una docena de principios prácticos, la
mitad de los cuales pertenecen al grupo dinámico estructural y la otra mitad al
grupo comunicacional (Pp.155-175)
3- Los factores y variables
principales que hay que tener en cuenta en un modelo dinámico de
estas características, son: pulsiones, procesos, cadenas simbólicas, vínculos
(inconscientes, afectivos, estocásticos), intenciones, identidad e imagen,
interacción social (Cencillo,1988, P.134).
En Psicoterapia,
en la que comenzó a trabajar en 1972, parte del descubrimiento freudiano de la
vida inconsciente, evolucionando este concepto al tener en cuenta unas teorías
en las que el número de dimensiones,
factores y parámetros, es mayor que las que pudieron tenerse en cuenta
en épocas anteriores y todo ello orienta el proceso de investigación y define
más aspectos para su positivación. Completa el modelo de inconsciente
progresando hacia una representación estratigráfica con cuatro estratos
interconectados (radical, pulsional, emocional y sémico), que comprenden,
sitúan y configuran los distintos componentes de la vida inconsciente, que se
manejan en sus manifestaciones durante
el proceso psicoterapéutico, ya que son incontrolables voluntariamente. Por
este motivo producen efectos paradójicos en el comportamiento consciente y en
ocasiones producen desequilibrios y perturbaciones que requieren de las técnicas psicoterapéuticas para
reintegrar la energía pulsional en una estructura equilibrada, sin barreras
inadecuadas o aislantes (Cencillo, 1988, Pp.29-36).
En 1977 con cinco años de experiencia psicoterapéutica publica
Transferencia y sistema de psicoterapia, obra
en la que ofrece un avance cuantitativo sobre la eficacia terapéutica de su
método de trabajo, de modo que quedara clara la base empírica y real de sus
afirmaciones (ha fallecido en 2008, a los 85 años, ejerciendo psicoterapéuticamente
hasta unos meses antes de su muerte). De los numerosos sujetos consultantes, en
ese período de inicio de su profesión como terapeuta (1972-1977), 100 aceptaron
tratamiento, de ellos siete abandonaron el mismo y otros siete fueron derivados
a otros terapeutas, por razones que parecían convenientes para su adecuado
tratamiento. Todos habían hecho ciertos progresos iniciales en algún
grado. De los 86 casos restantes, 21 de
ellos continuaban en tratamiento a la publicación de esta obra, en diversas
fases del proceso, progresando a distinto ritmo, 65 habían sido dados de alta
con los objetivos terapéuticos logrados, es decir viviendo y actuando
profesionalmente y en sus relaciones sociales con la intensidad, la eficiencia
y la creatividad deseables.
Cencillo hacía dos observaciones importantes, una que
ningún paciente había empeorado respecto de su estado anterior y dos, que en
ningún caso se observó una remisión espontánea de los síntomas, sino que
hubieron de ser trabajados cada uno de ellos para apreciar la mejoría y
definitiva curación, que no consiste en la extinción sintomática, sino en la
consecución de la salud psíquica: independencia lúcida, enérgica y elástica de
los factores psicopatológicos, para poder controlar sus propios procesos de
adaptación. Los índices de salud psíquica deben ser observados a un cuádruple
nivel: emocional, práctico, cenestésico y existencial. Manifestaciones de la
personalidad que resultan objetivamente apreciables, pero no medibles (Cencillo, 1977, Pp. 108 – 112).
De
gran importancia para la psicoterapia, son sus
interesantes aportaciones a propósito de los sueños, pues
a partir de
categorías lingüísticas, epistemológicas,
antropológicas y estructurales,
consigue que el significado de éstos deje de ser arbitrario,
organizando un
método sistemático y riguroso que facilita el estudio, la
comprensión y la interpretación de los mismos,
considerándolos como un factor terapéutico de primer
orden, por su poder de
significar (Cencillo, 1982,Pp. 59-63).
El nombre elegido por Cencillo para denominar su método,
por sus connotaciones dinámicas, es Dyalisis hologénica que significa
“disolución a través referida a todos los componentes generadores” (Cencillo,
1977, Pp. 59-63). Es un modelo psicoterapéutico que consta de cuatro principios
(social, dinámico, económico y semántico); cuatro parámetros (relación,
interpretación, elaboración activa y articulación fásica del proceso); cuatro
factores (representänz, efecto
Zeigarnik, dinamismo simbólico y comunicación); tres líneas dinámicas (proceso,
paciente y terapeuta) y está basado en los siguientes axiomas:
- “Todo proceso consciente tiene un correlato
inconsciente que se filtra por el mismo”
- “El mundo real humano es producto de
condensaciones significacionales internalizadas por la comunicación”
- “Las perturbaciones de personalidad y sus
relaciones con este “mundo-real” pueden ser rectificadas mediante la comunicación y controlando los
registros inconscientes de significación y de internalización” (Cencillo,1989,
P. 101).
Parte de cuatro principios básicos: neutralidad,
distancia simbólica, tolerancia y reflejo identificativo. La dinámica de este
proceso se rige por las siguientes pautas:
No atenerse exclusivamente al síntoma;
Explrar la vivencia de identidad
social, la historia infantil, el sistema
y pautas de comunicación social (en la
familia, en la pareja, en el trabajo); Ofrecer un continente de
tolerancia, no
autoritario ni crítico para sus angustias, fantasías y
deseos; Observar el clima
afectivo asociado a símbolos, fantasmas, temores y
“enganches” inconscientes
que hayan ido determinando el sesgo de conducta personal; Permitir que
viva
fantaseadamente su transferencia, considerando para ello los
sueños, fantaseos, eidetismos... Lo simbólico
(en Psicoterapia) es más eficaz que lo real; Mantener la
distancia simbólica
adecuada y un encuadre estricto, evitando que se mezclen el
“dentro” y el “fuera” del proceso
psicoterapéutico;
Dejar que el cliente se haga cargo de su propio material, sin
adoctrinamientos
ideológicos; Reforzar los aspectos positivos que tiene el
cliente y hacer de
depósito de los negativos (de las partes fantaseadas como
“malas”), sin dar
interpretaciones siniestras o precipitadas; Conocer, respetar o
interpretar el
tipo de silencio (vacío o inerte, resistentivo, provocador,
preparatorio o
introspectivo, transicional, profundo, (tenso, interesado),
elaborativo,
ansiógeno, traumático, expresivo (seductor) y demandante)
en el que está sumido
el cliente (Cencillo,1988); Desenmascarar y ayudar a
desarticular el sistema defensivo, cuando ya no se necesite, nunca antes; Descubrir
las ventajas secundarias que obtiene con su sistema de defensas; Intervenir lo menos posible y solo a
base de breves señalamientos o por medio de una mayéutica no contaminante.
Otros recursos
terapéuticos: la transferencia, la interpretación, el insight o la
translaboración desrepresiva, son medios
a través de los cuales se pueden movilizar impulsos, integrar
componentes de la personalidad y
canalizar energías para superar la
dinámica deficitaria de las distintas psicopatologías. La salud
psíquica debe manifestarse de modo multidimensional, no puede ser considerada
como tal la extinción de los síntomas por sí
misma. Si no se afecta la
estructura básica de la personalidad no se puede hablar de
curación. Los
indicios convergentes de salud psíquica
son recogidos por Cencillo en una clasificación que consta
de cuatro niveles (emocional, práctico, cenestésico y
existencial).
El
nivel
emocional está relacionado con la ausencia de emociones
negativas (angustia,
ansiedad...); capacidad de relacionarse afectivamente de forma
adecuada,
adultamente; bienestar psíquico difuso a pesar de la realidad
adversa a la que
constantemente hay que enfrentarse, etc. El nivel práctico alude
a la
productividad (proyectos viables y adaptados, control del tiempo,
energía bien
canalizada...); concentración mental; independencia afectiva;
capacidad de
autoorientación ética acorde a las exigencias objetivas
de la realidad
asumiendo las propias responsabilidades y consecuencias. En el nivel
cenestésico encontraremos una capacidad de orgasmo, de potencia
sexual, de funcionamiento genital y de comunicación
personal normalizada, mediante estos registros; ausencia de
somatizaciones y
perturbaciones cutáneas; normalización del funcionamiento
de los diferentes
aparatos físicos (respiratorio, digestivo...);
normalización del sueño. Por
último el nivel existencial, hace referencia a la autoidentidad
y asunción de
lo propio (positivo o negativo); la seguridad en sí mismo;
capacidad de
adaptación a los cambios situacionales; elasticidad en las
relaciones sociales;
capacidad de decisión; centramiento en lo propio y respetuoso
con lo ajeno;
autoposesión o dominio interno sin rigidez, elástico y
poroso a la realidad de
modo que el proceso existencial sea constructivo y adaptado (Cencillo,
1977, Pp. 112-114).
Las fases de la terapia, también fueron sistematizadas,
dejando claro que no son compartimentos estancos, ni se suceden de la misma
manera en todos los casos y que pretenden ser la forma de estudiar, ordenar y
regular el proceso. Son:
- Inicial, exploratoria o diagnóstica.
Establecimiento de la comunicación, alianza terapéutica o relación
transferencial
- Translaborativa o co-elaborativa (mesetaria)
incursión en los mecanismos de resistencia y resolución del nudo perturbador
- Resolutiva o integradora (llegada al núcleo de la
perturbación)
- Reajuste pulsional y semántico de la intimidad y
del mundo
- Resemantizadora (deducción de una ética autógena)
(Cencillo, 1973, 1977, 1988, 2008).
En
rasgos generales Cencillo, ha conseguido
realizar, una síntesis de las distintas
vertientes de la realidad (natural-artificial, cultural-material,
personal-cósico y normacional-práctico), que
la especialización actual ha venido manteniendo separadas. Parte de
una noción de “real” en la que entra
todo aquello que es eficaz y efectivo, todo lo existente y lo posible,
todo aquello que diferencia a un objeto
de la nada en alguna de sus acepciones. Una visión múltiple, integral y
totalizadora de las dimensiones (niveles y aspectos) de la especie humana,
haciendo hincapié en la interacción asociativa entre ellas. Todo ello desde una
fundamentación antropológica.
En este
sentido la obra de Cencillo, ofrece como resultado el conocimiento de las bases
para establecer las distintas vertientes que se han de tener en cuenta para
una comprensión del fenómeno
humano en su totalidad, al triple nivel colectivo-histórico, cultural-objetivo
y vivencial-subjetivo.
Para aquellos que estén interesados en profundizar sobre la
interesante y productiva obra de
Cencillo, dedicamos esta última página a sus aportaciones bibliográficas
fundamentales en Psicología y Psicoterapia, muchas de ellas utilizadas para la
elaboración de este artículo. La referencia completa de todas sus publicaciones
la recogemos en la primera parte de la tesis doctoral (ocupa hasta 1998), a la
que hacemos alusión en las primeras líneas de este artículo y más completa y
actualizada, dado que sus últimos años de vida fueron enormemente productivos y
publicó en ellos otros 25 libros, se puede encontrar en esta web.
BIBLIOGRAFÍA
CENCILLO, L. El inconsciente (1971) Madrid. Marova
(Reeditado por segunda vez en 1994 y por tercera vez en 1997. Madrid.
Fundación)
CENCILLO, L. Conflictos de la sexualidad infantil (1972)
Madrid. CISSA.
CENCILLO, L. Terapia,
lenguaje y sueño (1973)
Madrid. Marova
CENCILLO, L. Libido, Terapia y ética (1974)
Estella (Navarra). Editorial Verbo divino
CENCILLO, L. Raíces del conflicto sexual (1975)
Madrid. Guadiana
CENCILLO,
L. Transferencia
y sistema de psicoterapia
(1977) Madrid. Pirámide
CENCILLO, L. Los sueños, factor terápico (1982) Madrid. Marova
CENCILLO, L. La práctica de la psicoterapia (1988) Madrid. Marova.
CENCILLO, L. La Psicología como posibilidad (1988a)
Salamanca. Amarú
CENCILLO, L. “Terapia
dialytica: bases antropológicas, perfil y dinámica de comunicación” (1989) en
Cifuentes (ed.) Psicoterapias dinámicas
modelos de aplicación. Salamanca. Univ. de Salamanca y Fundación Cencillo de Pineda.
CENCILLO, L. Sexo, comunicación y símbolo (1993) Barcelona. Anthropos
CENCILLO, L. Abordaje terapéutico de ancianos (1998) Madrid. Fundación
CENCILLO,
L. Labilidad psíquica y Terapia Dinámica (1998a) Madrid. Fundación
CENCILLO,
L. Lo que Freud no llegó a ver (2001) Madrid. Syntagma
CENCILLO,
L. Los sueños y sus verdades (2001)
Madrid. Syntagma
CENCILLO,
L. Cómo Platón se vuelve terapeuta (2002) Madrid. Syntagma
CENCILLO,
L. Eficacia de una terapia dinámica(2008) Madrid. Manuscritos
ENTREVISTA A LUIS CENCILLO: NECESITAMOS GENIOS
Por Javier Esteban y Rafa Millán
http://www.generacionxxi.com/entrevistas/cencillo.htm
Luis Cencillo es filósofo, psicólogo, antropólogo y filólogo pero, sobre todo, es uno de los últimos intelectuales españoles. En todos esos campos ha destacado, innovado y publicado decenas de tratados. Actualmente, tras haber pasado por distintas universidades, imparte clases y terapia en su Fundación Cencillo de Pineda. Para algunos estudiosos, Cencillo es, simplemente, uno de los mayores pensadores de los últimos tiempos, y el hecho de que se le ignore sistemáticamente en medios académicos españoles (especialmente en las Facultades de Psicología), tal vez sea la mejor prueba de su profundidad y universalidad. Con él, tenemos la oportunidad de diagnosticar los males de nuestra sociedad.
- Se habla mucho del malestar social. Al mismo tiempo, los índices de enfermedades mentales se han disparado, pero quizá haya que preguntarse si no es nuestra civilización, en conjunto, la que está enferma…
Cencillo: Sí, así es. Está enferma porque nadie tiene identidad, ni los grupos ni las personas. Todo se ha vuelto montaje o creencia: sólo queremos “creernos algo” o “encarnar un ideal”. Lo tenemos todo, pero no sabemos lo que queremos. Somos como niños que no juegan a nada porque tienen demasiados juguetes.
- Pero, en tu opinión, ¿podemos hablar de enfermedad de civilización o de una especie de plaga de individuos enfermos?
Cencillo: Lo enfermo es la civilización, pero luego cada uno participa de la enfermedad o es víctima de ella. Es una enfermedad creada y, además, contagiosa: lo que hace uno lo repiten muchos por imitación, gracias a los “mass media” que generan un embarramiento ambiental cada vez mayor. Los media producen enfermedad porque hay mucha información, pero está vacía y desajustada.
- Entonces, ¿los medios de comunicación expanden nuestro malestar?
Cencillo: La facilidad actual para
moverse y comunicarse podría ser algo sumamente útil y
positivo, pero sólo si tenemos algo que comunicarnos o algún sitio a donde ir. Ahora se habla de la sociedad de la comunicación pero estamos cada vez más incomunicados. Sólo se comunican tonterías debido a que el desarrollo humano y el de los canales de comunicación no han ido parejos.
El problema se manifiesta en que ya no preocupan en absoluto las cuestiones profundas o sustanciales. Lo que genera una gran preocupación es estar desocupado, enganchado todo el día a banalidades. En eso consiste la enfermedad. Lo curioso es que esta situación tiene por origen algo sumamente positivo, como es la libertad. El hombre aprende a controlar su vida a partir de la Ilustración (con la llegada de la libertad de opinión, sindicación laboral, fomento de la lectura...) y esa misma libertad es la que le confunde. Lo que no significa que haya vuelta atrás ni que haya que buscar soluciones fuera de la libertad.
El problema es que las instituciones que hemos conocido antes de la Ilustración eran represivas. Y así, el remedio es peor que la enfermedad. Lo verdaderamente importante es desarrollar la capacidad de conducirse a uno mismo. Yo creo tener esa capacidad y estoy encantado con el estado de cosas, me siento libre e informado. Pero la gente que tiene una estructura afectivo-mental gregaria se desorienta con tanta libertad. No saben a dónde ir o qué comunicar.
Lo “natural” es el perverso polimorfo de Freud que está sin programar. Vive como un manojo de deseos incolmables. Esto ocurre porque no hay educación, esa es la enfermedad de fondo. Que no hay programación ninguna ni en un sentido ni en otro.
- ¿Esa “falta de educación” es la que hace difícil que los jóvenes crezcamos en nuestra sociedad?
Cencillo: Claro. Pero no sólo eso, además hay horror a sentirse maduro o antiguo, horror a tener alguna convicción excesivamente personal… porque entonces parece que te separas de la moda, de la masa gregaria o de lo que “se lleva”. Entonces eres raro o antiguo, que es lo más negativo que hay.
- ¿La complicidad de los gobernantes sería el otro lado de esta extraña enfermedad que padecemos?
Cencillo: Encima, eso. Los partidos políticos imponiendo su pequeña dictadura. La democracia (al menos, la americana y la europea) no es más que un mosaico de pequeñas oligarquías. Rousseau y Montesquieu pensaban que todos debían tener representación, pero eso ya no es posible en una sociedad tan inmensa.
Además, ahora se votan listas cerradas (lo que limita tanto, que yo ya no voto). Y luego hacen con tu voto lo que les da la gana, según los compromisos del momento. El voto se convierte en un valor de cambio que no tiene ninguna eficacia para el votante. Es como un cheque en blanco, un instrumento de juego sometido a los vaivenes del mercado de intereses en que se ha convertido la política actual. Y eso, por supuesto, lleva al caos.
- Todo esto forma parte del diagnóstico de lo que nos sucede, ¿pero hay soluciones?
Cencillo: La curación es la terapia.
- ¿Una terapia colectiva?
Cencillo: La situación actual de las sociedades exige una respuesta universal macro-occidental, casi cósmica. Necesitamos una serie de genios que se ganen el crédito de las masas y empiecen, como en el Renacimiento, a establecer nuevas referencias.
- ¿Es eso el gobierno de los sabios?
Cencillo: No, no puede ser un movimiento organizado, sino algo generado como en la “teoría del caos”, porque esos genios no se pueden producir pedagógicamente. Tienen que surgir como en el Renacimiento: en todas partes y sin ponerse de acuerdo, pero coincidiendo en una misma visión del mundo. Lo malo es que en el Renacimiento había mucha más libertad que ahora. En eso hemos perdido: hoy los pensadores y los artistas están canalizados mediatizadamente por los galeristas y los editores y si no sigues sus intereses, pues ya te has caído. Es como si hubiera muchos Francos o Hitlers por ahí, en cada área del saber o del crear, controlándolo todo. Y eso genera el riesgo de ahogar esos genios que en siglo XV brotaron como producto del pueblo. Ahora, sin embargo, tienen que estar promovidos por una Operación Triunfo, donde la selección natural de Darwin opera invertida, ya que se elige siempre al más débil o al menos peligroso, es decir, al que resulta comprensible para el director o para el mecenas. Se promueve a quien se comprende desde arriba y no hace sombra.
Además, resulta que los que dirigen suelen ser gente intelectualmente muy vulgar. Si no, no habrían aplicado los medios, más bien espurios, para llegar al “triunfo”.
- ¿Los intelectuales o maestros han dejado de tener una voz propia en nuestras sociedades?
Cencillo: Depende del lugar. En el caso de Alemania yo creo que el poco o mucho de influencia judía que había (los judíos son más creativos que los alemanes), eran un condimento. Y al perderse ese condimento se ha quedado lo germánico puro que es muy “plump” (como se dice en Alemania) o como un pisapapeles, que diría Nietzsche.
En España es diferente. Aquí ocurre, sencillamente, que no se ha estudiado. Primero, con el antifranquismo, se tenía un “soborno de la conciencia”, que diría Freud, para hacer huelgas y no
estudiar. Sólo se leía sobre marxismo. Nadie estudiaba a
los clásicos. Saber griego, latín y sánscrito
era un auténtico demérito. Conocer letras clásicas
era como ser antiguo y reaccionario. Lo que había era mucha matemática y neurologismo. En España, por ejemplo, ni siquiera se estudiaba a Freud (que era lo último en Europa) porque el que representaba a la izquierda era García Hoz que era conductual. En esas condiciones…
- Para entendernos, ¿qué es ser sabio o intelectual?
Cencillo: Hoy en día mucha gente cree que los intelectuales son los actores de cine [risas]. Yo diría que los intelectuales son las personas que tienen ideas claras y un sistema organizado de su mundo (hegeliano, kantiano, tomista…), además de la perspicacia suficiente para relacionar causal y lógicamente unas cosas con otras. El sabio sería lo mismo pero “sápidamente”, saboreando con cierto regusto casi estético el ser mismo de las cosas.
- ¿Crees que los nuevos descubrimientos de la ciencia y la técnica nos pueden acercar a un nuevo humanismo?
Cencillo: En los nuevos descubrimientos priman la tecnología y las explicaciones espaciales. Humanismo hay poco. Quizá pueda surgir algo a partir de la ruptura del paradigma físico legalista, lineal y abstracto,
a través de la visión fractal de Mandelbrot, los
atractores de Lorenz, la nueva física, y por ahí. Lo cierto es que al romperse el viejo paradigma se genera un espacio más flexible en el que caben otros contenidos. Hoy día, hasta los filósofos son demasiado cientifistas. Es una cierta derecha la que se ha apropiado de la línea más humanista (Sartre, Heiddeger, etc.) mientras cierta izquierda sigue todavía en un cientifismo estéril. Falta la fecundidad de un centro que sepa superar, como vértice, estas dos visiones parciales.
- Para mejorar la sociedad, ¿podemos hacer algo?
Cencillo: Sólo podemos dejarlo al azar, esperar que aparezcan sujetos que hayan conservado su integridad y su amplitud mental en medio de este corsé matemático de leyes lógicas y principios conductuales. Genios que empiecen a inaugurar en grupo una nueva visión del hombre y de la vida. En política, por ejemplo, llevamos más de un siglo sin avanzar. Seguimos con el Manifiesto Comunista y no hemos hecho nada más que degenerar.
El marxismo se volvió dictadura y el liberalismo, neoliberalismo mercantil. El anarquismo se transformó en postmodernidad caótica, pero en un caos no creativo y poco interesante. Porque, claro, el anarquismo clásico de Bakunin está muy bien por la supresión de las estructuras intermedias buscando que lo vital tome la delantera. A mí me parece el mejor ideal. Pero es inaplicable porque los más pillos machacan siempre a los más creativos.
- ¿Qué crees que puede ocurrir sin ese grupo de sabios o esa mutación social? ¿Hacia dónde se dirige nuestra sociedad?.
Cencillo: Podríamos buscar antecedentes en los siglos VI, VII, VIII y IX en los que no pasó nada. Pero no deberíamos hablar sólo de Occidente hay que contar con las poblaciones de África, China y los países árabes, que no paran de crecer, mientras los occidentales van reduciendo su número. Las poblaciones de Occidente serán sustituidas por otras venidas de fuera. Habrá nuevos pensadores africanos o sudamericanos que no son de tradición lógica griega y que tendrán cierto condimento
mágico y arcaico, aunque con la tecnología occidental.
Serán un par de siglos de superstición. Éste será el primer rinoceronte. Luego todo van a ser rinocerontes, al menos hasta la aparición de un nuevo grupo de genios completamente diferentes a los que estamos acostumbrados. Volveremos a algo como los presocráticos o los sacerdotes egipcios.
SUEÑOS ERÓTICOS ¿LO SON O SOLO LO PARECEN?
Luis Cencillo
Soñar al dormir es una propiedad de los mamíferos superiores que tiene funciones higiénicas, y no solo de este tipo. Lo sorprendente es el destino histórico de los sueños que ha oscilado entre la magia, el espiritismo, la frivolidad y el desprecio (los sueños serían desechos de la vigilia, como la “basura psicológica” de las impresiones perceptuales y emocionales). O, tomados más en serio todavía, se les ha atribuido un “enmascaramiento de lo inconfesable”: pero
existen los sueños eróticos, y aquí esta
presunción falla. Se producen sueños muy lúbricos precisamente en sujetos excesivamente abstinentes o “reprimidos”.
En este caso los sueños serían lo opuesto al “enmascaramiento”, que dice Freud, serían manifestación de lo reprimido y no precisamente de forma neurótica, sino más bien “cumplimiento de deseos”.
¿Puede ser todo esto todavía admisible? Parece que en materia de sueños queda todo por hacer. Intentemos dar un par de pasos más allá de Freud… (el primero lo dio Boss, en su analítica existencial).
1. QUÉ SEAN LOS SUEÑOS
Los sueños en general no son un mero resto de vivencias de la vigilia. Son otra forma de vivir la propia realidad con una visión de los propios asuntos, estados y cualidades positivas y negativas, o de las intenciones del entorno social, que las estimulaciones sensoriales y conscientes de la vigilia no dejan percibir.
Lo menos que se puede decir de los sueños es que contienen, o son, información espontánea de contenidos profundos, que el organismo psicofísico humano (la vida inconsciente: VICS, o en
el psicoanálisis francés “el Imaginario”, que
yo entiendo como el “puente icónico” entre lo inconsciente y lo consciente. Cuidamos mucho dar al “Inconsciente” clásico el
nombre de vida inconsciente, para obviar la impresión rechazada
por los positivistas y conductuales, y también de nuestra parte,
de que se supone una especie de hypóstasis, de entidad
personalizada mítica que en el núcleo psíquico de
los sujetos opera sin control. Es innegable, en cambio, que hay una vida en nosotros que no se controla conscientemente, si no, no habrá fallo alguno en los procederes, ni divorcios, ni resentimientos, ni equivocaciones políticas, ni poetas...) produce cuando se halla especialmente necesitado y lo hace metafóricamente. Y téngase en cuenta que la VICS, “el inconsciente” según Freud, consta de cuatro estratos por lo menos (que Freud por supuesto no vio. A esta cuestión le henmos dedicado un libro: Lo que Freud no llegó a ver , Madrid, Syntagma).
No tienen nada de esotérico, de paranormal ni de patológico, aunque a través de ellos se puede seguir el rastro de las patologías y son un eficaz medio auxiliar –como para los diagnósticos
médicos lo son las ecografías, radiografías y
análisis de secreciones– en una terapia dinámica (Aunque no conviene comenzar diagnosticando, como induce a hacer el DSM IV, pues la información psíquica es
indefinida y mutante, así que información ulterior puede
obligarnos a rectificar “diagnósticos” casi siempre precipitados).
Mas la importancia astral que se les concedió en la antigüedad –el extraño fenómeno de
soñar fue universalmente atribuido a contacto del
“alma” del soñante con esferas y espíritus de
la realidad “supralunar”– ha provocado el recelo actual hacia ellos, y el modo unilateral de analizar sus mensajes, heredado de Freud y de otros autores de él dependientes ha contribuido a desprestigiarlos.
El estado de energías, impulsos y huellas infantiles traumáticas o represivas en nuestro fondo emocional e instintivo, no directamente controlable por la consciencia –y estructuras de situación y relaciones por las que el sujeto es concernido pero que no advierte– tienden a definirse y a darse a conocer en esa segunda esfera o “escena” de la vida psíquica (que es la onírica), cuando cesa el control de la vigilancia consciente y el bombardeo de las estimulaciones externas deja de interferir.
Todo lo psíquico tiende a tomar expresión y lo inconsciente también, pero lo hace a su manera. Por ello los sueños ejercen diferentes funciones, no solo la de cumplimiento de deseos reprimidos como pensara Freud:
- expresión de intenciones ocultas y de pulsiones,
- información acerca del estado energético y del estar en situación real del soñante,
- repercusión íntima y conscientemente ignorada de hechos, relaciones y dichos experimentados en la vigilia,
- conocimientos varios referentes a personas relacionadas con el soñante y a su propia identidad,
- premoniciones.
Aunque el soñante por sí mismo no pueda interpretar sus sueños, el hecho de presentarse metafóricamente su conflicto ante su imaginación consciente, ya tiene cierto valor catártico. El caso es que sabemos mucho más de lo que conscientemente conocemos, incluso de procesos en marcha, en nuestro entorno, que irán a desembocar en una crisis o en un accidente, mentalmente ignorados por completo, pero que en sueños se manifiestan y hacen el efecto de un aviso (“premonición”) aunque en realidad queden en una pura percepción objetiva de lo que se está gestando o sucediendo. Pero cuya totalidad (Gestalt, Caos) está virtualmente presente ante el inconsciente radical (como un holograma todavía irreal, en cuanto constelación completa de acontecimientos, en parte futuros, uno de cuyos extremos ya percibe la VICS).
Ésta parte del inconsciente creo que se halla en considerable proporción fuera del tiempo lineal y puede contactar con momentos todavía no presentes y con acontecimientos no sucedidos (← “curvatura del espacio-tiempo”!).
Y se puede soñar con problemas y emociones ajenas, lo cual es adquirir información muy válida, especialmente cuando se refiera a sintonías del erotismo. Hay excepcionalmente parejas que alguna vez han soñado en la misma noche lo mismo…(Para más información se
puede consultar: Los sueños, factor terápico,Marova,
1982 y Los sueños y sus verdades, Syntagma, 2002, Manuscritos, 2007)
2. CÓMO SE ORGANIZAN LOS SUEÑOS
La vida inconsciente (VICS) dispone (como un dotado poeta) de todos los recursos de lmetaforización.
Es más, un poeta profesional es tanto más hábil e
“inspirado” cuanto más deja hablar a su VICS en su arte expresivo intencionado y consciente.
Poetizar es saber decir lo inefable (lo que no se sabe decir en lenguaje coloquial ni se puede decir en términos eruditos) con expresiones fuertemente significativas. Y esto son los sueños.
No hay sueño sin metáfora. Soñar es expresar para sí mismo cosas importantes en metáforas. Y metáforas exactísimas, que recogen los últimos y más pequeños matices mediante alguna variante icónica.
Así las figuraciones se fusionan, se dividen, se combinan con otras de otra época o de otro ámbito, se deforman, se perfeccionan o embellecen respecto de la realidad recordable, por ejemplo: un personaje muy atildado de ordinario, aparece descuidadamente vestido, sin afeitar, o con traje y alpargatas, otro muy descuidado en la realidad, o un harapiento clásico, aparece muy atildado, o con algún detalle llamativo (una sortija con una piedra preciosa) que no pega con el resto de su atuendo).
O un taxista andaluz amigo y muy popular y dicharachero en su conversación, en su aspecto y modales aparece con la cara de un aristócrata canario, también amigo, pero taciturno y reservado. Esta combinación ni es casual ni arbitraria, sino muy precisa en su expresión de una paradoja del soñante en otro orden de cosas…
Alguien, al irse a mudar de su casa actual, abre una puerta y descubre otro tanto de vivienda amueblada y todavía sin estrenar, pero con los muebles ya gastados por el paso del tiempo aunque intactos y sin estrenar. (Esto claramente significan
posibilidades no aprovechadas en la juventud, que están sin
embargo ahí y se redescubren
ahora –al ir a cambiar de posición social por
ejemplo– pero que han de ser reinstauradas, dialécticamente: aufgehonben, para hacerlas actualmente valer y funcionar eficazmente). Esa doble morada, produce en el mismo sueño la sensación de sorpresiva, al ignorarla por completo (Un sueño parecido, que se
planteó en una mesa redonda, un freudiano lo interpretó
como la posibilidad e invitación a tener una evasión sexual, el soñante estaba casado hacía poco tiempo. Y hasta le sugirió hacerlo).
Una mujer víctima de su grupo familiar, sueña que un grupo de seis hombres bastos y maduros están causando violencia a una persona indefinida, que comienza a dar a luz; entonces uno de los seis sádicos se independiza abandonando el grupo y al hacerlo se convierte en la soñante. Lo cual indica que ella misma venía cooperando con sus componentes autodestructivos y/o con sus agresores, hasta que empieza a darse a luz a ella misma, ya adultecida (tras la muerte de su padre, la única persona no agresiva con ella de su entorno) y acaba lúcidamente de ver el juego al que estaba sometida.
El proceso de gestación de los sueños es análogo al de la obra de arte o poema: una serie de estados subjetivos intensificados presionan por expansionarse, un magma emocional-fantaseador busca canalizarse expresivamente de forma a la vez manifiesta, críptica, y bellamente expresiva (o impresionante). Y tiene lugar un proceso de filtraje por distintas instancias y retículas de simbolismo y verbalización inconsciente. Hasta que cristaliza una escena o una secuencia, o un mensaje icónicamente expresado, almacenable en el recuerdo.
Se sirven del Imaginario como puente consciente-inconsciente, que filtra ese magma emocional y pulsional, sucesivamente articulándolo, semizándolo, semiotizándolo con la aportación de la memoria inconsciente y del estrato semiológico del la VICS.
Por eso a veces no se recuerdan los sueños, porque se resisten a ser filtrados para articularse de forma hermenéuticamente inteligible, en tres instancias por lo menos, hasta llegar a hacerse conscientemente expresivos, siquiera sea de modo metafóricamente potencial. O cuando a lo largo de una terapia va cambiando la problemática, el Imaginario se encuentra desentrenado para articular pulsiones, sentimientos nuevos e información subliminal (nunca sensorial ni anteriormente percibida).
La memoria inconsciente y el estrato sémico de la VICS aportan los elementos expresivos (como la paleta ofrece al pintor su repertorio de colores que él ha de seleccionar y mezclar). Por eso el que en el sueño aparezcan personas, incidentes, cosas y situaciones vividas en la vigilia no da la clave del significado de ningún sueño.
Equivaldría a identificar el tema de una obra de arte, o explicar el asunto narrado en ella, por los colores, los golpes de cincel o la naturaleza del soporte utilizado. No es así como sucede, sino que con tales materiales, un autor ha tratado intencionadamente de dar expresión a ideas y sentimientos o a reproducir escenas vividas o fantaseadas; no es el material lo que toma expresión como mensaje, sino el medio de dar expresión al mensaje, acerca de otras cosas y de otro orden.
Y gracias a este “bricolaje” de recuerdos, fantasías y arquetipos de heterogénea procedencia (extraídos del depósito de las huellas del pasado y de las impresiones “olvidadas”) los sueños articulan una gramática con una sintaxis precisa donde hasta las partículas, los casos y los modos verbales suelen aparecer icónicamente expresos.
Por razón de tal libertad selectiva (no arbitrariedad, como dijo De Saussure, del signo) temas, objetos y recuerdos eróticos pueden significar y servir para organizar sueños de significado no erótico, mientras que éste puede hallarse crípticamete expreso bajo apariencias o en claves no eróticas. (No se vaya a caer en la arbitrariedad hermenéutica de Freud, según el cual en la inmensa mayoría de los sueños no eróticos en su apariencia, los mensajes son sexuales, y en los de apariencia erótica también).
¿Por qué ésta paradoja, o trato de favor a lo sexual para ser expresado sin metáfora, cuando según el mismo Freud es el “pudor” lo que reprime su libre expresión ?
Son dos, los errores (o excesos apreciativos) iniciales de Freud, a causa del carácter de sus primeros descubrimientos psicoanalíticos con “histéricas”, a saber:
a) El contenido expresivo de los factores causantes de las irregularidades del carácter
(“neurosis”, “histeria”) se refiere siempre a
la “vuelta de lo reprimido” –traumático o
no–, y esto es siempre de naturaleza sexual y obscena (por eso ha sido “reprimido”); y
b) su manifestación, incluso la onírica, se halla en parte sometida a un “pudor” expresivo que induce el camuflaje verbal y temático de contenidos en sí mucho mas crudos.
Se me permitirá disentir de Freud en todo ello: ni siempre las perturbaciones psíquicas obedecen a la “vuelta de lo reprimido”, ni esto ha de ser de naturaleza sexual, ni la gestación de
los sueños tiene por qué hallarse condicionada por
“pudor” expresivo alguno, pues es todavía una manifestación todavía pre-cultural o pre-etológica, y por lo tanto inaccesible a sentimientos morales de una época determinada (el puritanismo burgués del XIX vienés).
Antes bien, tratándose de sueños eróticos se podría pensar que lo supuestamente crudo de la genitalidad se embellece con el erotismo para poder pasar la “censura superyoica” (en lenguaje freudiano). Y no es así: hay sueños de figuración sexual muy cruda que pueden no tener tal significado profundo –un paciente mío, muy moralizante en materia sexual, cada vez que discute con su hermano, agresivo y narcisista, las pocas veces que se hablan, sueña indefectiblemente que éste le hace una felación–.
O sea que el código genital y más el erótico es uno de tantos que la actividad onírica elige para expresar cualquier temática existencial; y estos temas pueden ser:
- lo existencial
- lo afectivamente carencial
- las identificaciones equivocadas con alguna de las figuras parentales o cuasi parentales
- las estructuras de grupo familiar y de situación individual condicionada por presiones de éste
- más las pautas de comunicación repetitivas y mal establecidas
- y las dificultades para llegar a una identidad definida
Algunos de estos tipos de factores son causa de las irregularidades del carácter, donde la sexualidad puede hallarse concernida, pero no solo ella, ni por una clásica “represión”, como suponía Freud hace ya más de un siglo.
3. SUEÑOS ERÓTICOS
Hay que definir los términos para entendernos ya en nuestro específico campo de lo erótico.
El griego helenístico distingue cuatro términos referidos al afecto amoroso: hymerós, éros, philía, agápe. Que significan respectivamente deseo pasional, erotismo, amistad (puede incluir cierto homoerotismo) y vínculo afectivo personal no necesariamente erotizado. Estéticamente, lo
“erótico” sería un aspecto cultivado y bello
de la relación amorosa y sexual; el ars amandi como distinto de la satisfacción pasional del deseo o hymerós.
Ya en el campo de los sueños, pueden darse sueños estéticamente eróticos, pero no son casos frecuentes. Habría que entender sueños en los que se trata de actividad sexual o de relación amorosa, siempre que no se reduzcan a episodios puramente fisiológicos.
Esto supuesto, digamos que entendemos por “sueños eróticos” las combinaciones de escenas con aquellos oniremas (En la terminología
psicológica se entiende por onirema una unidad de significado, ikono, habitual en los sueños, es
decir codificada para expresar, según los soñantes y sus
situaciones, un abanico limitado –mas no monosémico–
de significados
específicos. Son imágenes típicas, con variantes,
que suelen frecuentarse clásicamente en la mayoría de
los casos: caída de dientes, caída en el vacío,
persecución por toros, insectos molestos o agresivos, ofidios de diferentes tamaños, estanques, mar, fuentes, selva, fuego, casa espaciosa con muchas habitaciones, puerta cerrada que
al abrirse descubre el mar u otra mansión ignorada, individuos
malcarados, personas que son resultado de la fusión de
varias, el “acompañante” , anónimo o
identificable, un grupo de sabios, una mujer mágica, un
niño luminoso y sabio etc... En cambio, no son oniremas típicos el grupo de agresores maduros y bastos, ir al mercado, o una parienta, hermana o cuñada, que mira con recelo…) específicos que significan amor, deseo, afecto, feminidad, masculinidad y sexo, aunque cualquier imagen puede aparecer erotizada en un determinado sueño (un animal, un anciano(a), un cadáver, una cosa), sin que por ello haya de concluirse la zoofilia, gerontofilia o fetichismo del soñante.
Los oniremas eróticos más frecuentes son:
• Cuerpo total erotizante (o su contrario): desnudo, incitantemente vestido, desfigurado, repelente, atractivo, con irregularidades, irradiando belleza, identificable, no identificable.
• Partes del cuerpo (el significado de su deseabilidad o resistencia a ello se intensifica y ciertos matices conflictivos también):
- Vagina dentata (devoradora, o una sima peligrosa de caída e inmersión asfixiante,
fr.: gouffre), cosida, cerrada con una cremallera, demasiado ancha, (→devoradora).
- Falo, sobredimensionalizado, agresivo, desgarrador, mágico, sacralizado, eyaculante.
- Pene con diversas propiedades por lo general negativas.
- Pechos y labios rozagantes o enfermos.
• Fusión de identidades de rostro, cuerpo y genitales.
• Interrupción de la escena (amorosa o coital) por una persona mayor y de respeto (parental o no), por lo general de aspecto siniestro.
• Obstáculos recurrentes para el logro del encuentro.
• Ritual iniciático.
• Obligación/tarea penosa.
• Unión incestuosa.
• Unión homosexual (en quienes no la desearían).
• Indescriptible placer o dulzura envolvente e idealizada, sin iconización precisa.
Es curioso que en los sueños eróticos solo las escenas o figuras desagradables o frustrantes adquieren una concreción mayor que las escenas gratificantes en las que es la sensación y el afecto lo que pasa a primer plano y dejan lo icónico en penumbra o en un segundo plano.
Se puede trazar una tipología de los sueños eróticos, a saber:
- Lo cotidiano en la vida amorosa del soñante (en sujetos muy fijados a una pareja) sin fantasía metaforizadora.
- “Cumplimiento de deseos” (Wunscherfüllung), simple desahogo.
- Sublimación estética o espiritual.
- Sueños cifrados, sin apariencia erótica, que al analizarlos han de asociarse con contenidos eróticos, sexuales o póticos (Referentes al deseo, de
póthos, gr. “deseo”, término más
general que hymerós, restringido al significado sexual).
- Identificativos (con una especial intensidad) del género del soñante, de su potencia, de su masculinidad/feminidad, su decadencia/frigidez, el rechazo o la aceptación de sí, de su género (superación del rechazo a su género), o de la pareja.
- Sadomasoquistas.
- Numinosos, sexualidad sublimada, sacralizada, iniciáticamente mitificada (el significado podría no ser erótico, sino de mayor calado).
- Premonitorios (por ejemplo de personas concretas que se van a conocer y a amar alguna vez, en una ocasión ya próxima, o del deterioro o logro y salvación de la pareja).
- Decadencia sexual (impotencia, frigidez, dispareunia, miedo a la castración) que por lo general aparece expresada en forma de caída de dientes o de cabello…
Como ya sabemos dispone la capacidad onírica (también por supuesto en los sueños eróticos) de todos los recursos de la metaforización y contrastes de estilos, así que los temas eróticos pueden expresarse con acentos expresivos muy varios y cambiantes y producirse así sueños:
- Idílicos (sublimativos).
- Obscenos/idealizadores.
- Conflictivos (especialmente detectores de una cierta conflictividad del soñante con su sexualidad o identidad sexual).
- Detectivos (del tipo de relación que se mantiene, o de las intenciones de la pareja).
- Superadores (de dificultades o de carencias vividas en la vigilia, o resistencias a aceptarlas; pero sobre todo, de obsesiones y fijaciones eróticas en objetos del deseo inasequibles).
En los sueños de homosexuales, aparte de la erótica habitual –solo que con parejas del mismo género–, presentan un complemento de rasgos peculiares:
- Incremento de deseos incumplidos como tema onírico (dado que en muchos casos desean los soñantes a individuos heterosexuales que no les corresponden (y lo hacen con un cierto matiz obsesivo).
- Incremento de variantes de relación.
- Cambio de roles.
- Cambio de posiciones de poder.
- Plácidas escenas de familia (con el sujeto deseado, sea asequible o no).
- Persecuciones ansiógenas.
- Mayor fusión de rasgos de diferentes sujetos en un personaje.
- Dismorfias varias (alusiva al género: masculinidad/feminidad, más/menos acusadas/descalificadas)
- Genitales sin cuerpo, de simbolismo cromático o volumínico especialmente acusado e incluso mágico.
- Símbolos y situaciones de censura (en los egodistónicos).
[Lo mismo se podría decir de los sueños de ciertas profesiones, edades, identidades y condiciones sociales, pero como no son eróticos no hace al caso tratar de sus peculiaridades. Sí hay que advertir que estas variables personales de situación, profesión, edad y trato por parte del grupo o del ambiente siempre tienen algún reflejo en los oniremas en el modo de combinarlos o de soñar, lo cual ha de tenerse en cuenta al interpretar].
APÉNDICE: INTEPRETACIÓN DE LOS SUEÑOS
Lo rudimentario del método de interpretación, vigente en el siglo XX, ha hecho que prácticamente no se utilicen y es desgraciadamente mucha (y honda) la información que así se pierde.
Lo peor que se puede hacer al analizar un sueño es suponer que ya se sabe lo que tiene que trasmitir. Y esto es lo que ha venido haciendo todo el siglo XX psicoanalítico.
Freud cometió el fallo de imaginar que los sueños solían “enmascarar” lo inconfesable para aquella sociedad. Así que sueños en apariencia inocuos tenían por fuerza que ocultar contenidos incestuosos, sexuales y en los casos más presentables, eróticos, al menos (ya se sabe que el término
“erótico” designa lo sexual, amoroso o no,
más bien sí, culturalmente colonizado incluso
poéticamente o estéticamente embellecido. Naturalmente,
dado lo espontáneo y hasta crudo de los sueños este modo delicado y estético de darse los contenidos es poco frecuente y supone unas cualidades caracteriales cualificadas en el
soñante. La formación cultural, cuando es profunda y bien
asimilada, suele influir algunas veces en el montaje de los
sueños o modos de soñar, aunque no siempre, pues los
sueños son lo más espontáneo y primario que
psíquicamente producimos)
Los sueños explícitamente eróticos, en cambio, no
enmascararían nada, sino que expresarían mensajes de carácter sexual o parafílico “con toda franqueza”. No estamos de acuerdo con nada de esto; ni en que los sueños “enmascaren” nada, sino que se expresan como pueden, en metáfora, ya que son prerracionales. Eso sí, metáforas siempre acertadas –y precisas en sus detalles apara matizar sus significados más mínimos–.
De todo ello se deducen dos pautas actitudinales al disponerse a interpretar sueños:
A. Dejar decir al sueño lo que dice y solo eso (es decir hacer verdadera exégesis y no tendenciosa eiségesis).
B. Acercarse al sueño sin memoria ni deseo.
Y otras cuatro pautas para interpretar:
1. Las figuras que aparecen (humanas, aunque sean identificables con amigos o familiares del soñante, y zoológicas) suelen ser, en principio, rasgos caracteriales o componentes propios del mismo.
2. En otro caso pueden ser producto de una asociación remota que apunte a cualidades o aspiraciones tempranas.
3. El material diurno que ha servido para montar el sueño suele presentar al menos alguna disonancia con su correspondiente referente real, la cual puede dar la clave de su significado, o campo semántico al menos (si por ejemplo es el erótico, el pragmático, el ético o el afectivo-familiar)
4. Los gestos y actuaciones en el sueño hay que traducirlos del modo más sencillo, no hay que sutilizar demasiado, para no desviarse del verdadero nivel de significación.
Los sueños hay que sentirlos (al interpretarlos) como un paleógrafo y un filólogo que se dispone a descifrar un documento antiguo en una lengua muerta, con un alfabeto, un vocabulario y una sintaxis no familiares, o como piezas literarias en clave y fragmentadas que poseen o
poseyeron una estructura gramatical, lógica y literaria, un estilo y unos mensajes, que pueden ser polisémicos. Pueden trasmitir varios mensajes a la vez, fusionados o superpuestos.
Puede llegarse a una verdadera certeza –aunque no siempre– aplicando un microanálisis mediante ocho técnicas (entre ellas, las que hagan falta en cada caso para asegurarse); técnicas que, como Descartes recomienda en su Reglas para el empleo del ingenio (Regulae ad directorium ingenii) han de proceder –en cuestiones difíciles y confusas– de lo más claro a lo más oscuro.
Y en este caso lo más claro e indiscutible son los temas, el tema, que cada sueño presenta, siquiera sea para camuflar el mensaje real y profundo del compuesto onírico. Así podemos hablar de una primera técnica temática.
No me refiero al tema del mensaje, sino al tipo de representaciones que se ofrecen a la vista al soñar; todo soñante puede decir: he soñado con un batalla, un convite, una boda, un entierro, una escena erótica, otra violenta, un robo, la expectativa de un acontecimiento, un regalo, un viaje, un bosque, una cueva, una casa extraña, familiar, grande, pequeña, o en ruinas, etc…; o con varios temas combinados: “una-batalla-en-torno-a-una-casa-grande-y-extraña-junto-a-un-bosque…”.
Todavía no se puede deducir ningún significado, pero se prepara el terreno para ulteriores análisis, cuando en una serie de sueños durante una temporada se van repitiendo ciertos temas (persecución, exploración de una casa extraña, violación, demanda de cariño no satisfecha, desfiles, encuentro de tesoros, personajes de la política, etc…).
A continuación hay tres obvias cuestiones que hacer, que ya pueden arrojar mayor contenido y significado, a saber:
Qué se asocia, qué pueden significar figuras, escenas y escenarios del pasado almacenadas en el recuerdo (cuando aparecen en la figuración onírica).
A estas tres exploraciones podemos llamarlas técnicas asociativa, mnémica y emocional. Tiene importancia hermenéutica y puede dar claves importantes la relación que los temas y las figuras y modos de relacionarse en las escenas del sueño tienen los elementos de esta figuración.
Las evocaciones que estas tres cuestiones aporten pueden ser punto de partida de otras tantas líneas mayéuticas, que conduzcan, mediante preguntas no sugerentes de la respuesta, a otros temas e insights que afecten más de cerca al nudo de la perturbación de personalidad, depresión, ansiedad o anomalías de la conducta, que es lo que en una terapia o en un simple análisis de sueños importa.
Por ejemplo:
Soñante: Veía a Fulano pasear satisfecho
Terapeuta: ¿Quién es Fulano?
S. _ Un compañero de la escuela primaria
T. _ ¿Por qué te parece que interviene ahora en tu sueño?
S. _ No lo sé
T. _ Por algo será:
¿Qué veías tú en él?
¿Qué cualidades, qué trato social? ¿Qué tipo de familia o de pareja parental tenía? ¿Le admirabas, le envidiabas, te identificabas con él, te daba lástima? etc…
Y según como responda el soñante se le pueden seguir preguntando motivos y otras asociaciones, como: ¿Por qué te parece que sientes ambivalencia ante esa figura o situación? etc, etc…
Con los sentimientos, afectos a personas, encariñamientos, apegos y emociones se puede hacer lo mismo
No pocas veces tener que referirse a ellos puede provocar llanto, escalofríos, temblores, náuseas, o crisis de angustia; cuando a propósito de un tema erótico se produce esto indica inequívocamente conflicto afectivo o sexual, lo cual persuade insistir y profundizar en ello. Enotro caso y sin que el tema sea tan directo, pueden tales emergencias encubrir miedos sexuales o sensaciones de insuficiencia erótica.
Una vez explorado el campo psíquico y simbólico-afectivo del soñante en esta dirección pueden emplearse otras dos formas de análisis, más importantes y de mayor significación que las anteriores, más básicas sin embargo: estructural y existencial.
Técnica estructural (la empleada en el análisis de obras estéticas, plásticas o literarias, muy elaborada por Lévi -Strauss): reparar en la disposición de las figuras, sus cualidades y tonos, colores, tamaños, posturas, posiciones, términos y espacios. Lo más significativo es que esta estructuración peculiar se repite en todos o en la mayoría de los sueños de la misma persona durante una larga temporada. Naturalmente esto es significativo: si con temas muy diferentes la combinación de los objetos, personas, animales, espacio y claroscuro permanece constante de un sueño a otro.
Por ejemplo, a lo largo de una serie de sueños siempre aparece un objeto (un arma, una obra de arte, o un electrodoméstico, un jarrón de cerámica, o un mueble), o un vegetal (una planta de interior, un ramo de flores, un árbol añoso…), o un animal (doméstico, humanoide, salvaje, manso, feroz, o mítico, familiar o extraño, grande o pequeño,) o una persona (caben todas las posibilidades: concreta o vaga, familiar o desconocida, hostil o amigable, siniestra o espiritual, vieja o joven, fea o hermosa, sana o enferma, desfigurada o compuesta de rasgos de varias personas…) alternando con otro objeto, vegetal, animal o persona de calidades opuestas o análogas –pero de alguna manera contrastantes– y en espacios diferenciados, o reiteradamente presentes en todas las escenas.
Tal constancia repetitiva de contrastes cualitativos y de posiciones, unida a otros contrastes cromáticos o dimensionales, a aparecer serializada forma una estructura fija que ya ha de significar algo muy determinado, pues carecería de razón suficiente cualquiera combinatoria fija y repetitiva a través de sueños de temas tan diferentes.
Con la repetición de estructuras se toca fondo, se palpa algo sólido que puede y suele dar conclusiones convincentes, pues cabe preguntar al soñante: ¿qué hay en tu situación, entorno, circunstancia o existencia que presente tales contrates(a veces muy paradójicos): un ser viejo pero sano y bello, en contraste con otro ser (objeto, animal o persona) joven, pero de mal aspecto, siniestro, o deteriorado, o enfermo, y de modo que éste se halle por encima del mayor y de mejores cualidades, o más en primer plano y a la luz, mientras el bien dotado se halla en posición inferior, o detrás y en penumbra, uno se mueve más vivamente, y el otro no, o el que se mueve con mayor torpeza es el más joven, etc, etc…
No es posible que el soñante no encuentre analogías, contrastes y paradojas análogos a algunos de su vida real. Y si esto se confirmase ya se tendrían unas importantes y complejas claves para irlas aplicando a otros sueños, con las debidas precauciones.
La técnica situacional y existencial son parecidas a ésta pero más sencillas: consisten en establecer intuitivamente analogías entre lo que sucede en el sueño y la situación o los ritmos y modos de constituirse la praxis y existencia del soñante. No pocas veces hay repercusiones psicosomáticas o se perciben vivas semejanzas que despiertan sentimientos de acierto, desazonantes o de temor (temor por lo general a conocer lo más oculto de uno mismo: por ejemplo situaciones de engaño).
Finalmente se puede emplear el análisis de símbolos que es el menos seguro, pues la asociación del signo y su significado –aquí y ahora– y el salto a otro plano ontológico pueden resultar algo arbitrario.
Hay símbolos universales, oniremas muy frecuentados, que se pueden considerar auténticos “símbolos” (cuasi numinosos), pero hay otros signos y figuras que sólo lo son para un soñante determinado. Esto se llega a saber por la repetición en especiales contextos de una figuración con un significado muy determinado y no muy real o cotidiano. Pero los símbolos universales son limitados y no prosaicos, con un abanico de significados limitado:
• Agua: puede significar libido, afectividad descontrolada, pulsión erótica, o simplemente vida inconsciente; y según esté tranquila o agitada, sucia, turbia o clara, canalizada o libre, adquirirá matices peculiares en cada soñante).
• Fuego: amenaza, incremento de las pulsiones, pasión, agresividad, creatividad, destrucción, catarsis.
• Ofidios: impulso primario, vitalidad, falo, sensualidad.
• Tesoro, joya, objeto precioso: la identidad propia ya lograda, lo mejor de uno mismo, su espiritualidad madura, el amor genuino y logrado (a veces se halla dentro de un cofre o maleta que impiden abrir al soñante, en este caso puede tratarse de posibilidades valiosas que de momento no le es permitido realizar, si él no se esfuerza contracorriente).
• Cueva: el receso de la VICS, el seno materno, el ámbito del misterio de la transformación personal, la vuelta a los orígenes…
• Hoya o abismo: posibilidades amorfas de ahondamiento en sí, que llegan a asustar, lo femenino como riesgo.
• Viaje: Proceso de avance o de huida, desarraigo, búsqueda, cambios.
• Casas: depende de que sean grandes (luminosas, sombrías, destartaladas, lujosas, confortables, siniestras), pequeñas (pobres, agobiantes o acogedoras), en ruinas, nuevas, familiares, extrañas, artísticas o históricas. Según los contextos y los recueros pueden tener significa diversos y opuestos.
• Persecución: VICS o componentes de ésta que no se aceptan, o “alianza”
inconsciente con los adversarios diurnos (mobing), por eso la persecución no cesa.
• Pérdida del soñante en calles y ciudades desconocidas :carencia de identidad bien asumida, o de orientación, desarraigo.
Cuando nada pueda descifrarse, la traducción de imágenes a palabras las más obvias y sencillas de la figuración (técnica jeroglífica).
Esta técnica no suele fallar, siempre da como resultado una frase llena de significado para el soñante, e incluso le impacta y le revela algo inesperado (encubierto bajo figuras vulgares e inconexas). También se producen acrósticos y otros juegos de palabras (o palabras a las que les faltan letras que hay que suplir en el análisis):
Un consultante soñó que le citaba un amigo especialmente potente en un local que claramente tenía el rótulo de “Argmid”; en un primer momento, supuse los evidentes temas alemanes de ärg[er] m[e]id[en]: “evitar disgustos (a veces, aun no sabiendo una lengua aparecen raíces y temas verbales que el soñante obviamente ignora, con frecuencia del euskera, hasta el punto de tener siempre un diccionario euskera a mano, el catalán y el valenciano los conozco suficientemente y sus temas son comunes a varias lenguas romances). Tal supuesto alemán no le decía nada al soñante, entonces empecé a completar la supuesta palabra por delante y por detrás con todas las letras del alfabeto, hasta que salió “l[arg]o-[mid]o”,
el cliente rompió en una carcajada y confesó que se
había estado el día antes midiendo el pene…
El sueño, muy discretamente procesaba el buen resultado de la operación, lo que le igualaba a su amigo modélico…En cambio la técnica existencial trata de encontrar una analogía o semejanza global de la situación y de sus peculiaridades del sueño con las de la vida de vigilia que afectan al soñante.
Naturalmente la situación del
sueño será más simbólicamente perfilada o
más detallada en algún sentido y proporcionará el significado que el interesado necesite para entender mejor su situación y algunos de sus elementos.
Y cuando a pesar de todo nada se obtenga, entonces hay que aparcar el sueño y esperar a sueños (o asociaciones) ulteriores. En un caso hubo que esperar un año y al final salió redondo el significado terrible del onirema: nada menos que la infantilmente imaginada “muerte del padre”.
De ahí la resistencia a dar pistas para su hermenéutica.
El paciente, hijo de aviador militar, con 5 años (en la
década de los 50) enredaba con el sillón de
peluquería mientras se
disponían a afeitar a su padre (con navaja). El peluquero le
regañó diciendo que “iba a matar a su padre”
si seguía enredando. Al
mes el padre se estrelló y el niño conectó en su
VICS su jugueteo con el sillón, la muerte del padre y su
posible culpa.
El onirema era naturalmente sillones
de peluquería, de dentista, de impedido, dotados de palancas,
ruedas, etc… Con una
llamativa frecuencia siempre aparecía alguno de este tipo en los
sueños (que no había modo de explicar). El recuerdo de la escena, por supuesto, se hallaba totalmente bloqueado.
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LAS ANSIEDADES DEL OCIO
Luis Cencillo
El ocio popularizado se considera, con razón, como una conquista moderna y casi futurista; moderna respecto del trabajo alienado, ya que antaño, cuando el trabajo era artesanal, colectivo y común (tribal y gremial) no había espacios de ocio vacío, sino fiestas. El ocio no tiene demasiado que ver con la fiesta.
El reglamento espontáneo que la fiesta creaba, organizaba el espacio del ocio automáticamente y para todos, como en las culturas tribales la vida entera se organiza y no hay espacio para la opción, tampoco para el stress, ni para el aburrimiento.
A las actividades festivas comunitariamente organizadas no se les llama “ocio”, éste supone una amplia e indefinida gama de opciones lúdicas –de libre elección– y, no menos esencialmente, la opcionalidad misma de disfrutarlo o de trabajar. Por ejemplo tomarse sus vacaciones en la fecha reglamentaria o no tomárselas, o cambiar las fechas. Esto representa ya un grado de liber taddesconocido con anterioridad al siglo XX.
Antes que nada definamos o describamos el “ocio” (otium, gr. skholé→ “escuela”, “conferencia” y más recientemente
“auditorio”; originariamente: “detenerse”,
“parar” y también “observar”, como teréo): ¿es que en las escuelas no se trabaja? La palabra hace referencia a la actividad libre no forzada, creativa. Por eso la palabra “escolástica” encierra cierta paradoja
semántica.
Otium no era el simple cese de toda actividad productiva, sino la liberación o el cese de un trabajo mecánico y “servil” (como con cierto deje clasista se decía) para dejar vagar –tal vez laboriosamente– el pensamiento en la gestación de ideas o
de obras estéticas (theoría ← theáomai: contemplar, ver en amplitud). El ocio connota pues creatividad intelectual, poética o artística, por eso cuando ésta no existe, el ocio puramente libre se degrada y se convierte en reiteración adictiva o en consabida y, de nuevo alienante, dedicación a tareas teledirigidas por alguna programación comercial.
Resulta que el ocio es un factor muy necesario para el desarrollo maduro y armónico de la personalidad (en el judaísmo se decía que el shabbat era el don de más valor que Yahveh había hecho a su pueblo), pero esa estima sacral del día de ocio caía en la paradoja de convertirse en objeto de minuciosas prescripciones que le hacían pesar como un penoso servicio, más que como ocio. El ocio se reducía a no trabajar, pero la grave obligación de no “quebrantar el sábado” trabajando creaba al parecer más onerosos problemas de conciencia que una alegre liberación, de toda servidumbre, lo cual era el fin del shabbat.
De ahí el error, tan frecuente en todas las religiones, de dar lugar, por la minuciosidad vinculante de las prescripciones, a la paradoja de convertir los medios en fines y crear y recargar la “Ley” e impedir los efectos que se pretendían conseguir por el empleo de tales medios.
El ocio impuesto pierde su función, y llega a cansar, da lugar a una contradicción in adiecto, pues no debiera tratarse de un deber legal grave, pesando sobre un tiempo de esparcimiento, sino en una liberación de las servidumbres del trabajo y de las obligaciones reglamentarias precisamente.
Lo sorprendente es que el hombre medio no sabe vivir sin reglamentos y en el ocio establece como cosa evidente reglamentos deportivos, higiénicos y
lúdicos (la “etiqueta” en los espectáculos) más duros que los del trabajo, cuando no son las dificultades del tráfico en carreteras que conducen a “lugares de ocio”.
Es muy sorprendente el efecto paradójico de los tiempos de ocio en sociedades elitistas, o en las numéricamente reducidas, provincianas o en villas (que no llegan a capital), donde todo el
mundo se conoce, y así el día libre, el paseo y la
asistencia a lugares públicos y a espectáculos se convierte en ocasión de ostentación clasista de signos de estatus y de riqueza o de elegancia. Y esto suele preocupar tanto que parece trabajarse durante el tiempo hábil para estar en condiciones de ostentarse con los signos más inequívocos de estatus y de selección (económica o clasista).
Y todo esto no es fruto de ninguna sofisticación, o larga evolución suntuaria, sino que en la tribus más arcaizantes se da todavía con mayor rigor (en el archipiélago de Entrecasteaux se ostentan en un anaquel delante de la vivienda los mejores boniatos de la última cosecha, en lugar de diamantes, o vestidos y complementos, o coches de último modelo; y en Mounthagen (Nueva Guinea), las plumas y las redes colgantes del cuerpo –fuera de su función originaria de pescar–, o los peinados y los polícromos maquillajes en rostro y pecho, mientras que en Las Rocosas era el potlach (o derroche inútil de mantas, abalorios y otras cosas valiosas fabricadas durante todo el año
para quemarlas en una fiesta, que abrumase por su prodigalidad y despilfarro a los jefes de las tribus vecinas.
Demasiado semejante a lo que sucede en los países de civilización occidental como también sucedió en el Oriente antiguo, pero ahora con joyas, modelos, “ropa de marca”, coches de alto precio y diseños de ultima hora.
* * *
Todo ello no son coincidencias, sino etología humana y universal. La fiesta, y hoy día el ocio, no son inocentes espacios de asueto y liberación lúdica, sino algo más complejo y socialmente significativo, que –aparte de la religiosa y arcaica de si se está guardando lo minuciosamente. prescrito; y si, aun sin saberlo, se está quebrantando el obligatorio y sagrado ocio festivo, haciendo algún trabajo no permitido1– descubre tres fuentes de ansiedad, a saber:
1. Cómo se ostenta el estatus en el tiempo de ocio, de modo que se emplee éste de manera correcta, elegante y con “lucimiento”.
2. Cómo se organiza el ocio de forma productiva, participativa, creativa y original.
3. Cómo se evita el aburrimiento o el habituamiento adictivo y hasta vicioso, durante estosmtiempos de ocio.
Pues el ocio tiene sus riesgos. Y no hablo del ocio festivo, común a toda una sociedad, sino el ocio que o bien la profesión o bien uno mismo se procura durante toda la semana, en el tiempo libre después de las clases (dadas o recibidas) o del trabajo.
Las nuevas tecnologías han creado un problema suplementario con la oferta “porno” de toda clase de tipos humanos, actos y hasta órganos funcionando o sin funcionar (por ejemplo, imágenes coprofílicas de traseros defecando). La facilidad de poder contemplar todo esto (cientos y miles de tipos humanos y étnicos, edades y extracción social, y de actos) con sólo manejar el cursor, constituye una tentación muy fuerte (cargada de “morbo”) para jóvenes y aun –sorprendentemente con la misma fuerza– para gente seria y madura incluso, que además crea inmediatamente adicción.
He tenido varios pacientes maduros luchando contra tal adicción y a fe que es difícil. Y ello es pernicioso y se lamentan, no tanto por las masturbaciones que ocasiona, cuanto por la gran cantidad de horas perdidas, despilfarradas en las tardes, las noches y las madrugadas (y sobre todo en los días festivos). En los estudiantes es esto (aparte de los videojuegos y las consolas) devastador para su rendimiento académico. Así el ocio comercialmente masificado y anónimamente disfrutado se convierte en un verdadero y grave problema (ya veremos lo que sucede cuando, en vez de fotografías estáticas o en movimiento, la oferta sea de hologramas...).
El ocio idealmente concebido es un tiempo de descanso, de enriquecimiento afectivo, familiar-amical-social y en definitiva integralmente humano, además de ocasión para cultivo de materias culturales y superiores al prosaico trabajo cotidiano. Un tiempo de integración de la
persona. ¿Y qué resulta de hecho? Un tiempo generador de ansiedad o de adicciones.
Se ve así que lo más difícil en la vida ordinaria es organizar la libertad, y el ocio es libertad en acción opcional, tal vez con una finalidad superior en calidad a la consabida de “ganarse el pan”…
Y que lo más laborioso es a la larga “divertirse” y aun “descansar” sin malograrse.
1 Es un verdadero tic de las religiones la tendencia a convertir en
obligación lo que es festivo y medicinal, debería vivirse como tal. Como a Midas que todo cuanto tocaba se le volvía oro, hay autoridades a las que todo cuanto recomiendan se les convierte en norma vinculante. Y esto literalmente “agua la fiesta”.
De ahí ese fenómeno tan sorprendente de la aparición del cansancio y del tedio cuando el tiempo libre se prolonga demasiado. Y a veces se combina el tedio con la ansiedad. Ello sucede porque para ser libre en el tiempo hay que ser algo creativo.
Ser “creativo” es saber jugar con las posibilidades (una vez conocidas éstas: hay quien no las conoce y no acierta a organizarse porque le parece debería haberlo hecho de otra manera, irreal), saber jerarquizar las importancias y prioridades del gusto, conocer lo que en realidad se desea además de ser deseable, y combinarlo todo ello no según lo ya consabido y usado, sino según las necesidades profundas –mas no obsesivas ni adictivas– de la personalidad genuina. Lo que en el fondo se desearía para densificar la vida personal y la ocupación laboral dominante no permite hacer… Solo entonces el ocio y el tiempo libre no crean ansiedad ni decepción, sino todo lo
contrario.
No es fácil expresar lo bien que se siente quien, al final de unas vacaciones o de un fin de semana, se nota enriquecido y aprecia que ha aprovechado “ociosamente” (sin la presión del deber) su tiempo en cosas interesantes, sabrosas y productivas. Por el contrario el ocio social de buen tono está constantemente lastrado por un “protocolo” (lo pertinente y hasta estrictamente obligado en cada situación y momento) que anula todo el bienestar
elástico inherente a la “vacación” (hasta el número de bikinis que se tiene que ir poniendo y cambiando una señora cuando está con un grupo de amistades en un yate está tácitamente prescrito; ¡menos de cuatro nunca!), lo mismo que las camisas, los zapatos y las corbatas de los caballeros en convenciones y congresos…
En definitiva: el ocio es la cosa más difícil de administrar y de gozar sin ansiedad ni problemas, pues, al parecer, se da una conspiración del grupo y de uno mismo para no acertar con lo que, –al liberarse del trabajo para lo que gusta y sacia–, acabe enriqueciendo de veras. ¿Y es que sabemos en realidad lo que nos gusta, o nos gusta algo porque está vigente y el grupo social lo impone? Y esta solapada contradicción entre necesidad y libertad explicaría el malestar del supuesto “ocio” vacacional.
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EFICACIA DE UNA TERAPIA DINÁMICA (EXTRACTO DEL LIBRO)
Luis Cencillo
CAPÍTULO 1
TRATO Y ACTITUD DEL TERAPEUTA
Aunque el orden lógico exigiría tratar antes de las
razones y de los factores que hacen posibles las terapias
dinámicas, anticiparé con brevedad algunas cuestiones de
procedimiento y actitud, en atención a los lectores interesados
antes que nada por lo práctico. Mas para poder juzgar de la
validez de lo que aquí se diga, han de tenerse en cuenta los
presupuestos psicológicos (los que intervienen en los niveles
infraliminal, emocional y estético), pero no menos los
demás presupuestos antropológicos, sociológicos,
sémicos, y comunicológicos que en estos casos intervienen
y decisivamente influyen en los desajustes patógenos. De
éstos, espero ofrecer suficiente información, aunque
nunca en la proporción ni en el modo en que me satisfaría.
Parto de un principio de base: Todo comportamiento y todo acto del
habla del terapeuta han de tender exclusivamente a crear en el paciente
disposiciones favorables a su evolución, cambio y
reestructuración, no al crédito del terapeuta ni de su
poder de persuasión.
No se trata de persuadir al paciente de que el sistema y las
clasificaciones de “enfermedades mentales” que el terapeuta
profesa y su punto de vista y sus “diagnósticos”
sean ciertos, correctos y válidos, sino de acertar con los
reales componentes de la personalidad desintegrada y con su modo de
desorganización disfuncional, o de déficits estructurales.
Todavía sin pretensiones de sistema y desde la dinámica
del proceso terapéutico se me han ido plateando progresivamente
(en la practica) una serie de problemas y he tenido que improvisar cada
vez una serie de recursos y de diferenciaciones entre unos y otros, o
entre diferentes momentos evolutivos del proceso en determinadas
terapias, en que era oportuno o necesario acudir a ellos para aplicarlos.
En esta materia no encontré nada hecho y ni siquiera planteado
en las escuelas ortodoxas, ni tampoco en el conductismo o la terapia
cognitiva. Y lo que más me llamó la atención
fueron los diferentes modos y tipos de articulación de momentos,
posicionamientos, fases y etapas del proceso que leyendo a los
clásicos no se advierten por ningún lado. En ellos parece
como si por mucho que éste se prolongase, los días, los
meses y las sesiones no fuesen a presentar diferencias cualitativas muy
notables, ni supusiesen enfoques y tipos de reacción muy
distintos conforme a los avances o estancamientos del proceso de cambio
van sucediéndose.
Y no solo esto, sino que en todos los casos y en su aparente
sucesión caótica, presentan líneas
sistemáticas claramente perceptibles por el terapeuta, como en
el correspondiente capítulo estudiaremos. Por lo demás,
deben cumplirse una serie de condiciones para hacer posible y eficaz el
proceso terapéutico, a saber:
• Alianza terapéutica.
• Encuadre estrictamente mantenido, aunque no rígido.
• Disponibilidad elástica y abierta de la atención del terapeuta (ni impositiva, ni maníaca).
• Interpretación dosificada del material.
• Independencia del «síntoma».
• Elaboración común y asuntiva de «eso»
que flota en el discurso y en el ambiente de la sesión.
• Mayéutica movilizatoria.
• Asunción de la identidad.
• Resemantización o resignificación de símbolos, identidades y valores.
La realidad en sentido fuerte no consiste en las
“sustancias” cuasi minerales y duras, sino lo que para cada
sociedad significan, valen y evocan simbólicamente como otros
tantos puentes de acceso y comunicación con lo total (creo que
es lo que Jaspers entendía como Chiffren).
1. Intención terapéutica
La intención terapéutica: ¿significa aplicar un
tratamiento a alguien, para que produzca por sí mismo sus
efectos integradores? ¿o es ayudarle a que él mismo
integre los componentes de su personalidad? ¿Y cómo ha de
entenderse ese alguien?
Hablar de «curación» y de «tratamiento»
no deja de ser una metáfora, pues en sentido propio y primario
estos términos han sido acuñados en el campo de la
Medicina orgánica y se refieren exclusivamente a los procesos y
fenómenos que en el organismo intencionadamente se provocan para
eliminar agentes patógenos, corregir malformaciones y favorecer
el desarrollo de los procesos
vitales.
Etimológicamente, el latino cura significa
«preocupación» (como en aquel lapidario verso de
Horacio: post equitem sedet atra cura: «a la grupa del caballero
se asienta la negra preocupación»), y el tardío
curatio significa «cuidado», que es la acepción del
término griego (jónico y ático) therapeía
que principalmentesignificaría “servicio”
(Therápon significa ya a partir de la Ilíada
«servidor» y «compañero», o equivalente
más bien de nuestro «escudero». El verbal
therapeúo tiene los significados clásicos de
«servir», «cuidar», «sanar» y
«dar culto»)
Si fuese cierta la etimología indoeuropea (dher →
«sostener», «apoyar») propuesta por algunos (
Frisk opina que estos términos no proceden de la raíz
indoeuropea dher de la que procederían tal vez thrónos y
thrésko, “observar pautas”, «ser fiel
a...», Cfr.
Vergliechender Wörterbuch der indogermanischen Sprachen, revis.
por Podgorny, Berlin-Leipzig, 1927-1932, 1, 857.) el término
terapia resultaría perfectamente adecuado para designar la
«psicoterapia», y más metafórico cuando se
tratase de un proceso curativo orgánico, donde el médico o el cirujano
no sólo asisten y apoyan, sino que intervienen. Naturalmente, el
latino cura no puede presentar una raíz tan adecuada al uso
actual y psicológico del término.
Aun cuando no se hable de curación o «proceso
curativo» (por ejemplo, un complemento del proceso de
maduración o un complemento de la personalidad, sería
enteramente impropio, y hasta ofensivo, denominarlo
«curación»); los cambios de conducta tampoco pueden llamarse «curaciones»,
se reducen a simples cambios de conducta. Cosa distinta es si se
transforman las estructuras y los sistemas profundos de
canalización de la personalidad y de sus impulsos, respectivamente.
No deja de ser una asistencia inductiva y sustentadora de los procesos
de trasformación de la conducta, de la personalidad o de sus
estructuras, y de la asunción e identificación que ha de
llevar a cabo el paciente en sí mismo, es decir, una terapia en
sentido propio y no en el sentido más bien traslaticio, o por lo
menos particular, que se le ha dado en Medicina, de intervención.
Hay una diferencia muy acusada entre el modo de recibir, acoger y
tratar al paciente o consultante. La terapia no es, o se
desvirtúa inmediatamente, si el terapeuta:
a. Se empeña (maníacamente) en “curar».
b. Se asusta de las regresiones, resistencias, actings y transferencias negativas.
c. Se implica en el caso, sentimental, práxica o
gestionariamente (tratando de ayudar al paciente fuera de las sesiones
a resolver sus problemas prácticos, haciendo, dándole
dinero, hablando con terceros, etc).
d. Cede a las trampas y a los chantajes que el paciente
inconscientemente le va tendiendo, para asegurarse, si no se cae en
ellas, de que el terapeuta ofrece un continente capaz de recibir todo
lo negativo que quiera proyectar o «depositar en él».
Téngase muy presente, ante todo, que el terapeuta no puede
constituirse ni en «juez» ni en
«oráculo» para el paciente (por eso tantos procesos
terapéuticos no marchan), sino en un apoyo y en un continente lo
suficientemente elástico y tolerante para que el paciente pueda
descargar en él cuanto le plazca, siempre dentro del encuadre de
la «distancia simbólica», por supuesto, pero con la
plena confianza de que el terapeuta va a tener tolerancia más
que suficiente y va a estar tan por encima de las circunstancias, que
tarde o temprano se lo va a
poder devolver (y él reasumir) trasformado en elemento positivo.
2. Modo de Proceder de la terapia
Aunque voy a tratar de estas cuestiones en sus correspondientes
capítulos, vaya por delante, para lectores impacientes, el
conjunto de mi modus operandi.
Concretemos pues la “mecánica” de la terapia. [ No
es frecuente que se detalle y se especifique la articulación del
proceso terapéutico.
Por eso los principiantes (y, desgraciadamente, aun los que han dejado
de serlo) se hallan a veces perplejos ante los recursos de que puedan
disponer, y tienen la impresión de que el proceso se les va de
las manos, o se aferran monocorde y redundantemente a un par de
hipótesis diagnósticas (y de tratamiento), de acuerdo con
el sistema de la escuela. ]Y este defecto en compulsar los registros y las hipótesis (o el
conjunto de los parámetros en juego), no puede sino retardar, o
incluso bloquear, la adecuada resolución del caso.
La lentitud, si es que se produce, no es debida al método en
general y menos a la orientación no conductista, no cognitiva o
no transaccional o sistémica, sino a la no adecuación al
caso de las hipótesis y los parámetros que se toman en
consideración.
Lo mismo puede suceder con las otras escuelas y métodos no
analíticos, sólo que el terapeuta, como se “traba
en el síntoma” y no considera otros factores, y
además limita el número de sesiones (como si se tratase
de batir unm ”record” de rapidez) no llega a darse cuenta del estado
general en que la personalidad profunda y total del consultante queda.
Hemos verificado en la práctica, que cuando se tienen en cuenta
-todos o la mayor parte de los parámetros propios del caso y se
utilizan la mayoría de los recursos que ofrece, no hay tal
lentitud. La terapia, cuando es ágil y hábilmente conducida, dura
poco más (o poco menos) de un año, lo más
ordinario es que dure dos o dos y medio, lo más tres años
(y puede considerarse como lenta), pues nunca se acierta constantemente
y hay a veces que rectificar las estrategias dentro del mismo proceso.
Prácticamente en la dinámica del proceso
terapéutico van actuando esta serie de diez factores, que pueden
clasificarse en tres grupos: disposicionales, estratégicos, y
temáticos.
En todo caso, ha de procederse por estratos de material y de
interpretación, hasta acabar en el estrato más infantil y
más simbólico y alejado de la realidad (ya con la plena
garantía de que aquello es así), pero no saltar de golpe
-como se hace en la interpretación de los sueños- a lo
más movedizo y discutible y, sobre todo, sin garantía
alguna de su fundamento, si no son las suposiciones a priori de una escuela particular.
El paciente es quien ha de «querer» llegar al fin con
buenos resultados y el terapeuta le ayuda, observa, señala y
sirve de principio dinamizador (o dem pantalla, según se
considere) y de referente transferencial, pero no es el
«autor» de su cambio o de su restablecimiento .
Por eso ha de mantenerse el terapeuta en un estado de receptividad
intelectual y de elasticidad creativa del modelo útil para
filtrar y organizar el material que tal caso le aporte, sin
imposiciones maníacas de determinadas ideas o concepciones
teóricas, que no permitirían ver, simplemente ver, lo que
el paciente está poniendo delante de sus ojos.
El terapeuta ha de ser receptivo a todo cuanto el paciente deposite en
él y capaz de darse cuenta de ello, de elaborarlo y de
devolvérselo al paciente de forma integrable.
Para ello ha de poseer una disponibilidad elástica, no solo en
el ámbito de lo intelectual sino en el de lo afectivo y de lo
inconsciente.
El paciente proyecta y deposita en él todo aquello que, en su
estado de crudeza, no pueda todavía integrarlo en su
dinámica personal (ésta es la principal función de
la contratransferencia). Se convierte así, el terapeuta, en el
órgano resonador
• de lo que para el paciente es tácito y secreto
• de lo que está pasando por él y no puede verbalizar
• de lo que no puede soportar dado lo precario de su configuración estructural
• devolvérselo a su tiempo (no a deshora) porque es suyo
• y, así elaborado, le ha de enriquecer y vigorizar (aunque se trate de una limitación o de un defecto).
Ciertamente, la terapia no puede consistir en filtrar el material
profundo (y, por tanto, complejísimo y secreto) del paciente por
el tamiz teorético de una escuela determinada, e ideado por un
autor lejano (y que pensaba desde otras circunstancias sociales y desde
otros supuestos muy distintos de los que rodean al caso), y obligar al
paciente a aceptarlo a ciegas.
Esto no es terapia; se parece más a un indoctrinamiento
sectario. En una verdadera terapia se trata de que un experto a quien
se supone formado (y dotado de fluidez en sus procesos mentales y
afectivos), explore y asocie a ello al paciente, su vida subjetiva
profunda –allí donde se anudan o se enredan las
raíces de sus deseos−, le ayude a clarificarla encontrando
las claves de la misma, y a integrar lo que vaya resultando en la
unidad de apercepción, de opción y decisión que es
la “persona”. Para asistir (no otra cosa quiere decir
“terapeuta”) y para actuar vicariamente −en el nombre
y en el lugar del paciente− y con eficacia, ha de ser capaz de:
• hacerse cargo de lo que el paciente le «lleva», y
desarrollar la delicada eficacia para que éste lo incorpore y
gradualmente lo asuma en toda su extensión.
• Analizar microestructuralmente, de acuerdo con lo que el caso
dice y exige, y no con lo que -desde su teoría particular de
escuela- desee que diga y le exija que sea.
• -Y así irlo translaborando fácticamente (working
throught, durcharbeitend) en una colaboración dinámica de
transferencia y captación concreta contratransferencial.
3. Articulación del Proceso
Como todo proceso evolutivo, también la terapia se va modulando
por fases. Y no pocas veces los terapeutas se han visto desbordados o
perdidos en medio del proceso (literalmente sin saber cómo
seguir) por no tener en cuenta esta articulación, propia de todo
cuanto acontece.
Si se considera con mínima atención, se aprecia que no
todos los grupos de sesiones trascurren lo mismo. De una sesión
a otra, sobre todo si son frecuentes y se suceden con breves
intervalos, no suele haber diferencias, o éstas son sólo
superficiales; pero considerándolas por etapas -es decir,
agrupadas en períodoslas diferencias pueden ser importantes.
Si no se producen, aparte de la etapa mesetaria, hay motivo suficiente
para suponer que se ha producido un estancamiento y que hay
resistencias activadas.
Tampoco hay que considerar que el desarrollo fásico del proceso
haya de ser rígido y vaya presentando mecánicamente estas
«fases» o etapas, una tras otra.
A simple vista, se observan, más precisamente, unos siete
posicionamientos que suelen aparecer como sucesivos, pero que no
necesariamente lo son y que pueden coexistir -algunos de ellos, no
todos- dentro de una misma etapa, alternándose o en forma de
aspectos y vertientes más o menos disociadas de la personalidad,
que especificaré en su capítulo correspondiente.
Su escueta enumeración refleja ya los ritmos y las vicisitudes
de un proceso que no deben alarmar a los principiantes, pues ha de
haber puntos críticos de inflexión que hay que tener muy
en cuenta para no actuar indebidamente.
En rasgos muy generales, se podrían reducir a cinco grandes
tramos, cada uno con un ambiente y un estilo propios, a saber:
• Exploratorio (obtención de material orientativo y de un mínimo de alianza).
• Translaborativo (y en cuanto a modo, por supuesto “co-elaborativo”).
• Resistentivo (inevitable y más o menos dilatado o concomitante de gran parte del proceso).
• Resolutivo ⇒ Integrador.
• Resemantizador ⇒ “Claves de acceso” o Apertura
activa a la realidad (Es decir, un abrirse activo, elástico,
creativo y
transformador de la realidad concreta y vivida (social, técnica
y organizativa de situaciones y condiciones de posibilidad y de
permanencia) mediante -y gracias a- una nueva resignificación de
los conjuntos de objetos, relaciones y posibilidades, importantes para
-y
en- la realidad de la “circunstancia” propia del paciente).
Y no es posible pasar al momento resolutivo, sin haber pasado por una
prolongada translaboración y haber suscitado y vencido numerosas
resistencias generadas por:
• los «fantasmas» (infantiles)
• los «enganches»
• las «barreras»
• y los filtros de comunicación distorsionados (o los
procesos viciosos de interacción familiar); los que precisamente
han dado origen al caso.
Tampoco es posible estimular la acción de modo que responda a la
realidad objetiva, sin que hayan ido siendo integrados los componentes
disgregados de la personalidad, reprimidos o distorsionados por una
deficiente organización de la misma.
Como el acabado y “última mano” de cada terapia
puede señalarse la integración. Fase final que puede
describirse como: Coordinación armónica −y en mutua
correspondencia− de los componentes constitutivos de la
personalidad: sus energías primarias, las diferenciadas,y los
aprendizajes culturales adquiridos (a veces estereotipos, tics,
irracionalidad, rutinas, fantasmas).
El problema lo plantea la composición complementariamente
unitaria de elementos contrarios, ya que la personalidad es
dialéctica (simultáneamente se afirma y se niega en
diferentes aspectos). Su propio percibirse es el de “campo
tensiones” inmanentes a una vivencia de sí que supone
apropiación/exteriorización, emotividad/razón,
clausura/apertura, irrealidad y sentido práctico, opción
y/o asimilación.
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TOMAR LA VIDA EN SERIO
Luis Cencillo
[5 Octubre 2002, Colegio de Médicos]
Ya se comprende que tomar la vida en serio no puede consistir en hacer las cosas serias como en broma −que es lo que suele hacerse, sobre todo los políticos−, para cubrir las apariencias, para quedar bien, “baratamente”.
El gran engaño de la vida colectiva y pública es que se organizan las cosas para que funcionen y satisfagan las necesidades de todos y ello les haga menos desgraciados, mas luego los ejecutores y los responsables de ello no lo hacen bien, son negligentes, se valen de sus atribuciones para ir pasando su vida profesional de la manera menos esforzada e ingrata posible y obtener ventajas i n d i v i d u a l i s t a s, aunque la satisfacción de las necesidades generales y ajenas quede a medias.
Y casi sin excepción −lo más frecuente y escandaloso de todo−: al organizar la vida pública, social y económica, crean estructuras injustas que estocásticamente se perpetúan (mediante la “letra pequeña” o la concreción reglamentaria de la teoría).
Por eso las cosas no funcionan. Y la gente se siente frustrada por la vida, por la sociedad y por su modo de funcionar perversamente, y, en definitiva, por el Estado y sus regímenes o por las clases dominantes.
Se enseña mal, se cura mal, se administra mal (cuando no interviene la descarada prevaricación), se montan negocios y se ofrecen “productos” financieros más para lucrarse las entidades que para beneficiar, y a tal efecto se engaña en cuanto sea posible y además se imparte deficientemente la justicia.
Es decir, resumiendo, que por muy impreciso que parezca, lo serio de la vida es que cada uno haga bien funcionalmente lo que tenga que hacer.
Se podría acuñar un slogan: Haz bien lo útil para que realmente lo sea.
Lo sólidamente bueno, consiste, en definitiva, en contribuir a que todos −o los más posibles− vivan con mayores posibilidades de no sufrir, de conocer, de cualificarse, (realizarse) y de poder dominar intelectualmente −mediante un buen amueblamiento mental (cosa que hoy está muy lejos de cumplirse)− las angustias y zozobras que crea la vida o la patología causada por malos ambientes familiares...
Y si esto puede parecer demasiado filantrópico, imagínese −para comprender la sólida razón que nuestro enfoque tiene− lo problemático y poco presentable de la conducta opuesta: una vida y una actividad profesionalmente dedicadas a enriquecerse, promoverse y exhibirse (o hacerse valer como “persona importante”). Una vida para satisfacer apetencias de dominio o de lucro...
¿Tiene esto algún valor social, alguna utilidad para los otros, crea algún vínculo de hermanamiento? ¿Es siquiera tolerable la prepotencia y el narcisismo convertidos en profesión o en imagen de sí?
Con toda certeza una vida así no solo no es ya útil sino parásita para el grupo social y para su entorno personal, y ni siquiera es útil o gratificante para
sí misma, pues vive en tensión egoísta por medrar, y la identidad personal se va desfigurando y alienando, paradójicamente, conforme cree obtener mayores logros “personales”. Es decir, se trata de una vida sin sentido...
Se ve que nuestro ser real y nuestro vivir en el mundo, no pueden consistir en aquello, sino que se funciona mejor cuando alguien se abre socialmente a las necesidades ajenas, y produce bienes materiales, sociales o culturales, que beneficien a otros.
* * * *
Esto parece universal y patente, y sin embargo para que se adquiera la evidencia de ello han
de aportarse unos fundamentos antropológicos que no todos admiten.
Lo más frecuente es profesar una doble vía o una doble “verdad”:
1. se considera al hombre un viviente que sea simple producto de la evolución universal de la materia, (como cualquier otro y con las causas y efectos mecánicos que han intervenido y respectivamente se han producido en cualquiera otra especie)
2. pero luego se añade, incongruentemente, la muletilla de la “dignidad” y del “valor” de lo humano o de los hombres...
¿De dónde le vienen a la especie humana esas nuevas categorías? Esto abre la puerta a otros niveles de realidad menos etobiológicos. Y si se admiten tales niveles cualitativos, hay que reconocer que , junto con el altruismo profesionalizado, hay otra dimensión seria de la vida, u otros modos de tomar la vida en serio, que ayudan a lo ya dicho.
Pues el altruismo eficaz y puro no es posible si el sujeto no se depura de apegos egoístas, caprichosos, cegadores y de deseos parciales que le hacen sesgar su trayectoria.
Y para esto hay que pasar al plano de la sublimación y la superación habitual de las estimulaciones intramundanas y vivir escatológicamente en el doble plano simultáneo de lo temporal y de lo sobrehumano. Entonces sí que se vive tomando del todo la vida en serio. La vida en función de un nivel superior a la vida misma biosocial.
Porque la lucidez total de un ser humano consiste en ser capaz de percibir simultáneamente diversos niveles de realidad cualitativamente diferentes, algunos de los cuales superan lo práctico inerte y lo bioquímico mecánico y se sitúan en la esfera de lo que se ha llamado libertad.
El desfondamiento y el inacabamiento de su apertura cenital (Si no fuera así no habría habido ni historia ni
cultura. La dinámica creativa característica de la
especie humana dimana de que ni está programada previamente en su instintualidad, ni dispone de antemano de un sistema fijo y dado de sistematicidad ideológica. Ha de aceptarlo y asumirlo por fe...) son en definitiva la característica de la especie humana.
No creo que nadie pueda discutir que el hombre no esté desfondado en sus pulsiones e inacabado en su capacidad de ideación y de concepciones del mundo Lo cual le aboca, aparte de todos sus condicionamientos evolutivos y biológicos, a posibilidades nuevas de seriedad gratificante y creativa.
Lo más serio de todo, se sea trabajador o político, intelectual o financiero es acertar a existir escatológicamente.
* * * *
¿Qué es vivir? y ¿qué es “en serio”? Dos cuestiones hoy oscuras o desvaídas...Vivir es crear mundo para seguir existiendo en ese mundo adaptado a sí y a los propios modelos e ideales (si los hubiera...).Vivir es aspirar siempre a algo y disfrutar dolorosamente haciéndose.O vegetar e imaginarse poco apto para todo.O que se tiene mala suerte...Es errar y rectificar.Amar y odiar o padecer odio.Producir y consumir.Y sobre todo no darse cuenta de muchas cosas; especialmente de las que se van a hacer mal o ya se están haciendo mal, hasta que ya no tiene remedio. ¡Entonces te das cuenta!
Lo mismo que hay un bien barato y un bien caro, hay un vivir en serio y un vivir flácido y agrio .Por lo general, la gente no sabe vivir en serio. O vive trágica y exasperadamente o cree que vivir es pasarlo bien...Vivir en serio tampoco es pasarlo mal, es vivir simultáneamente en diferentes niveles de valor y de importancia, sin obsesionarse con uno solo.
* * * *
Hay diferentes modos de no acabar de vivir en serio:
• Los que dicen vivir a gusto y que la vida por sí misma −sin más− merece la pena vivirse, porque es a g r a d a b l e...
• Los que se centran en el uso y posesión de cosas.
• Los que se centran y obsesionan con los logros sociales.
• Los que se deprimen.
• Los que se deprecian.
• Los que buscan más...
Y una cosa muy absurda, pero frecuente:
• Los que viven gozándose en un mobbing: en convertir en víctimas a otros de su entorno.
Y casi son ellos los que no se dan cuenta del peor mal de la historia: de que nuestro bienestar descansa sobre el malestar socioeconómico de otros, de los más; precisamente sobre estructuras injustas por las que se oprime a los débiles. En un mobbing universal y colectivo.
* * * *
El “sentido de la vida” es una cuestión que es a la vez sencilla y tremendamente compleja como vamos a ver en estos instantes que dedicamos a planteárnosla. No van a ser muchos ni largos.
Y es una paradoja que algo tan importante sea tan sencillo, y algo tan sencillo sea tan difícil de determinar.A mí me parece que la vida por sí misma no es cómodamente vivible y que sólo en serio es como puede ser aceptable y presentablemente vivida.Si no se vive en serio me resulta un caos la vida. Porque es pura paradoja y la mayoría de los asuntos salen al revés de lo que se esperaba. Nuestra Vida Inconsciente y el Imaginario serán los causantes de ello –¡desde luego lo son!− pero esto hace tanto más desconcertante la vida.
Hace el efecto de que el Hombre es un experimento a punto de fallar:se debate desesperadamente por hallar: verdad, seguridad, positividad (en sus dos sentidos) y limpieza mas siempre acaba encontrándose con lo opuesto.Y es que nunca se acaba de querer de veras nada, salvo lo que apasiona y aprisiona. Y esto es precisamente lo que no debería quererse así.Hay miedo al compromiso serio, hasta para amar y precisamente para ello, como si la libertad hubiese de preservarse vacía e intacta durante toda la existencia.
Por supuesto toda seguridad, todo éxito y toda parcela de poder –y su conservación− exigen un montaje, una tramoya, unos “fontaneros”, unas relaciones tácticas..., con lo cual la limpieza falla por su base.
Nada se da gratuitamente y muchos de los precios que hay que pagar envilecen. ¡O no se quieren pagar! ¿Es tan satisfactorio vivir así?
* * * *
Todos nos encontramos con la vida en las manos como un don y una posibilidad. Y de momento no sabemos qué hacer (somos demasiado jóvenes). ¡No nacemos con nuestro correspondiente “modo de empleo”!Entonces unos, sin optar del todo, dan en irla viviendo al acaso, como les salga. O en pequeños y cómodos plazos...
Otros tratan de moldearla artística o heroicamente, aunque luego van a dar en los manejos y la poca limpieza en sus procederes con tal de obtener sus éxitos que acaban siendo puro simulacro.Otros tratan de sacarle jugo hedónico y crematístico.Otros van aplazándolo todo porque les pesa vivir y no aciertan a iniciar cada proyecto y a seguir los pasos adecuados con la puntualidad y la exactitud debidas.
Otros sufren siempre, mientras que otros les hacen sufrir: hay simbiosis de dolor inextricables e incomprensibles. Y ambos, víctima y verdugo, se alían cómplicemente ¡Y no hay manera de separarlos en su interacción sadomasoquista!
Los más trabajan para pagar sus continuas deudas pecuniarias, y consumen. Pero su gran problema es el amor.Vivir no es sólo ascender y ocupar cargos o hacerse “famoso” (siquiera sea por ser modelo profesional...). Para la mayoría de los humanos es trabajar ingratamente y no levantar cabeza, pero quedan posibilidades de felicidad, que contienen algunas trampas si no se saben manejar... Y estas trampas hacen que, finalmente, otros se encuentren con que la vida se les pasa, se les ha pasado ya casi por entero, en su años hábiles y no se han dado cuenta, pero además se encuentran irremediablemente solos. − ¡No quiero alarmar, quiero despertar dormidos! −
Primero esperaron crecer, luego creyeron que debían divertirse como la sociedad de su tiempo les dictaba, o mediante gastos inútiles en artículos horteras hacer los modernos(as) y ponerse al día en las vigencias manipuladas por el marketing...
Luego trataron de buscar una modesta solución profesional para ir pasando y resolver problemas económicos, mas sin comprometerse con nada. Algunos ni con una pareja y unos hijos...
Otros, o estos mismos, ya de antemano se confesaban ineptos para nada importante, y en realidad no había nada importante que hacer...
Otros sí querían destacar y cualificarse, pero se les hizo tarde... Pues la cualificación es cosa de un septenio en toda y por toda la vida (aproximadamente entre los 20 y los 27, o antes). Y este septenio se escurre entre las manos al menor descuido.
Si en esa juventud temprana no se hace acopio de idiomas y otras ciencias y técnicas auxiliares, las matemáticas en algunos casos, y en otros alguna pericia o habilidad social, ya nunca. se podrá trabajar de primera mano, e ir a las fuentes, o ensayar pioneramente los resortes todavíainéditos de la economía, que han de dar soluciones a problemas aparentemente sin salida....
Los políticos son mediocres actualmente en todo el mundo porque nunca han pensado creativamente ni manejan técnicas avanzadas (tan avanzadas que no se hayan experimentado aún), sino refritos y más del o mismo.
En el Estado y en la Iglesia suelen llegar a los puestos de poder los que no piensan creativamente, y precisamente por ello.
¡Llevamos casi dos siglos sin aparecer ninguna teoría política nueva y creativa!
Aquel eslogan del CDU alemán en varias campañas electorales: keine Experimente! parecía sensato mas resultaba mortal para el avance sobre los condicionamientos de la época. Era el mensaje estáticamente conservador del miedo a lo nuevo por ser nuevo. Por eso las culturas tribales han permanecido en la prehistoria.
El opuesto error, el “progresista”, se produce cuando se cree que hay que estar cambiando siempre para estar al día, y se echan por la borda logros válidos por el solo hecho de estar ya adquiridos.
El temor en este caso viene de lo antiguo, no de lo nuevo, pero en ambos casos se rompe el ritmo temporal adecuado de tránsito armónico de pasado a futuro.
Y si no, se contenta uno con planes y pasatiempos, con el disfrute de “pequeñas cosas” e ilusiones... (como tantos y tantas dicen... y hacen). Aparte de que hay sujetos a quienes son precisamente esas “pequeñas cosas” las que peor y más ingratamente les salen debido a fuentes de contrariedad continua: problemas con el coche en el mejor momento, cuentas inesperadas, viajes de placer que fallan, plantones, malos entendidos, roces en las reuniones familiares o de trabajo, sentirse hecho de menos, cuando no se cae bajo la influencia pertinaz y desesperante de una persona macosadora (mobbing).
* * * *
Y por último la senescencia... (cuando todo va doliendo y se deteriora). Y siempre la lucha, la necesidad de orientación, la puesta a punto, la competencia y el reciclarse, el no dar la medida, o quedar mal a pesar de todas los cuidados empleados en un asunto.
Y sobre todo: la responsabilidad que espontáneamente se siente; y el d e b e r. Pero hoy casi todos adolecen de una pérdida de valores básicos, y los que no, dan en el fundamentalismo para rígidamente defenderlos.
8
Otros se llenan la boca con el “Derecho natural”, pero no se dan cuenta que imponen las cosas menos naturales en su nombre.
* * * *
El bien es todo lo que hay que hacer −o hipotética (para conseguir un efecto determinado y pretendido) o absolutamente (porque sí, porque si no se actúa de ese modo se
envilece el sujeto o daña a otros, aunque no obtenga
ningún beneficio a cambio.)−, o cuando se pretende un resultado positivo y porque sí... Pero el que actúa bien suele quedar mal: le hacen mal, abusan de su buena fe.
El mal da mejores resultados sociales a la corta, pero a la larga corrompe y daña. Y además es lo que no hay que hacer... Y la vida oscila ahora no entre el hacer bien y el hacer mal, sino quedar mal o quedar bien.... Y esto la hace también costosa y dura.
No se puede actuar siempre “a su aire” y “liberadamente”. Hay que actuar conforme a ciertas pautas prácticas que limitan la libertad allí donde ha de comenzar la iniciativa ajena. Atropellar las posibilidades ajenas por actuar desahogadamente es ya un principio de “mal”. La libertad del otro es ya en principio nuestra “ley”. Pero también, aunque no se perjudique a nadie, actuar de manera improvisada, imprevista, sin una cierta planificación es dejarse caer casi con certeza en la improductividad y dejar pasar la vida inútilmente. Y esto al llegar la cincuentena se lamenta, desazona y hasta puede deprimir irredimiblemente.
* * * *
Por poco que se valore la vida, o por mucho que se valore el pasarlo bien sin hacer demasiado, siempre resulta doloroso −desazonante al menos− llegar a la evidencia de que no se ha hecho ”nada”. La “nada” siempre asusta, aunque se piense que, con la muerte, no se va a ser “nada”...
Paradójicamente a algunos les entra la comezón de dejar, en su mundo o su mundillo, algo positivo y válido al desaparecer (una obra, una recuerdo colectivo, una herencia que lleve su nombre), cuando debería darles lo mismo: Voy a expresarme como un filósofo latino: Si fueses nada ¿qué más da el puro nombre de la “fama” (flatus vocis)?Y si no fueses a ser nada, sino algo y muy valioso ¿qué más da dejar “nombre” en el mundo, si vas a ser siempre más de lo que tu nombre –y tu obra− expresen?.
* * * *
El hombre actual tiene muchas dudas planteadas: no sabe a qué atenerse y, aun peor, no encuentra filosofía alguna que le oriente.
Los Maestros de la Sospecha le han quitado toda capacidad de confiar y de creer de veras en algo, pues le han presentado todo como trampa, como amaño interesado de una clase para engañar y explotar al ingenuo.
Y algo de esto hay, como un componente colateral de muchos asuntos, pero no lo es todo, ni menos la esencia de las cosas serias... Por eso los menos exigentes de rigor mental se inclinan al budismo o a las confortables (Eduardo Punset, Salvador Panikker y una lama española llamada Ángeles convinieron una vez en televisión que el Budismo era una espiritualidad “confortable”. Y me
pareció una calificación inesperada y genial. Lo que ya no me parecía tan lógico es que un occidental que ha visto lúcidamente lo que hay o pueda haber (de definitiva) se haga lama tibetano...) místicas orientales. Es con lo único que los Maestros de la Sospecha del XIX no se metieron.
Los exigentes no podemos declinar hacia esos arcaísmos que vienen de la noche de los tiempos sustentados por mitos o visiones imaginativas de un cosmos precientífico. Precisamente lo que nos impide a los occidentales creer y practicar esas religiones es su ritualismo y su horizonte imaginario y politeísta. Las ciencias nos hacen críticos para todo ello.
En cambio fiarse de una persona, que por otro lado ha descubierto el mal radical y nuclear de la humanidad, prescindiendo de toda concepción cosmológica, parece la única forma de creer, sin adherirse a una “religión” en sentido arcaico.Lo malo es que las iglesias han ido reconstruyendo obtusamente lo más arcaico de las religiones antiguas en torno a la persona, que no es mito ni rito, sino palabra desveladora de la situación real del ser humano....
Pero extrañamente los más escépticos acerca de los ritos católicos se desviven por hacerse lamas o sufíes. Nunca podré comprender que ningún occidental ilustrado se avenga a identificarse como lamaísta, pues esta religión fragmentada en sectas
politeístas y animistas, reúne todo lo más arcaico y mágico de la historia de los cultos conocida. No me parece que sea tomar la vida en serio.
Ya no me lo parece la dedicación monjil a la práctica cultual intensiva (Al fin y al cabo los altarcitos, pañitos y dulces en que gastaban su tiempo las monjas de clausura eran más dignos que los tangas y modelos de las damas que se hallan en medio del mundo. La intención cuenta. Y lo actual es más vano todavía. Lo mundano es vano, no conduce a nada sustancial, que es lo que deseamos), pero si esas oraciones se perciben despojadas de su hojarasca ritual y se ven como un puente tendido humanamente hacia la trascendencia, tienen mucho valor. Hacia una trascendencia personal que consta bíblicamente que ha estado siempre tratando se comunicarse con el ser humano.
Pero la hipotética comunicación “blanda” con
una energía impersonal e intracósmica que nos sale al paso en todas las cosas, porque es la sustancia misma de nuestro mundo inmanente... no veo por qué ha de valer la pena entregarse a ejercicios de concentración y abstinencias para “purificarse”: ¿De qué?
Algunos dicen que del dolor de vivir. Identifican el mal y el dolor... Pero a los occidentales el cristianismo nos ha enseñado de sobra que el dolor no es tan negativo y que se puede redimir el mundo mediante el dolor... Ya hemos perdido la inocencia o ingenuidad del miedo al dolor. Yo por lo menos la he perdido, así que estas místicas gratificantes (“confortables”) que niegan el dolor no me convencen.
Todo lo que sea negar su realidad a lo que se impone y se mete por todos los sentidos me parecen actitudes maníacas. Yo no me abstendría de los sentidos para negar el dolor, o superarlo sino en todo caso para negar el egoísmo en mí y desapegarme de las cosas, deseos y caprichos que tiran de mí hacia trivialidades que me enajenan de la opción preferencial hacia los carentes.
* * * *
Planteémonos de una vez qué sea lo serio: Y qué sea tomar la vida en serio. Pues unos toman la vida en serio, y otros la fabrican en serie... Son los que viven sobre la base de adoptar modelos convencionales que ofrece la propaganda (que es en el fondo y siempre mercantil...) (Y los que eligen “ser modelo”, esos y esas ya se vuelven
alienación y despersonalización puras: plastifican su personalidad para lanzarla al mercado sin que el manoseo de la clientela los ensucie, pero no se ensucian, se nadifican).
Voy a responder desde mi experiencia de esa vida que ya está, acabando de pasar. No deseo imponer “mi verdad” a todos, como se suele hacer cuando se compromete uno, sólo quiero declarar mi vivencia de haber vivido, habiéndome venido preguntando desde muy pronto (los 18 años) cómo la viviría en serio.
Lo que desde entonces siempre me aterraba, −en un modo de sentir que brotaba espontáneo− era y ha venido siendo, haber vivido para nada (pour rien, diría Sartre, o Heidegger: das entgleiten aller Dinge in das Nichts...: “el resbalar de todas las cosas en la nada”). Teresa de Ávila dice que la impresionaba −de la misma manera− el “para
siempre”, a mí eso no tanto, cuanto la nada, y más todavía el para nada...
Haber sido para nada. Pero una nada lúcida de haber sido, de haber podido ser algo más que nada ...y haberlo dejado pasar por no tomarse la molestia de tomar en serio el tiempo.
Un tiempo que era yo mismo en cuanto posibilidad que pasaba (que estaba continuamente pasando). La gente suele perder (y aun “matar”) el tiempo, como si sobrase, cuando siempre falta, si no se deja de tomar en serio. Y no deja de ser un problema huidizo llegar a saber qué sea lo serio.
Las cosas que la gente se toma muy en serio, vistas desde otro enfoque más sensato o más psicológico, pueden resultar hasta ridículas: premios, homenajes, fama literaria, política, jefaturas, poder, fortuna o lucro. Y soy consciente de que estoy nombrando las cosas que se estiman ser las más importantes.
Pero lo importante no es el disfrute de lo importante (tampoco el no disfrutarlo, todo esto resulta indiferente); tampoco puede consistir en parecer o en tener. Reconozco que es agradable y alentador el reconocimiento de un público, y el tener medios y fortuna, pero todos sienten al final que con sólo eso no se ha conseguido gran cosa, de no estar bastante trivializado.
La fama y los homenajes, lo mismo que los premios son desde luego leve vanidad. El poder, la política y la fortuna no lo son tanto, sino importantes medios para...( sólo medios).
Lo que no que puede uno permitirse es estar plenamente satisfecho y a gusto (existencialmente) con sus brotes narcisistas y gratificaciones individualistas como exclusivo “horizonte” del propio mundo, mientras haya estructuras injustas que atenacen a las mayorías populares (a costa de las cuales se via). Si no, volvemos al tic infantil y narcisista de apetecer el poder para “estar por encima”, ser admirado, dominar a otros y no ser dominado. Y no para servir de algo y bien.
Y esto es poco sano (y en algunas personalidades llega a lo monstruoso). Y desde luego no parece serio. Lo serio es hacer buena política y buena economía, hacer prosperar la producción y la difusión de bienes, y no centrarlo en el incremento sistemático del propio beneficio. O contribuir con el arte y el pensamiento a que el mundo sea más habitable, rico en valores y los hombres más universalmente abiertos a lo bueno, bello y común, no a lo angosto y egoísta de sus propias vidas escasas en valor, desoladas y sufrientes.
Crear, administrar (superando o evitando las estructuras injustas) y enseñar (ayudando a moldear la personalidad de otros y de muchos) es lo mejor que puede hacerse, además de curar, asistir y defender. Y en la vida de quienes no pueden nada de esto por su puesto social de trabajador: amar a los suyos con eficacia... −desarrollar una cultura de la amistad y la projimidad solidaria−.
La paradoja en todo ello es que si un Estado, −como fue el soviético− impide y prohibe por principio el beneficio capitalista, la calidad de la producción y la estimulación empresarial decaen y se acercan a 0; pero si las posibilidades del beneficio son ilimitadas −además de producirse también con inferior calidad aunque de otro modo: procurando con la estética de los productos halagar engañosamente al público que compra libremente y gasta más de lo que puede− la injusticia y la irresponsabilidad social aumentan.
Y los débiles −es decir: la MAYORIA− siguen siendo desgraciados y oprimidos. De un modo y del otro siempre peligra algo, pues las apetencias o no se satisfacen en principio, o no se acaban nunca de satisfacer. Y ello, naturalmente se hace a costa de los más débiles.
* * * *
De lo que voy diciendo, se deduce que el bien consistente y sólido nunca termina en sí mismo, en el individuo y en su bienestar, su gratificación o su engrandecimiento (trivial o momentáneo). Ha de ser participable y difusivo tendiendo a los demás. Es lo más serio. Y todo ello depende de cómo se haga lo que se hace: administrar, sanar, educar, defender u organizar la producción, o producir.
FUNDACIÓN CENCILLO DE PINEDA www.cencillo.com
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Francisco, California 94105, USA.
RESUMIENDO
Luis Cencillo
(El texto siguiente fue sido escrito por Luis Cencillo en octubre de 2007
para Wikipedia y fue eliminado por alguien):
Resumiendo: En cada una de las áreas o
especialidades que he ido tocando he introducido alguna modificación sensible,
a saber:
- Lenguaje,
significación, expresión
- Teoría
del conocimiento ==> Gnoseología general y regionales
- Antropología
integral (comunicación, símbolos, mitos, númenes) ==>
[ Y especialmente: ]
A. Psicoanatomía o articulación intrínseca de
dispositivos, modos de respuesta y reacción, episodios y formaciones de apoyo y
de drenaje, en la vida inconsciente de un sujeto.
B. Imaginario (repertorio inconsciente o
subconsciente, de iconos potencialmente simbólicos, figuraciones y
“radicales”==> raíces del Lenguaje y arquetipos).
C. Nueva sistematización de la Psicopatología,
la dinámica de la Psicodiálysis y las bases de su eficacia.
Ya que la realidad básica del “mundo humano” no
es el clásico conglomerado de las cosas físicas, sino un sistema reticular de
actuaciones y expresión productiva: es decir Praxis.
El mundo real para la especie humana no es ni una
supuesta “naturaleza” (que en el fondo sería un mundo percibido por el hombre
pero del que se ha eliminado la subjetividad formalizadora humana), ni solo
“cultura” o “idea” sino:
- energía (material y psíquica) amorfa
- (natural y tecnológicamente producida)
- que sustenta una praxis colectiva.
- Tal Praxis acaba dando consistencia, viabilidad y forma
- a cada uno de los mundos concretos de cada
sociedad o subgrupo dentro de ellas
- al filtrar aquellas energías en acción por retículas
de expresión práxica, más o menos estereotipadas activas y formalizadoras,
propias de cada lenguaje y sociedad.
- Y gracias a tales Lenguajes formales e idiomáticos
(propiamente dichos), cada vez distintos, y a sus cadenas semánticas de
símbolos (“raíces”), más las investiciones de libido, valor y
significado
- que ya no son lingüísticas, sino que pertenecen al área
de la capacidad objetiva de percibir en concreto, intuir, vivenciar,
significar; capacidad de recombinar significados intuidos y vivenciados en
concreto (valores, axía, Werte) que se generan, o se aprecian como
resultantes efectivas y reales.
- Finalmente, gracias a la Expresividad, la Practicidad
y a la inspiración creativa del Imaginario tradicional
(humano-histórico), generado y propio, en su concreción, de cada
grupo y cada época.
La así llamada Praxis constituye,
produciéndola, la efectiva y verdadera realidad, en sus diferentes aspectos, a
saber:
- material, vital
- institucional, relacional
- cultural, epistémica
- estética e instrumental
Y
este conglomerado consta –lo recordamos una vez
más– de un entramado (en organización sistémica) de significados, valor,
emotividad proyectada e investida en palabra y en gesto. Así se crean los
verdaderos referentes reales del lenguaje
- (que no son las simples ”cosas” ya in facto esse – que,
a su vez, serían así, producto del lenguaje–) sino la capacidad de formarlas,
transformarlas y reformarlas en un proceso indefinido de Praxis historiogénica.
Esto no implica “relativismo” alguno, sino la
indefinida tarea de la especie que [por ese continuo cambio, (más lento o
más rápido) de contenidos, modulaciones, reparto de acentos y estilos] siempre
ha de intentar dar cuerpo y origen a ulteriores o a nuevas formas de configurar
y remodelar sus sistemas de relaciones (económicas, familiares, afectivas,
sociales y políticas, laborales, productivas creacionales, publicitarias,
lúdicas, polemológicas…) a cada tracto temporal –en la variable duración de
cada uno (tracto→ época).
Y por ese constante cambio de significados,
acento y estilo, diversamente interrelacionados por unas formaciones de apoyo
viables y variantes, es por lo que el existir humano es y nunca se detiene en
su evolución como historia.
Esta propiedad obedece a la peculiar manera de
ser el hombre genérico ánthrôpos [no solo ánêr (varón) o thêlys (hembra)].
Antropología
La Antropología ha de ser integral. Ha de
tratar de lo humano en cuanto humano como riguroso "objeto formal".
Los estudios etnológicos, paleontológicos y culturales son solo preparación
para lo formalmente antropológico de la investigación.
Todo lo que sea describir
o concebir al “Hombre” en términos de un organismo −tal como anatómicamente se
le percibe y se le representa− es pura metáfora.
Resulta indescriptible si pretendemos limitamos a
su corporeidad visible, o lo tratamos como un compuesto de partes designables.
Y solo podría aceptarse lo que se diga en
términos de “dimensiones” o de “aspectos”.
Estas dimensiones las hemos identificado (a
partir de las diferentes y típicas experiencias existenciales) desde 1971 como:
Desfondamiento.
Que a su vez
se despliega según los casos, en
- Negatividad→ Autoplasticidad
- Excentricidad → Orientabilidad (“Orientandidad”,
palabra que no existe, pero que propongo porque el concepto es “que ha de ser”
orientado y no “que puede ser” orientado)
Todo lo cual, unido a la Praxis (su mundo “real”)
hace que sus comportamientos posean la propiedad de resultar éticos/antiéticos.
Desfondamiento
(gr.
athemelía, alm. Grundlosigkeit):
Carencia de programación innata, o de base
invariable y fija, −naturalmente dada−, para desarrollar comportamientos
complejos, o siquiera para conocer, conocerse, valorar y optar.
Los esquemas
de acción complejos, en cuanto conducta −y aun algunos de pura predisposición
simple− ha de aprenderlos cada individuo por educación, entrenamiento y
“principios” (ética).
Y este “desfondamiento” es el precio de:
- tener conocimiento universal, y abstracto
- percibir en su conciencia la “calidad moral” de sus
acciones
- crear formas y conjuntos insólitos
- pasar de la ideación a la realización material
[esto sería el sentido real de la expresión
bíblica que caracteriza al hombre en sus dos sexos como tselem wedemut: un
“infinito” incoado y nunca pleno].
Con los siguientes corolarios
Negatividad
Solo el hombre
puede:
[negar la
existencia de algo, o la suya propia y aun afirmando la existencia]
- negar sus
cualidades
- negar sus
relaciones,
- negar sus
valores.
- Prescindir de lo presente para centrarse en
contemplar lo ausente → Imaginar cómo serían las cosas si no fueran como han
llegado a ser (por eso puede el hombre ser creativo).
Reducir
alguien existente y real a la “nada” axial es el efecto de la
palabra-insulto. Y hacer sitio [crear nuevos ámbitos de presencia] a lo
Nuevo...
Frontería
En una
cuádruple vertiente:
- trasponibilidad (en el deseo y la imaginación al
menos) de cualquier límite. Y es que el mundo real tiene una
constitución que incita ir más allá de todo límite
bien por
- solicitación múltiple por parte de estímulos opuestos →
- la ambivalencia aspectual y axiológica de todo “objeto”
dado →
- duda (a veces inevitable) acerca del deber o de la
prohibición del “paso de frontera.”
Indefinitud
El ser humano
no vive ni se siente, al existir, clausamente “finito”, ni tampoco como una
especie de “infinito”, ni siquiera como indefinido (pues no le da igual lo que
suceda ni lo que se opine, ni cómo se valore, o ni siquiera cómo él mismo
actúe).
Toda su
existencia flota entre posibilidades dudosas, siempre entre un arrastre hacia
“lo más” y una fatiga o desmoralización ante “lo incolmable” como un infinito
puramente virtual que se resiste a caer e instalarse en la ilusión pero
necesita aspirar a algo que le supere.
Por supuesto,
esta flexibilidad o transformación continua, indeterminada y ambivalente tiene
la consecuencia de la Autoplasticidad de perfiles y actitudes del hombre
como especie, como miembro de clase y como individuo.
Excentricidad
Hay en la
estructura mental del ser humano una exigencia del "Centro", que
mientras no encuentre cuasi iniciáticamente deja al sujeto al margen
provisional de lo "realmente importante".
Orientabilidad (más exacto: Orientandidad)
De ahí que el
hombre como especie, grupo e individuo busque necesariamente modelos, sistemas,
referentes universales, siguiendo cuyas líneas se realice, pero en ello es muy
fácil el error opcional.
Tensionalidad multipolar
Aun entonces,
siempre subsiste el ser humano tenso entre contrarios y variables de los cuales
no sabe o no acierta a primar. De todo este problema y para cuya solución se
van originando las sapiencías, las revelaciones y la ética.
”Ética”
NO es en sí misma un sistema de pautas, preceptos, o gestos rituales, sino un modo
de comprender la conveniencia o inconveniencia de cada una de ellas, aquí y
ahora, entre diferentes posibilidades de actuar (en definitiva
construyendo, destruyendo, valorando y transformando). El "bien"
resultante puede describirse como:
A. Extrínsecamente:
a. Capacidad de relaciones sociales elásticas y
pluridimensionales
b. Canalización adecuada de energías
c. para cumplimiento suficiente de deberes y deseos orientados y
productivos
d. y desarrollo de una dinámica creativa y progrediente (no queda
estancada).
B. Intrínsecamente
a. bienestar psíquico generalizado
b. seguridad endógena: autoposesiva y autoponente (asertiva,
autoexpresiva, productiva)
c. apertura comprensiva
d. fruición del propio vivirse y del propio actuar
e. mínimo de creatividad.
Filosofía
- Reflexión [o Esfuerzo Imaginativo-Lógico: conceptual
abstracto o imaginativo concretivo]
- para comprender (cum-prehendere:“abarcar-todo-junto”)
- del modo más abarcativo, interrelacional, completo y
riguroso posible
- los mayores conjuntos de realidad,
- y las contextualizaciones (de unos en y por otros)
- sin atarse a un modo de proceder rígido ni siempre
constante
- aunque siempre según algún método pertinente y
controlador
- apropiado al área, aunque variable (sensible al
cambiar de nivel, horizonte y/o dimensión).
- La Filosofía es un conocimiento que tiende
orientativamente al máximo rigor
- mas sin tener que mantenerse para siempre en la línea
de un método vigente, reconocido por el colectivo de los investigadores como
prioritario (o como único válido y reconocido) y “oficial”.
La llamo concreta porque no se detiene ni siquiera en la frontera de las
abstracciones tradicionales. Llegado pues el caso puede tener interés y medios
para estudiar lo real y concreto en cuanto tal.
Se centra como su punto de arranque en –o al
menos parte de…− la Gnoseología...
- Siempre me ha parecido que no se puede prescindir del
modo propio del primer contacto –informacional y cognitivo cuando menos, que
haya podido establecerse –entre un sujeto que reflexiona acera de la realidad
de algo o del Todo, y esos conjuntos de realidad supuestamente dada, sobre los
que reflexiona.
- La reflexión filosófica no solamente se centra en el
objeto, sino que se extiende a su modo de dación
o a
sus componentes sémicos, axiales, sociales subliminales y conceptos-iconos.
o ...y
a la palabra…
Principios Metodológicos
La formulación de un sistema de principios, por
muy artificial que parezca, resume sistémicamente la dinámica, la articulación
fásica y cronológica de una supuesta naturaleza del ser humano, a saber:
- pr.
Holísico – pr. de Diferencialidad
- pr.
de Tendencialidad – pr. de Realidad
- pr.
de Posibilidad / pr. de Mayor Rendimiento
- pr.
Controlabilidad / pr de Radicalidad
- pr.
de Atención flotante / pr. de Avance Regresional
NOTA: el comentario extensivo se halla en
Interacción y Conocimiento t. II (Salamanca, 1988) cap. 6, p. 125 ss.
Psicología
La Psicología,
como un saber riguroso, no es una transcripción al lenguaje convencional,
canónico o matemático, de una serie de observaciones superficiales, sino que
debiera ser un ahondamiento en lo característico, específico y propio de lo
humano, visto ante todo y sobre todo en un ámbito diferencial de individuos o
pequeños grupos de sujetos de observación (otra cosa sería Antropología). El
hecho de que no haya un lenguaje todavía consagrado para hablar de lo
específico humano no es un impedimento, hay que crearlo como han hecho todas
las ciencias y hasta ahora el lenguaje que parece más apto a la densidad de
cada ejemplar de la especie humana es el personalista. En vez de hablar de “psiquismo”,
de “agente” o de “capacidades”, parece más comprehensivo hablar de “persona”.
La ”Persona” connota mayor densidad, vitalidad individualizada y dignidad que
“sujeto” y se compone de formaciones de apoyo, de más o menos complejidad o
consistencia estructural, de un potencial de reserva energético, de unas vías
de canalización centrípeta y centrífuga para recibir información y transmitir
comportamientos energetizados y unos dispositivos de conversión o filtros que
producen la transferencia de aprendizajes y otras mutaciones de nivel y de
calidad de sus contenidos que son típicamente humanas.
Junto con ello se supone desde la experiencia
personal una conciencia de identidad, autoestima, diferentes formas de
consciencia y valoraciones diversas de los propios actos.
La corrección de las irregularidades y desajustes
en esta economía de la densidad individual de cada ejemplar humano se suele
introducir. Esto es a lo que llamamos Psicoterapia.
La Psicodialysis consiste en ir dejando
que fluya todo el peso de las vivencias del pasado que oneran la consciencia
del paciente e ir al mismo tiempo, conforme el material y la disposición de
aquel lo permita, enlazando e interrelacionando los significados de unos con
otros, y con su vida concreta que ha evolucionado en sentido irregular.
Hay un arrastre de la palabra y de las imágenes
que se van formulando y concretando durante el proceso terapéutico, que con
mayor o menor intensidad, movilizan la personalidad profunda del paciente,
supuesto un mínimo de transferencia, es decir, de apertura confiada y sin
reservas al espacio de comunicación que se forma entre el paciente y el
terapeuta.
Cuando todo va estando explorado y la vida
inconsciente percibe que va a haber un cambio radical obligándola a salir de su
cómoda matriz de ventajas secundarias, se produce un periodo más o menos duro y
difícil de resistencias.
Una vez superado esto, viene la integración de lo
que antes estaba incoherentemente disperso y empieza a sentirse la realidad de
manera adulta y compleja, planteándose entonces cuestiones de ética, pero una
ética que no puede ser impuesta por el terapeuta sino que ha de ser
mayéuticamente elaborada por el paciente, sobre la base de valores éticos
previamente conocidos por el sujeto, más otros descubiertos en el curso de la
terapia. Lo principal es que en lugar de ser una ética impuesta sea una ética
elásticamente asumida como convincente para el agente de la nueva conducta.
Hermenéutica
Todo conocimiento real tiene un momento
hermenéutico. Es decir ha de ser complementado por una interpretación en cada
caso y circunstancia biográfica o histórica diversa. Por lo tanto, estamos
interpretando siempre algo de lo que nos parece conocer con certeza.
La diferencia de mi concepción de la hermenéutica
respecto de Freud y otros autores está originada por las traducciones
paleográficas de los filólogos, de lenguas en las que no hay diccionario.
La inmensa mayoría de los autores piensan que el diccionario lo
construye el jefe de la escuela y queda consagrado para siempre.
RECENSIÓN: CÓMO PSICOANALIZAMOS
Dra. Silvia Jiménez. Directora de formación de IPSA-Levante
FICHA
TÉCNICA
EDITORES: Javier
Castillo y Raimundo Guerra
RELACIÓN DE AUTORES:
Dr. Javier Castillo Colomer, Dr. Raimundo Guerra, Dr. Francisco Santolaya
Ochando, Dr. Juan Carlos Pastor, Dr. Luis Cencillo Ramírez de Pineda, D.
Enrique Galán Santamaría, D. Mikel García García, D. José María Herce, Dña.
María Ángeles Ortiz Oria, Dr. Vicente Manuel Ortiz Oria, Dña. María Teresa
Fuente Redondo, Dña. Silvia Tarragó Garrido
TÍTULO: Cómo
Psicoanalizamos. De cómo la psicoterapia aborda el padecer humano
EDITORIAL: Manuscritos
EDICION: 2008
PAGINAS: 319
FORMATO: 21 x 14
LA OBRA
“Cómo Psicoanalizamos. De cómo la psicoterapia aborda
el padecer humano” es un libro innovador. A los psicólogos en general, y a los
psicoterapeutas de orientación psicoanalítica en particular, nos es difícil
encontrar, porque prácticamente no existen, libros en castellano donde se
recoja la práctica clínica desde una perspectiva psicoanalítica. Es prolífica
la publicación de obras sobre la teoría psicoanalítica tanto ortodoxa como
heterodoxa, sin embargo, son escasos, por no decir inexistentes, los libros
donde se de a conocer cómo se lleva a cabo esta teoría en la práctica diaria.
Es normal que esto sea así, ya que es una tarea compleja sintetizar en unas
pocas páginas la difícil tarea de los psicoterapeutas.
Los editores de esta obra, los Doctores
Javier Castillo Colomer y Luis Raimundo Guerra Cid, han tenido el acierto de
reunir las experiencias de la práctica clínica de doce psicoterapeutas de
reconocido prestigio, que exponen cómo llevan a cabo su trabajo de una forma
rigurosa, clara y sistemática. El lector puede encontrar en este libro
experiencias clínicas que van desde la práctica privada a la pública, desde
orientaciones más ortodoxas hasta perspectivas más heterodoxas e integrativas,
pero todas ellas con el punto en común de la amplia formación y la gran
experiencia de los diferentes autores.
Es una obra interesante para todo
estudiante y profesional de la psicología y la psiquiatría ya que en ella
encontrará diferentes estilos y formas de entender y llevar a cabo la práctica
terapéutica. El estudiante a menudo desconoce los diferentes caminos formativos
que puede seguir. Este libro puede serles de interés, ya que muestra cómo
psicoterapeutas con puntos de vista diferentes en su formación, llevan a cabo
su trabajo en diferentes ámbitos.
Por otro lado, creo importante resaltar,
que es un libro que puede resultar interesante para toda aquella persona
interesada en conocer cómo trabaja un psicoterapeuta de orientación
psicoanalítica. El desconocimiento, por parte de la sociedad en general, de
cómo se lleva a cabo un proceso terapéutico dificulta, en ocasiones, que se
acuda a terapia cuando se necesita y también puede interferir en el proceso
mismo. Por ello, la lectura de este libro puede resultar una ayuda para
aquellas personas que necesiten ayuda pero que se encuentran indecisas.
Por último decir que es un libro sencillo
y claro de leer, que aún teniendo unas líneas directrices claras seguidas por
todos los autores ha respetado la singularidad de cada uno de ellos y que, ante
todo, muestra el profundo respeto que todos los profesionales sienten por sus
pacientes y su confidencialidad, por su trabajo y por el de sus colegas.
RECENSIÓN: EFICACIA DE UNA TERAPIA DINÁMICA
Dr. L. Raimundo
Guerra Cid
FICHA
TÉCNICA
AUTOR: Luis
Cencillo Ramírez.
TÍTULO: Eficacia
de una terapia dinámica (en versión dialytica)
EDITORIAL:
Manuscritos.
EDICION: Junio
de 2008.
PAGINAS: 289.
FORMATO: 21 x 14
LA
OBRA
En multitud de ocasiones mis alumnos me han oído hablar, medio en broma
medio en serio, a cerca de la existencia de un top ten donde salen reflejados
los que considero los mejores 10 libros escritos sobre psicoanálisis. Cuando me
preguntaban que libros estaban en esa lista, solía contestar que no lo tenía muy
claro pero que sin lugar a dudas el numero uno era “La práctica de la
psicoterapia” de Luis Cencillo.
Este libro que hoy les presento es heredero de esa obra, durante largos
años preguntaba al profesor Cencillo porque no se volvía a reeditar la práctica
de la psicoterapia, a lo que el me solía responder que habría que rescribirlo.
Eso es precisamente lo que hizo rescribirlo pero otorgándole una mayor
clarividencia con una experiencia clínica y un conocimiento de 20 años añadidos
a la publicación de la práctica de 1988.
Es su última obra, el último legado sobre psicoterapia que nos ha dejado
y publicada cuatro días antes de su fallecimiento; los que conocemos su obra
psicológica observamos una mayor
claridad en la expresión de los contenidos, algo que siempre se observa en
estas mentes geniales al final de su obra, viendo como explican con tanta
evidencia su conocimiento y asunción de “como son las cosas”, las mentes
preclaras cuando llegan al final de su trayecto dejan para los demás un conocimiento más manejable en sus últimas obras
en relación con su trayectoria, ejemplo de esto a parte de la obra que nos
ocupa, ocurre con otras por ejemplo en la última obra de Winnnicott (“Realidad
y juego”) o en la de Adler (“El sentido de la vida”).
“Eficacia de una terapia dinámica” comienza con un mensaje claro y
contundente una máxima que resume la manera de operativizar la psicoterapia, solo podemos dar una
adecuada atención al paciente y comprender su caso si lo hacemos desde la
concreción de esa persona que tenemos delante y no desde un modelo
predeterminado (un axioma bastante claro de la escuela de Cencillo).
Desde esta premisa el libro continúa
mostrando al lector los diversos elementos que contribuyen a la aparición de
los desajustes de la personalidad y sus claves. Esto se fundamenta desde el
abordaje de las paradojas humanas y comunicacionales. El autor a este respecto
señala tres fundamentales: la paradoja del síntoma que presenta el paciente,
entre la que se halla inmersa su vida y finalmente la que se produce en el
orden comunicológico con el terapeuta al hilo de la transferencia. Las
paradojas vitales, sobre todo las iniciales acontecidas en la infancia
delimitan el camino a seguir de la estructura de la personalidad de manera
impronosticable, dando lugar a consecuencias impredecibles. Aún con la
dificultad que tiene desenmarañar estas primeras paradojas su resolución no
basta para ajustar totalmente la personalidad, pues el efecto de estas primeras
paradojas a las que el sujeto se vio sometido han seguido un camino autónomo
creando a su vez estructuras, subestructuras y variando diferentes partes de la
personalidad “trayectorias simbólicamente sobredeterminadas”.
Esta visión que Cencillo muestra se asemeja mucho a las perspectivas
contemporáneas en antropología evolutiva y sapientización sobre teoría de la
evolución hominida, en concreto las que se relacionan con los sistemas
autopoieticos y caóticos, dado que en la practica clínica los terapeutas
observamos que los síntomas y sus consecuencias también pueden constituirse en
un sistema autónomo y de efectos múltiples siguiendo a menudo trayectorias
dispares en un caos, aunque sin total ausencia de orden.
Precisamente a través de la discusión sobre la dinámica y el tratamiento
del síntoma podemos encontrar algunos de los párrafos más brillantes de este
libro. La concepción que Cencillo tenía de los diferentes aspectos del síntoma
están muy lejos de la mayor parte de las corrientes de la psicoterapia
contemporánea, básicamente porque para él suelen ser más representativos de la
desestructruración del individuo las “conductas simbólicas” metáforas
representativas de la labilidad psíquica del ser humano que van más allá de lo
meramente sintomático pues difiere en modos de expresión de aquel.
A través de esta perspectiva el
autor va delimitando a lo largo de esta obra su fundamentación teórico-práctica
de un modelo que había creado más de 3 décadas antes. Por ello a modo de manual
eficaz, transparente y flexible -dejando paso a la creatividad elástica de cada
uno- el autor nos va transmitiendo el proceso fasico en el que consiste la
terapia y los pormenores y características de cada una de esas etapas. Pero
esta concepción de la psicoterapia no es estática sino lógicamente dinámica y
abierta a lo sorpresivo que los ritmos concretos de cada paciente puedan
aportar a su singular psicoterapia, así como el manejo idiosincrásico con el
que el psicoterapeuta actúe.
Es en esta parte intermedia de la
obra donde el autor expone el fundamento de su
psicoterapia dialytica, concepto que etimológicamente trata de
ilustrarnos sobre una diferencia crucial entre el análisis (observación fría de
determinados factores) y la diálisis (observación y devolución drenada al
sistema observado de esos elementos que previamente han sido analizados).
Todo ello es acompañado en la parte
final del libro por el cuidadoso estudio para
el psicoterapeuta de una herramienta básica: el tratamiento del material
que el paciente nos aporta y su hermenéutica, faceta ésta en la que el Profesor
Cencillo ha insistido en tratar con sumo cuidado y atención a lo largo de su
obra. Indicando al lector que esta labor ha de hacerse a través de parámetros
singulares y siempre con la cautela del científico que está manipulando
variables y tratando de comprender de manera no sesgada los resultados que de
su investigación se desprenden.
RECENSIÓN: ASESORAMIENTO, QUÉ TÉCNICAS, QUÉ FILOSOFÍAS
Dr. D. L. Raimundo Guerra
FICHA
TÉCNICA.
AUTOR: Luis Cencillo.
TÍTULO: Asesoramiento: qué técnicas, qué
filosofías.
EDITORIAL: Ediciones idea, Santa Cruz de
Tenerife, 2005.
PÁGINAS: 123.
FORMATO: 20 × 13
PRINCIPALES
PUNTOS DE INTERÉS DE LA OBRA
Esta nueva obra del Profesor Cencillo a cabalo entre la
psicoterapia y el asesoramiento filosófico nos parece básica para el correcto
entendimiento y manejo de determinadas patologías psíquicas. En especial
aquellas en las que está implicada de manera clara la crisis y el vacío
existencial.
Los principales puntos de importancia de
este libro serían:
- La distinción que se realiza de lo que
es el asesoramiento filosófico de una psicoterapia psicoanalítica. Por ello el
autor insiste en no
equiparar el
asesoramiento con la psicoterapia en el sentido de que por sistema uno
sustituya al otro. De hecho se hace hincapié en que la
psicoterapia sea indicada para problemas más profundos, a la vez
que se indica
en que circunstancias es necesario hacer uso del asesoramiento.
-
El respeto por el mundo del paciente por extraño o extravagante
que le parezca al terapeuta en los inicios de las sesiones.
- Las preguntas necesarias que han de
hacérsele a un consultante cuando planteé
problemáticas sobre sus relaciones amorosas. Dicho aspecto lo
incluyo en mi último libro, al final de los capítulos
sobre el amor en combinación con las Afectopatologías que
trato, pues es un protocolo de parámetros tremendamente
brillante y resolutivo a la hora de hacer reflexionar al paciente sobre
la arbitrariedad de su elección de pareja.
- El poder aportar una ayuda desde la propia internalización de
la filosofía y no dar “preparados” sin elaborar,
como muchos hacen hoy en día con la filosofía oriental.
Muchos “pseudoterapeutas” pueden terminar
“delirando” si empiezan a mezclar presupuestos de la
psicoterapia, la salud
psíquica y la filosofía oriental de manera
asistemática y arbitraria.
-
La utilización correcta de la mayéutica en detrimento de
meter sesgos propios en las sesiones y señalárselos al
paciente que son proyecciones
del terapeuta, (a menudo sus propias obsesiones).
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