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Luis Cencillo
Luis Cencillo. Foto: J.E. Lamarca


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OBITUARIO

Dr. D. L. Raimundo Guerra Cid.


El miércoles, 25 de junio, falleció en Madrid Luis Cencillo en el Hospital San Rafael de los hermanos de San Juan de Dios a los 85 años de edad.

Con su figura se ha ido posiblemente el “último sabio”, un humanista a la antigua usanza de formación brillante y extensa. El legado que el Profesor Cencillo ha dejado es tan extenso que probablemente necesitaremos varias décadas para desentrañar correctamente algunas de sus teorías más complejas sobre psicoterapia dinámica, filosofía y antropología.

Doctor en Filología clásica, Licenciado en Teología, Filosofía y Derecho se diplomó también en Psicología en Friburgo cuando en otros países como España aún no se había implantado como disciplina en el ámbito universitario. Así mismo fue el primer Decano de la Facultad de Psicología de la Universidad de Salamanca y Catedrático de Antropología con la extensión de Psicología Dinámica en la misma facultad. Formado también como psicoanalista y antropólogo creó un método singular de psicoterapia -La psicoterapia dialytica -. Sin duda fue ésta el área en el que más insistió e investigó, dado que en ella veía reflejada todas las vertientes que la realidad humana contiene. También fue Docente en varias universidades europeas y españolas formando en disciplinas como la filosofía, la antropología y la psicoterapia a miles de alumnos en el viejo continente.

Para sus discípulos más cercanos el Profesor Cencillo además era un confidente y un consejero, aunque sus consejos eran pronunciados de modo sutil dado que no decía lo que habríamos de hacer sino que señalaba las opciones que la realidad mostraba y que probablemente no contemplábamos. Todos los que hemos estado cercanos a él le hemos vivido aproximadamente de esta manera, como un sabio con un gran conocimiento y dedicación projimal y altruista. Por todo lo escrito hasta ahora se hace más paradójico que no haya trascendido más su vasta y compleja obra, dado que Luis Cencillo publicó más de 60 libros de diversos temas: psicología, psicoterapia, epistemología, filosofía, teología, antropología o arte.

 De todos ellos el último publicado, días antes de su muerte “Eficacia de una terapia dinámica”, constituirá a buen seguro una de las principales referencias en la psicoterapia contemporánea por ser heredero de una de sus mejores obras “La práctica de la psicoterapia” pero escrito con 20 años más de experiencia clínica y de conocimiento global.

Entre quienes le conocimos, hay a veces cierta tendencia a la crispación dado que se entiende que su obra no ha trascendido lo suficiente, aunque de todos modos él siempre decía que nunca le iban a dar un premio por su obra y que éste, en tal caso, llegaría “Cuando hubiese fallecido”; señalaba bromeando y relatando la parafernalia a la que sus discípulos más próximos nos veríamos sometidos. Sin embargo, no es del todo cierto que su figura y métodos sean desconocidos o estén en el olvido pues son muchos los terapeutas que conocen y practican el método de Luis Cencillo, eso sí, de una manera heterodoxa y no al pie de la letra pues recalcó por cientos de veces en sus clases y obras que al paciente se le ha de tratar desde la concrecidad de sus claves y no desde los apriorismos de escuela (ni siquiera de los suyos).

Por todo ello no será probablemente la mejor estrategia echarse las manos a la cabeza porque todos los medios de comunicación no se hayan hecho eco de su fallecimiento, sino seguir una trayectoria de trabajo fiel a su estilo integrador de humanidades pero filtrado desde la personalidad concreta de cada uno de nosotros, ese es precisamente el mayor sentido de toda su obra intelectual.









Un sabio






LUIS CENCILLO RAMIREZ DE PINEDA: DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

     Teresa Arias

 

Luis Cencillo Ramírez de Pineda nació en Madrid, el 12 de Enero de 1923, en el madrileño barrio de Chamberí, c/ Santa Engracia nº 17. Dadas las profesiones, cargos y hobbys de algunos de los miembros de su familia, pudo recibir desde su infancia, infor­mación importante acerca de las novedades de la época, tanto nacionales como internacionales. Su abuelo materno, Francisco Ramírez, fue jurídico de la armada y consejero delegado de Transmediterránea. En su casa recibía visitas de Gaos y Halffter. Dos tíos maternos, eran diplomáticos. Uno, discípulo de Bes­teiro, fue cónsul de España en la Habana, Nueva York y Alejan­dría. Otro, fue pintor en el París de antes de la guerra y después jefe del gabinete diplomático del Ministerio de Estado y miembro de la representación española en la SDN en Ginebra. Sus visitas - decía Cencillo - "arrastraban aires y objetos exóticos" (Anthropos, nº136, 11). Su padre, consejero de Unión Naval de Levante, fue asesor jurídico de la fundación de CAMPSA y más tarde, secretario general de esta compañía. Era aficionado a la adquisición de publicaciones de viajes, exploradores, cronistas de Indias y antropólogos y era amigo de arqueólogos, como Pérez de Barradas y Martínez Santaolalla, con quien Luis Cencillo visitó algunas excavaciones y después estudió. Su abuelo paterno, Jesús Cencillo, fue delegado de Hacienda en Oviedo, Salamanca y Valencia y su biblioteca, sirvió a Luis Cencillo en su juventud, durante la guerra civil española. 

De su primera infancia, le viene ese enfoque múltiple de las cosas, que le caracterizó. Decía él “Haber empezado a conocer y a retener una imagen continuada del mundo entorno antes de la posesión del lengua­je”,  le “situó ya para siempre en un enfoque múltiple de las cosas y en su duplicidad de puntos de vista” (Anthropos, nº 136, 10). En 1924, se produjeron los descubrimientos arqueológicos en las tumbas del Valle de los reyes en Egipto, y su divulgación originó la moda de la decoración egipcia, incluso en las telas utilizadas en las prendas de vestir. Al año de edad tenía Cencillo, un trajecito de "tela Tutankamon" (una fotografía suya de esta época aparece en el número 136 de la revista Anthropos al que estamos haciendo alusión) y más tarde cuando recibió algunas explicaciones de lo que era aquello, se implantó en él, una nueva dimensión "la del cambio histórico: resultaba que todo cambiaba, hasta las letras" (p. 10).

Desde muy temprano (1927-28), contaba cuatro años de edad, comenzó a percibir "un mundo conflictivo y paradójico" en el que, él mismo dice, no le hubiera sido posible subsistir, sin la elaboración de la reflexión filosófica. (Cencillo 1989 “La reflexión filosófica como modo de vida” en N. M. Sosa y V. Ortiz (edits.) “Entre las ciencias humanas y la ética” p.15). En su entorno, se nombraba con frecuencia a Ortega y a Unamuno, por sus manifiestos en cues­tiones políticas. Los nuevos métodos pedagógicos de la Insti­tu­ción Libre de Enseñanza y el Instituto Escuela, estaban tam­bién en las conversaciones y se confiaba en el poder de la reflexión (p. 16). Además transcurría la década de los 20 novedosa y creativa, en la que contrastaba la dualidad tradición-modernidad, tanto en la arquitectura, mobiliario... y estética de la época en general.

Algunos recuerdos de entonces, eran sueños en los que apare­cían templos, catedrales, figuras decorativas del momento. Sus preguntas sobre el significado de todo ello recibían siempre la respuesta, de que eso pertenecía a la mitología, lo cual empezó a atraer su interés como “"zona" privilegiada de miste­rios  y  numinosidad (Cencillo. Rev. Anthropos, nº 136 , p.11). Comienzan entonces - dice Cencillo- a complicarse notablemente las distintas “áreas de realidad” mitología - fantasía - arte - historia - realidad antigua (primitiva) - realidad cotidiana - sueños . Desde el final de la década de los 20 (1927) hasta el comienzo de la Guerra Civil  española, impera un clima sociocultural lleno de contrastes que se desestabiliza rápidamente. En temas internacionales, está en boca  de todos el poder y autoridad que va ganando Hitler, "la anexión de Austria, la guerra de Abisinia..., hechos todos de extremada violencia para la sensibilidad de la época" (Cencillo. En Sosa y Ortiz, 1989: 17).

El 14 de abril de 1931 se proclama la 2ª República y tras los sobresaltos por la quema de iglesias y colegios religiosos en las principales capitales españolas, Cencillo ingresa con 8 años en el Liceo francés, simultaneando estudios de historia y geografía francesa y española otro motivo que contribuye a la percepción de realidades distintas y a la multiplicidad de enfoques. Por parte de su familia recibió una formación cató­lica liberal, pero nunca en los centros donde estuvo, se le impuso una práctica católica.

Cuando comienza la guerra civil, su actividad escolar oficial inicial quedó interrumpida, Cencillo tenía trece años y estaba en plena crisis de la pubertad, agravada por la inadap­tación a los chicos de su edad y sus gustos, con los que no coincidía. Hasta ahora, sólo la arqueología le resultaba interesante. Sus intereses iban por derroteros opuestos al deporte o los héroes del cine o del cómic, y había que organizar unas defensas que ayudaran a subsistir, y lo hace, comenzando su andadura por la reflexión filosófica.

El estreno de “Bodas de sangre”, que vio con sus padres poco antes de la guerra es un recuerdo importante por la gran impresión estética que le causó y como en la guerra hubo de aislarse durante los dos primeros años de la misma, le sirvió para estudiar sin ser influenciado por planes de estudios, ni métodos pedagógicos interesándose fundamental­mente por el análisis matemático, el griego, el alemán, la literatu­ra y la filosofía, además de los clásicos castellanos, sobre todo de teatro, los románticos, los líricos, Pérez  Galdós y Pío Baroja, Benavente, García Lorca y Alejandro Casona, Piran­dello, Shakespeare... y se aventuró a escribir 14 obras de teatro (en prosa y en verso) y una novela “Historia de un hombre vulgar”. En Filosofía, se inició con unos estudios monográficos de Jonhas Cohn sobre Descartes, Spinoza, Kant y Fichte, que había comprado en la Feria del Libro de 1936. Continuó con Platón, Hegel, Nietzsche, Schopenhauer, Cohen, Messner, Scheler y Rickert.

Al acabar la guerra civil, tenía 16 años y estaba intelectual­mente seguro y preparado para pasar los cuatro cursos de bachillerato y el “Examen de Estado” que tenía pendiente. Su padre quería que se iniciara en el mundo de los negocios y le consiguió un empleo de Banca en Londres, pero estos planes quedaron eliminados al declararse la 2ª guerra mundial en septiembre de este mismo año (1939). Determinó hacer filosofía, pero su familia se opuso, por lo incierto del futuro con una carrera como ésta y se matriculó en Derecho en la Universidad Central obteniendo la Licenciatura en 1942. El año anterior, “En marzo de 1941 tuve la intuición de que Dios existía real­mente (lo “vi” con la misma intensidad o aún mayor que la del mundo real y pragmático)” (Anthropos, 136, 12) lo que le llevó a introducirse en otra vía de reflexión con las obras de San Juan de la Cruz y Alonso Rodríguez. En otoño de este mismo año, comenzó Filosofía y letras, carre­ra con la cual se había sentido identificado, pero las ilusio­nes y expectativas puestas en ella se vieron frustradas, decepcio­nán­dole mucho la falta de sistematicidad en las asig­naturas, que contrastaba enormemente con el rigor metodológico de la Facultad de Derecho. Esperaba conocer a fondo a los clásicos y encontró temas de actualidad como la "angustia" y el "anclaje en la existencia". Los autores frecuentados eran Kierkegaard y Jaspers "Sartre era todavía un desconocido y Heidegger impe­netrable, pues no estaba traducido" (p. 12).

 En los cursos de doctorado de Derecho (estudios superiores de Derecho Penal), obtuvo su primera información sobre psicoanálisis por Sánchez Tejerina que explicaba a Freud, Adler y Jung como autores clave para la comprensión de la personalidad del delincuente. Allí volvió a encontrar a Martínez Santaolalla en Antropología, con quien visitó, siendo niño, algunas excavaciones. En 1944 realiza el Servicio Militar.

Decidió no renunciar a la filosofía y cursarla en la hoy Universi­dad Pontificia de Comillas donde encontró un mayor rigor. Se dedicó entonces a estudiar a fondo a Del Vechio, Kelsen, Radbruch, y Recaséns, así como las éticas de Aristóteles, la Summa Theológica de Aquinas, Suárez, Kant, Hegel y Croce y también a los axiólogos Hartmann y Scheler e intentando leer a Heidegger en el origi­nal. Realizó los “cursos comunes” de la Facultad de Filosofía y letras, y aprobó las oposiciones para profesor de Filosofía del Derecho en el centro de estudios universitarios (CEU) comenzando allí su actividad docente. Al terminar los cursos comunes de filosofía decidió especiali­zarse en filología clásica, adquiriendo conocimientos filológicos del mundo antiguo estudiando latín, griego, sánscrito y más tarde complementaría estos conocimientos con el hebreo que estudió en Innsbruck.

En 1951 obtuvo la Licenciatura en Filología Clásica por la Universidad Central y en 1953 la Licenciatura en Filosofía por la Universidad Pontificia de Comillas. Desempeñando la plaza de bibliotecario en la Facultad pudo manejar las fuentes da la filosofía antigua, medieval, renacentista y barroca, así como los comentaristas de Aris­tóteles (editados por la Academia de Prusia) y elaboró la tesis doctoral de filología clásica, un trabajo sobre Aristóteles, muy elogiado en los círculos de expertos en el tema, Tesis que versó sobre la “Mate­ria en el Corpus Aristotelicum”, dirigida por Leopoldo Eulogio Palacios, presentada en 1955 y publicada en 1958,  por el CSIC con el título de Hyle”.

En 1954 obtuvo la plaza de Ayudante en la Facultad de Derecho de Granada, donde además comenzó Teología en la Facultad Pontificia de la Cartuja, adquiriendo no solo conocimientos teológicos, sino mayor conocimiento del mundo antiguo semita, e iniciándo­se en la hermenéutica, el mundo de los símbolos y los ritos, la literatura gnóstica y las sectas medievales.

En 1956 es contratado como Lektor de español en el departamen­to de Alwin Kuhn en la Universidad de Innsbruck y allí conti­núa sus estudios, recibiendo enseñanzas de Coreth, Rahner y Hoffbauer. En este período llegó a sus manos, de forma casual, un ejemplar de Jung, “La psicología de la transferencia”. Al leerlo, no pudo por menos que entregarse a la lectura de este autor y de los clásicos del psicoanálisis, aprovechando un retiro vacacional al castillo de Tunzenberg (Ratisbona) y otra estancia en Götingen en la Baja Sajonia, desde donde hizo parar la composición de la “Experiencia profunda del ser (Bases para una ontología de la relevancia)”, cuyo primer original escri­bió en Granada, pero reescribió haciendo una obra nueva y distinta, pues los conocimientos de las categorías psicoanalí­ticas, cambiaron radicalmente su modo de filosofar. En este año fue ordenado sacerdote en Granada, pero es en Alemania donde desarrolla parte de su actividad pastoral. En 1958, se incardinó en Colonia, y a este lugar se mantuvo vinculado hasta su fallecimiento (25 de junio de 2008).

1957, es el punto de partida de su actividad formativa y formadora en Alemania, siendo Lectorado en la Universidad de Innsbruck y obteniendo la Licenciatura en Teología en la misma Universidad. Además trabajó como Docente en la Universidad de Friburgo de Brisgovia y se doctoró en filosofía con Max Müller (discípulo de Heidegger). Allí recibe enseñanzas en clases y seminarios impartidos por Eugen Fink, Berhanrd Welte, Heidegger, y Jaspers en Basilea. Coincide con Habermas en algunos de ellos.

En 1959 continuó la Docencia en la Universidad de Munich, cursando Psicología en ella. Estuvo con Heiss, psicólogo y grafólogo de primera fila, pero no llega a doctorarse porque obtiene un contrato del Kultus minis­terium de Friburgo y en 1959  en el de Baviera para impartir clases en la Universidad de Munich sobre filosofía española, entrando en el departamento de Hugo Friedrich y posteriormente en el de Harri Meier, en Bonn. Es este año es en el que publicó la Experiencia profunda del ser, que rescribió a partir de lo escrito unos años antes en Granada. Es un estudio filosófico de la dinámica intelectual de la historia como experiencia metafísica, análisis de la vivencia de realidad y de la experiencia de objetividad.

En 1960 su contrato de Docencia es en la Universidad de Bonn por el ministerio de Renania-Westfalia. También en este año como consecuencia del estudio de la obra de Jung, que no interrumpiría hasta 1973, escribe El misterio de  ini­quidad en la historia de la iglesia un estudio de las herejías y las crisis de la iglesia católica, desde categorías jungianas. Esta es la única obra jungiana de L. Cencillo.

Prosigue la docencia en 1962 en la Volkshoch-Schule de Colonia, Universidad que le concedió el título de Emérito, una vez jubilado.  En 1963 cursa  Filosofía en la Studentenhaus de Colonia  y  Bonn y durante dos semestres imparte cursos sobre “Las raíces cognitivas de la Ontología”, en la Universidad de Colonia, donde además desarrolla la reflexión filosófica expuesta en el curso de filosofía fundamental, publicado más adelante en dos volúmenes con el título: “Tratado de las realidades” y  “Tratado de la intimidad y de los saberes. Fundamentos de Antropología del conocimiento, general y pedagógica. Epistemología y Lógica”. Aquí, en este curso, coincide con Landgrebe y Volkman-Schluck. (discípulos y ayudantes de Husserl).

Pasa pues, diez años en el corazón del ambiente psicoanalítico y fenomenológico, con personas de mucha categoría todas ellas y que le influyeron notablemente, pero cuando Cencillo, regresa a España, en 1966, desde el centro neurálgico del psicoanálisis, los psiquiatras españoles continuaban en una línea organicista, diametralmente opuesta al psicoanálisis, que aún perdura en la actualidad. El psicoanálisis no estaba en boga, incluso era duramente criticado. Las Facultades de Psicología no existieron hasta algunos años más tarde, que se fueron creando en las Universidades más importantes del país. En 1975, había Facultades de Filosofía con sección Psicología en Barcelona, Granada, Madrid y Salamanca. (Guía del universitario 75-76). Hasta  finales de 1979 (diciembre), no “se crea por ley el Colegio oficial de psicólogos” (Olabarría, 1997. Marco histórico y trayectoria de la psicología clínica hacia su institucionalización. En Olabarría y otros. La psicología clínica en los servicios públicos. Cuadernos técnicos, 2. Madrid. A.E.N., p. 10).

En 1966, Cencillo da pues por terminada su estancia en Alemania, al crearse las plazas de profesor agregado en la Universidad española, opositando para cubrir la Adjuntía titular de Fundamentos de Filosofía de la Universidad de Valladolid, en la cátedra del profesor Candau. Durante este año volvió a escribir Filosofía pura, para presentar el “Trabajo de firma” exigido para las oposiciones a Cátedra de Metafísica de Barcelona y Valencia, a las cuales se presentó sin ganarlas, en competencia con los doctores Canals, Rodríguez Rosado y Gomá. En 1967 gana la oposición como Agregado de Historia de los Sistemas Filosóficos de la Universidad Complutense de Madrid.

En 1968, se publica ese “trabajo de firma” bajo el título de “Conocimiento. Historia y planteamiento del problema del a priori de la conciencia” y la “Filosofía fundamental I: Fundamentos II. Historia de los sistemas filosóficos” en colaboración con Eloy Rodríguez Navarro. En 1969, la editorial Flors de Barcelona le edita unas mono­grafías sobre la espiritualidad de los gnósticos, maniqueos, cátaros y disidentes medievales. Resultado de haberse adentrado también en el "pantanoso terreno" de la alquimia, las sectas antiguas, el ocultismo, los rituales y mitologías arcaicas. Sus títulos son: “La espiritualidad cátara”, “La espiritualidad entre los disidentes medievales”, “La vida espiritual en las sectas gnósticas” y “La vida espiritual maniquea”. Durante este curso, hizo diversas gestiones para integrarse como profesor en la UAM sin conseguirlo.

En los siguientes años continúa el mismo ritmo de publicaciones. Así, en 1970 publica “Antropología integral”, “Historia de los sistemas” y “Mito, semántica y realidad” , libro que ofrece el trabajo de catorce años de investigación sobre mitología. En 1971 el “Tratado de la intimidad y de los saberes” y en 1972 “Conflictos de la sexualidad infantil” e “Historia de la reflexión”.

De 1970 a 1972 se psicoanaliza y al terminar, comienza su actividad psicoterapéutica en la línea más estrictamente freudiana. Al avanzar su experiencia terapéutica, fue comprobando con sus propios pacientes, la intervención de muchas variables que no habían sido tenidas en cuenta por la ortodoxia freudiana, lo que le llevó a ir creando sus propios parámetros y los fue reflejando en sus publicaciones al respecto.

En 1973, escribe “Terapia lenguaje y sueño” obra en la que integra psicoanálisis, lingüística y gnoseología y en este mismo año salen publicados el “Tratado de las realidades”, al que aludimos más arriba  yMétodo y base humana” libro en el que realiza un estudio de la epistemología de las ciencias y sus diferentes posibilidades de procedimientos metódicos y de modelización. Además, establece una escala de propiedades y características de las ciencias, de modo que se pueda asignar un puesto entre ellas a las ciencias humanas. Expone aquí su propio método antropológico.

 Este mismo año, 1973, reúne a un grupo de licenciados bajo las siglas C.I.D.A.P., en un equipo que se dedicará a la Psicoterapia. Son los cimientos de lo que será más tarde la Fundación Cencillo de Pineda, que puso en marcha en 1985 y presidió hasta su muerte con el objeto de formar y tratar en y mediante la Psicoterapia Dinámica, en versión dialytica (denominación que utilizó a partir de 1976, porque consideró que “psicodialysis (disolución a través),” era un término más acertado lingüísticamente hablando que el de “psicoanálysis”). Su método terapéutico, es el resultado de la interacción entre la gnoseología, la antropología y la psicología dinámica y tiene connotaciones que difieren del psicoanálisis, por ello consideró que la denominación era más acertada.

En 1974 publica “El inconsciente” un estudio crítico-constructivo de las teorías, sistemas y técnicas terapéuticas existentes  acerca de lo inconsciente [Freud y ortodoxos freudianos (Ferenczi, Abraham, Klein, A. Freud etc.) neofreudianos (Fromm, Horney), Jung, Adler, Lacan...]. Incluye en él una reflexión personal, desde la cual llega a una síntesis teórico-práctica que desemboca en su propia teoría de lo inconsciente, con ciertas precisiones y matices recogidos a partir de lo existente, más los nuevos descubrimientos realizados desde entonces y  a los que los clásicos del psicoanálisis no pudieron tener acceso. (La tercera edición de esta obra es de 1997). “Libido, terapia y ética” obra en la que expone de manera temática distintos aspectos relacionados con la eticidad o antieticidad de los impulsos inconscientes o de sus objetos. Además de una de sus aportaciones al tratamiento psicoterápico, la consecución, al final de una psicoterapia, de una ética genuina no impositiva, sino “lúcidamente asuntiva y autógena” . 

En 1975 expone en otras obra su teoría de la personalidad y su dinámica, “Dialéctica del concreto humano” y la otra es un tratado de sexología “Raíces del conflicto sexual”. Las bases antropológicas de su obra comenzó a exponerlas en 1970, con la “Antropología integral” y en 1973 con “Método y base humana”. Mas tarde en 1976 escribe junto a J.L. García otra obra antropológica titulada  “Antro­pología cultural: factores psíquicos de la cultura”.

En 1977, obtiene la cátedra de Antropología de la Universidad de Salamanca, e interviene en la constitución de la nueva Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación, siendo su primer Decano. Este es el año de aparición de su “Transferencia y sistema de psicotera­pia”. Obra con la que contribuye a la investigación psicoterápica, realizando una sistematización de los elementos del psiquismo y su articulación personal, los procesos de comunicación interpersonal y los componentes y efectos transferenciales y contratransferenciales. Todo ello a fin de servir eficazmente en el tratamiento psicoterápico.

En 1978 publica “El hombre: noción científica”. Calificada de fundamentación metodológica de una antropología diferencial, precisamente por ser integral. En ella, analiza la dinámica del pensamiento científico y la contextura de las realidades humanas, con el objetivo de explorar con profundidad las posibilidades epistémicas actuales de los fenómenos y procesos humanos y constituirlos en verdadero objeto de ciencia. 

Durante 1979 imparte seminarios en el Instituto de España y en 1980, en el Instituto de ciencias sexológicas de Madrid. En 1980 presenta su dimisión del decanato. En 1981 publica “Ultima pregunta. Paradojas de la madurez y del poder” un planteamiento de la vejez, desde una perspectiva propia, una vivencia individual e íntima, en la que plasma toda la carga existencial y autobiográfica. La  obra refleja así, sus impresiones pesimistas de la vida, a partir de su experiencia y desemboca en una repuesta a esa última pregunta, a que hace referencia el título de la obra, que tiene que ver con la vida porque se hace en ella,  y con la muerte porque llega la edad en que se presiente “como el último salto dialéctico que el proceso de existir vivencia, que como todos los saltos dialécticos no suponen la nada, sino lo otro, tras la negación de lo que lo negaba. Y sin duda entre el lograrse y el malograrse media un abismo infinito” (contraportada editorial de la obra mencionada).

 En 1982, publica “Los sueños, factor terápico” un estudio del fenómeno onírico: contextura, funciones, clasificación, criterios y técnicas de interpretación  de los sueños. Organiza todo un sistema, para poder utilizar y manejar este complejo material, en la psicoterapia, eliminando en lo posible los riesgos debidos a posibles conjeturas. En 1983 pasa a la situación de “Supernumerario”, siendo profesor de Antropología en CEU (Centro de Estudios Universi­tarios) de Madrid. Dos años después, haciendo donación del patrimonio familiar, crea la Fundación Cencillo de Pineda para el fomento de la Antropología y la Psicología dinámica, en la que se imparten clases y semina­rios, se realizan terapias y supervisiones de profesionales, por parte de un equipo cuyo Presidente, como hemos dicho, hasta su  fallecimiento fue él mismo.

En 1986, es declarado “excedente” en el cuerpo de catedráti­cos, teniendo que volver a opositar a la cátedra de Antropolo­gía filosófica de la Universidad de Salamanca (que no obtiene) y en 1987 regresando a ella como “Titular interino”,  jubilándose como contratado en enero de 1988, sin derecho a pensión ni grado de “Emérito”. Pero se jubiló entre comillas, es decir oficialmente y en la Universidad, porque a partir de este momento se dedicó a escribir intensamente, más que hasta aquel momento y trabajando en su labor de psicoanalista y profesor en la Fundación que él mismo dirigía y ofreciendo conferencias, artículos para revistas, asistía a  Congresos, programas de radio, televisión...  y de este modo en 1988 aparecen publicados: “Interacción y conocimiento” dos pequeños, pero densos volúmenes:Vol. I.  Discurso, Lenguaje y Procesos Cognitivos. Vol. II. Sujetos, Referencia y Reflexión.   Un trabajo filosófico que responde a las dificultades que presentan los problemas de la razón, las incertidumbres y contradicciones insolubles del pensamiento analítico. Además, rectifica de modo radical  las confusiones y desaciertos de las teorías del lenguaje actuales, analizando la dinámica, generación y decodificación del discurso. La constitución significación y dinámica del lenguaje y la noción de tipología y dinámica del conocimiento. También en este año aparece editada “La práctica de la psicoterapia” donde expone la fundamentación antropológica de la personalidad y la psicopatología. Las concepciones, dinámica y articulación del proceso terápico (de orientación dialytica). Organiza el I Encuen­tro internacional de Psicoterapias Dinámicas en Salaman­ca bajo el título de “Psicoterapias dinámicas: modelos de aplicación”, con la participación de personalidades de prestigio a nivel internacional.

En 1989, sale la edición de “La psicología como posibilidad. Epistemología específica de las ciencias psicológicas  e identidad profesional del psicólogo”. Siete capítulos dedicados a la carga ideológica de las ciencias, la falacia verbal, el área específica de lo psíquico, las posibilidades cognitivas de las ciencias, los problemas de la psicología como ciencia, la organización epistémica de la psicología y las posibilidades epistémicas de los procesos psicodinámicos. 1990, organiza las II Jornadas internacionales de Psico­tera­pias Dinámicas que esta vez se desarrollan en Madrid bajo el título de “Intervenciones psicoterá­picas en trastornos depresivos y a la que acuden de nuevo autoridades de crédito en esta temática.

1992 es un año en el que Cencillo está centrado en los perdedores, publicando su Guía de perdedores. Dialéctica del todo y de la nada para quienes no aciertan a existir”, volumen, que puede considerarse una obra existencial, pues a partir de su experiencia, tanto personal, como la suministrada por el conocimiento profundo de otras personas, quiere proporcionar a otros la ayuda necesaria  para abrirse caminos en la propia confusión del tener que hacerse a sí y a su vida. En la búsqueda de sí mismos. Un asunto difícil, con consecuencias a veces dolorosas  o con el temor de que lo puedan ser. Un libro de éxito que tendrá más adelante una segunda edición y a raíz de la cual comienza una etapa en la que Cencillo centra la atención de sus escritos en el área teológica, que no había tocado hasta ahora y que comienzan a aparecer desde 1994, pero 1993 no se queda sin publicación: “Sexo, comunicación y símbolo” es una exposición fundamentada en los campos antropológico y psicológico del conjunto de parámetros y del sistema de categorías, que recogen aquellos factores participantes en los procesos sexuales y sus patologías.

En 1994 “La comunicación absoluta. Antropología y práctica de la oración” una obra  de apertura a la oración, a la comunicación divina, en la que intervienen y se implican cuestiones existenciales y psicológicas del ser humano (actitudes, estados afectivos, intenciones  e incluso toda una manera de existir).

Durante este año, se crea la Asociación de psicoterapia dialytica que cumple los criterios estable­cidos por la FEAP para la formación de psicoterapeutas. Organiza el III Encuentro internacional de Psicoterapias dinámicas que esta vez se desarrollará en Cáceres, bajo el título de "La identidad como meta terapéuti­ca" y en el que de nuevo la participación de representantes de notoriedad ocuparon y compartieron programa.

  En estos años, pasó momentos de baja forma física por causas somáticas graves, sufrió un Infarto agudo de miocardio y algunas otras complicaciones, que le hicieron pasar algún tiempo ingresado en el Hospital. Recuperado de la enfermedad, vuelve a trabajar, viajar, escribir y publicar.

En 1997, publica “La psicología de la fe”, obra de enfoque multidisciplinar, que abarca  las vertientes históricas (o sociológica y vigencial),  psicológica y teológica en la que establece la diferencia que existe entre las creencias y la fe propiamente dicha, exponiendo un estudio de la fe, con los  componentes psíquicos de este proceso y sus efectos psicológicos sobre la persona creyente. En la enciclopedia microsoft Encarta (1997), destacan a Luis Cencillo como “español que ha contribuido a la difusión del psicoanálisis en el ámbito hispano”. 

            1998, es un año especial en número de publicaciones. Así, vemos aparecer en él, “Historia sistémica de los dioses”, un estudio de todas las religiones 
antiguas de la tierra y una antropología de las religiones, de los ritos y todo el sistema religioso de los pueblos ágrafos de la historia moderna, desde la colonización de América a la actualidad. 
“Opción humana y textura bíblicas” una lectura actual de la Biblia, obra teológica que constituye una exégesis documentada sobre la textura, el sentido, el significado, la intención, profundidad y las consecuencias prácticas de los documentos bíblicos. Reescribió el Mito, que publicó por primera vez en 1970, y lo tituló ahora (1998)Los mitos sus mundos y su verdad”. “Abordaje terapéutico de  ancianos” que tiene ya una segunda edición y en donde plantea una perspectiva terapéutica desde la vejez y para la vejez, en la que prima la tarea de conseguir que la ancianidad, siendo la última y por tanto muy importante etapa de la vida, sea aceptada de forma positivacomo proceso de envejecimiento, sin tratar de obviarla, ni de enmascararla. Escrito como anciano y por tanto con una mayor capacidad de comprensión desde la experiencia de ser viejo, aborda una nueva perspectiva psicoterapéutica adecuada a  la ancianidad, en la que no se trata de hacer que el viejo se sienta joven, ni de darle consejos de jóvenes para que haga las cosas de jóvenes, ni de curarle, sino de asumir adecuadamente esa última etapa de la existencia de cada uno.Antropología integral” (de nuevo un tratado antropológico), “Los riesgos de la palabra”son homilías por él pronunciadas en la parroquia de San Juan de Ribera, en Madrid, grabadas durante 22 años por alguno de sus feligreses y colaboradores habituales de sus misas de sábado y veranos. Más adelante se completarían otros dos volúmenes en esta línea: “Lo lleno y lo vacío” (1999)  y “Libro de los escándalos del milenio” (2000). 

      No menos productivos y atareados fueron los siguientes años de su vida, entre 1999 y 2008, se publicaron una veintena de libros, que además de los introducidos en  el párrafo anterior por contexto, son: Creatividad arte y tiempo (2 volúmenes). 2000, Madrid. Syntagma, Cómo no hacer el tonto por la vida 2000. Bilbao. Desclée  de Brouwer, Claves para dos milenios 2001. Madrid. Syntagma, Tiempo ganado y tiempo perdido 2001. Madrid. Syntagma, Lo que Freud no llegó a ver 2001. Madrid. Syntagma Los sueños y sus verdades 2001. Madrid. Syntagma, El estado sin dolor 2002. MadridSyntagmaHomosexualidad y paradojas sociales  2002. Madrid. Syntagma Cómo Platón se vuelve terapeuta 2002. Madrid. Syntagma, Guía de perdedores, perdidizos y perdidos 2002. Madrid. Syntagma,  Paradojas de la belleza 2003. Madrid. B.A.C., Pensar y crear pensando  2005. Madrid. Syntagma, Asesoramiento: qué técnicas qué filosofías 2005. Santa Cruz de Tenerife, El entramado de las creencias 2005. Madrid. Syntagma y los dos últimos, el mismo año de su fallecimiento, 2008, El viso republicano. Madrid. Nostrum  (autobiográfico) y Eficacia de una terapia dinámica Madrid. Manuscritos. Las últimas notas escritas en su ordenador tienen fecha de 12 de junio de 2008, pues ha dejado escrita, aunque incompleta, una segunda parte de su autobiografía que trataremos de publicar lo antes posible. 

         Ha fallecido en Madrid, su ciudad natal, a los 85 años, el 25 de junio de 2008, en el Hospital de San Rafael de los hermanos de San Juan de Dios, donde había  ingresado unos días antes, día que estábamos pasando con él, acompañándole en su serena agonía, muy cerca de su casa que ya no era suya, porque la donó, como hemos comentado para la actual Fundación Cencillo de Pineda, se había reservado un espacio pequeño modesto y austero en el sótano de la misma para vivir, en condiciones de sencillez casi monásticas. La muerte no le sorprendió, la esperaba, no le producía ningún temor sino esperanza, hacía años que pensaba en ella y hablaba sobre ella con tranquilidad  sin aspavientos. Decía que podía ser algo incómoda, pero no temerosa.







APORTACIONES PSICOLOGICAS Y PSICOTERAPEUTICAS DE LUIS CENCILLO

Contributions  psychologicals and psychoterapyst of Luis Cencillo

Teresa Arias

         Resumen :

Presentamos algunas de las aportaciones principales que Luis Cencillo ha tributado a nuestra profesión, con las investigaciones constantes que  ha llevado a cabo a lo largo de su productiva biografía y que  ha ido plasmando en sus numerosos escritos. Este autor lleva ejerciendo como psicoterapeuta desde 1972 y es además de psicólogo, Licenciado en Derecho, Filosofía y Teología, doctor en Filología, psicoanalista y profesor desde 1957 en diferentes universidades europeas. En la de Salamanca fue catedrático de Antropología con extensión a Psicoterapia dinámica. Las aportaciones de Cencillo ofrecen como resultado, el conocimiento de las bases para establecer las distintas vertientes, que se han de tener en cuenta,  para  una  comprensión del fenómeno humano en su totalidad, al triple nivel colectivo-histórico, cultural-objetivo y vivencial-subjetivo.

 Summary:

We present some of the main contributions that  Dr. Luis Cencillo has made to our profession, with the constant research  he has carried out  throughout his productive biography (career) and which he has shaped in his numerous writings.  This author has been practising as a  psychotherapist since1972 and  is, moreover, as well as being a psychologist, a graduate in Law,  Philosophy and Theology. He also has a doctorate  in philology and is a psychoanalyst and has been a lecturer in distinct European universities since 1957. At the University  of Salamanca he was Professor/ Head of  Department of Anthropology con extension dynamic psychoterapy. His contributions offer, as a result,  the knowledge of the bases for establishing  the different aspects that should be borne in mind for an understanding of the human phenomenon in its totality, at the collective-historical, cultural-objective and living- subjective levels.
 

      Cencillo ha sido un incansable estudioso de todas aquellas materias relacionadas con el hombre, con la vida humana, ha dedicado su vida a la investigación 

de este objeto de estudio tan especial y complejo. Para ello se especializó en numerosas materias (Psicología, Filolosofía, Antropología, Lingüística, Teología...) 

y las supo integrar de forma magistral, ofreciéndonos en un buen número (59) de libros publicados y un sinfín de artículos, conferencias, seminarios...

       Ha desarrollado teorías sobre el método filosófico, el método científico, el método antropológico, el hombre, la cultura, los mitos, el arte, la belleza, la vida inconsciente, los sueños, la personalidad, la sexualidad, el envejecimiento, la psicopatología, la psicoterapia, el lenguaje, la comunicación, el conocimiento, las realidades, el Estado, la ética, las creencias y la fe.

Sus aportaciones y valiosa producción intelectual, enriquece de manera notable el panorama de las ciencias humanas y además facilita el estudio y aplicación de la Psicología y la Psicoterapia. A propósito de este tema, presentamos nuestra tesis doctoral en la Universidad Complutense de Madrid, en 1998, titulada: Psicología y Psicoterapia en Luis Cencillo: enfoque integral de fundamento antropológico, en la que hicimos un estudio amplio al respecto.

       Precisamente en la Universidad Central de Madrid (hoy Univ. Complutense) Cencillo comenzó la docencia en 1967, pero previamente había ejercido en otras Universidades Europeas (Granada, Innsbruck, Friburgo, Munich, Bonn y Colonia) y en 1969, recién creada la sección de Psicología en España, comienza a impartir las asignaturas de Antropología y de Psicología de la personalidad. Más tarde obtendrá la cátedra de Antropología  en la Universidad de Salamanca en la que fue su primer Decano.

       En Psicología, en el afán de encontrar la mejor manera de comprender al hombre en su totalidad, de forma integral pero sin olvidarse tampoco de su singularidad, unifica tres líneas de investigación: Gnoseología, Antropología y Psicoanálisis, organizando epistémicamente el modelo adecuado al objeto de estudio y a los fenómenos que ha de investigar la  Psicología y creando un método psicoterapéutico, desde categorías psicoanalíticas, para la aplicación práctica apropiada del mismo, (la Psicología Dinámica logra describir, explicar y transformar los procesos menos aprehensibles y huidizos de la vida subjetal concreta)  y en definitiva, ampliando y enriqueciendo las categorías clásicas del Psicoanálisis con una teoría de la personalidad antropológicamente fundamentada, con un estudio pormenorizado de la transferencia, contratransferencia y sus efectos  terapéuticos, un estudio sistemático de los sueños, los deseos, las paradojas, la sexualidad, la psicopatología, los procesos de comunicación y de interacción, y un modelo más completo de la vida inconsciente (VICS) representado metafóricamente por cuatro estratos interconectados (Radical, Pulsional, Emocional y Sémico) (Cencillo,1988, Pp. 29-36).

1- El paradigma de una ciencia psicológica (entendiendo por tal “el diseño de una ciencia como conjunto coordinador de todos los parámetros, códigos, modelos y técnicas en virtud de una concepción general de campo y de naturaleza del objeto que organiza la obtención y la integración procedente de un nivel de realidad específico” (Cencillo,1988a, p.113), debería constar de cuatro dimensiones básicas: energía (pulsiones, afectos, fantasías y cadenas simbólicas), conducta (pautas, motivaciones, habla e interacción social), mecanismos (sistemas de defensa, lenguaje, y canalizaciones comunicativas) y estructura (p.113). 

2- Los fenómenos psíquicos (conducta, consciencia, conciencia, conocimiento, expresividad, personalidad, identidad, pulsionalidad, motivaciones e intereses, procesos mentales, estimulación sensorial, vida afectiva y trasfondo emocional de las vivencias, sueños, memoria, lenguaje y procesos de simbolización, psicopatologías y retroalimentación de todos ellos por la interacción social (p.57), requieren un enfoque y un método de investigación específico, con un lenguaje y categorías capaces de construir modelos y regirse por unos parámetros acordes con los siguientes principios teóricos: Económico (energía). Dinámico (en constante proceso evolutivo). Social (inscrito en una trama de relaciones sociales). Sémico (filtrado por códigos de significación, de valor y emocionales) (Cencillo,1977, Pp.147-148)  y con una docena de principios prácticos, la mitad de los cuales pertenecen al grupo dinámico estructural y la otra mitad al grupo comunicacional (Pp.155-175)

3- Los factores  y variables principales que hay  que  tener en cuenta en un modelo dinámico de estas características, son: pulsiones, procesos, cadenas simbólicas, vínculos (inconscientes, afectivos, estocásticos), intenciones, identidad e imagen, interacción social (Cencillo,1988, P.134).

En Psicoterapia, en la que comenzó a trabajar en 1972, parte del descubrimiento freudiano de la vida inconsciente, evolucionando este concepto al tener en cuenta unas teorías en las que el número de dimensiones,  factores y parámetros, es mayor que las que pudieron tenerse en cuenta en épocas anteriores y todo ello orienta el proceso de investigación y define más aspectos para su positivación. Completa el modelo de inconsciente progresando hacia una representación estratigráfica con cuatro estratos interconectados (radical, pulsional, emocional y sémico), que comprenden, sitúan y configuran los distintos componentes de la vida inconsciente, que se manejan  en sus manifestaciones durante el proceso psicoterapéutico, ya que son incontrolables voluntariamente. Por este motivo producen efectos paradójicos en el comportamiento consciente y en ocasiones producen desequilibrios y perturbaciones que requieren  de las técnicas psicoterapéuticas para reintegrar la energía pulsional en una estructura equilibrada, sin barreras inadecuadas o aislantes (Cencillo, 1988, Pp.29-36).  

En 1977 con cinco años de experiencia psicoterapéutica publica Transferencia y sistema de psicoterapia, obra en la que ofrece un avance cuantitativo sobre la eficacia terapéutica de su método de trabajo, de modo que quedara clara la base empírica y real de sus afirmaciones (ha fallecido en 2008, a los 85 años, ejerciendo psicoterapéuticamente hasta unos meses antes de su muerte). De los numerosos sujetos consultantes, en ese período de inicio de su profesión como terapeuta (1972-1977), 100 aceptaron tratamiento, de ellos siete abandonaron el mismo y otros siete fueron derivados a otros terapeutas, por razones que parecían convenientes para su adecuado tratamiento. Todos habían hecho ciertos progresos iniciales en algún grado.  De los 86 casos restantes, 21 de ellos continuaban en tratamiento a la publicación de esta obra, en diversas fases del proceso, progresando a distinto ritmo, 65 habían sido dados de alta con los objetivos terapéuticos logrados, es decir viviendo y actuando profesionalmente y en sus relaciones sociales con la intensidad, la eficiencia y la creatividad deseables.

 Cencillo hacía dos observaciones importantes, una que ningún paciente había empeorado respecto de su estado anterior y dos, que en ningún caso se observó una remisión espontánea de los síntomas, sino que hubieron de ser trabajados cada uno de ellos para apreciar la mejoría y definitiva curación, que no consiste en la extinción sintomática, sino en la consecución de la salud psíquica: independencia lúcida, enérgica y elástica de los factores psicopatológicos, para poder controlar sus propios procesos de adaptación. Los índices de salud psíquica deben ser observados a un cuádruple nivel: emocional, práctico, cenestésico y existencial. Manifestaciones de la personalidad que resultan objetivamente apreciables, pero no medibles  (Cencillo, 1977, Pp. 108 – 112).  

 De gran importancia para la psicoterapia, son sus interesantes aportaciones a propósito de los sueños, pues a partir de categorías lingüísticas, epistemológicas, antropológicas y estructurales, consigue que el significado de éstos deje de ser arbitrario, organizando un método sistemático y riguroso que facilita el estudio, la comprensión y  la interpretación de los mismos, considerándolos como un factor terapéutico de primer orden, por su poder de significar (Cencillo, 1982,Pp. 59-63).

El nombre elegido por Cencillo para denominar su método, por sus connotaciones dinámicas, es Dyalisis hologénica que significa “disolución a través referida a todos los componentes generadores” (Cencillo, 1977, Pp. 59-63). Es un modelo psicoterapéutico que consta de cuatro principios (social, dinámico, económico y semántico); cuatro parámetros (relación, interpretación, elaboración activa y articulación fásica del proceso); cuatro factores (representänz, efecto Zeigarnik, dinamismo simbólico y comunicación); tres líneas dinámicas (proceso, paciente y terapeuta) y está basado en los siguientes axiomas:

Parte de cuatro principios básicos: neutralidad, distancia simbólica, tolerancia y reflejo identificativo. La dinámica de este proceso se rige por las siguientes pautas: No atenerse exclusivamente al síntoma; Explrar la vivencia de identidad social, la historia infantil, el sistema y pautas  de comunicación social (en la familia, en la pareja, en el trabajo); Ofrecer un continente de tolerancia, no autoritario ni crítico para sus angustias, fantasías y deseos; Observar el clima afectivo asociado a símbolos, fantasmas, temores y “enganches” inconscientes que hayan ido determinando el sesgo de conducta personal; Permitir que viva fantaseadamente su transferencia, considerando para ello  los sueños, fantaseos, eidetismos... Lo simbólico (en Psicoterapia) es más eficaz que lo real; Mantener la distancia simbólica adecuada y un encuadre estricto, evitando que se mezclen el “dentro” y  el “fuera” del proceso psicoterapéutico; Dejar que el cliente se haga cargo de su propio material, sin adoctrinamientos ideológicos; Reforzar los aspectos positivos que tiene el cliente y hacer de depósito de los negativos (de las partes fantaseadas como “malas”), sin dar interpretaciones siniestras o precipitadas; Conocer, respetar o interpretar el tipo de silencio (vacío o inerte, resistentivo, provocador, preparatorio o introspectivo, transicional, profundo, (tenso, interesado), elaborativo, ansiógeno, traumático, expresivo (seductor) y demandante) en el que está sumido el cliente (Cencillo,1988); Desenmascarar y ayudar a desarticular  el sistema defensivo, cuando ya no se necesite, nunca antes; Descubrir las ventajas secundarias que obtiene con su sistema de defensas; Intervenir lo menos posible y solo a base de breves señalamientos o por medio de una mayéutica no contaminante.

        Otros recursos terapéuticos: la transferencia, la interpretación, el insight o la translaboración desrepresiva, son medios  a través de los cuales se pueden movilizar impulsos, integrar componentes de la personalidad  y canalizar  energías para superar la dinámica deficitaria de las distintas psicopatologías. La salud psíquica debe manifestarse de modo multidimensional, no puede ser considerada como tal la extinción de los síntomas por sí misma. Si no se afecta la estructura básica de la personalidad no se puede hablar de curación. Los indicios convergentes  de salud psíquica son recogidos por Cencillo en una clasificación  que consta de cuatro niveles (emocional, práctico, cenestésico y existencial).

 El nivel emocional está relacionado con la ausencia de emociones negativas (angustia, ansiedad...); capacidad de relacionarse afectivamente de forma adecuada, adultamente; bienestar psíquico difuso a pesar de la realidad adversa a la que constantemente hay que enfrentarse, etc. El nivel práctico alude a la productividad (proyectos viables y adaptados, control del tiempo, energía bien canalizada...); concentración mental; independencia afectiva; capacidad de autoorientación ética acorde a las exigencias objetivas de la realidad asumiendo las propias responsabilidades y consecuencias. En el nivel cenestésico encontraremos una capacidad de orgasmo, de potencia sexual, de  funcionamiento genital y de comunicación personal normalizada, mediante estos registros; ausencia de somatizaciones y perturbaciones cutáneas; normalización del funcionamiento de los diferentes aparatos físicos (respiratorio, digestivo...); normalización del sueño. Por último el nivel existencial, hace referencia a la autoidentidad y asunción de lo propio (positivo o negativo); la seguridad en sí mismo; capacidad de adaptación a los cambios situacionales; elasticidad en las relaciones sociales; capacidad de decisión; centramiento en lo propio y respetuoso con lo ajeno; autoposesión o dominio interno sin rigidez, elástico y poroso a la realidad de modo que el proceso existencial sea constructivo y adaptado (Cencillo, 1977, Pp. 112-114).

Las fases de la terapia, también fueron sistematizadas, dejando claro que no son compartimentos estancos, ni se suceden de la misma manera en todos los casos y que pretenden ser la forma de estudiar, ordenar y regular el proceso. Son:

En rasgos generales Cencillo, ha conseguido realizar, una síntesis  de las distintas vertientes de la realidad (natural-artificial, cultural-material, personal-cósico y normacional-práctico), que  la especialización  actual  ha venido manteniendo separadas. Parte de una noción de “real” en la que entra  todo aquello que es eficaz y efectivo, todo lo existente y lo posible, todo aquello que diferencia a un objeto  de la nada en alguna de sus acepciones. Una visión múltiple, integral y totalizadora de las dimensiones (niveles y aspectos) de la especie humana, haciendo hincapié en la interacción asociativa entre ellas. Todo ello desde una fundamentación antropológica.

       En este sentido la obra de Cencillo, ofrece como resultado el conocimiento de las bases para establecer las distintas vertientes que se han de tener en cuenta  para  una  comprensión del fenómeno humano en su totalidad, al triple nivel colectivo-histórico, cultural-objetivo y vivencial-subjetivo.

          Para aquellos que estén interesados en profundizar sobre la interesante y   productiva    obra de Cencillo, dedicamos esta última página a sus aportaciones bibliográficas fundamentales en Psicología y Psicoterapia, muchas de ellas utilizadas para la elaboración de este artículo. La referencia completa de todas sus publicaciones la recogemos en la primera parte de la tesis doctoral (ocupa hasta 1998), a la que hacemos alusión en las primeras líneas de este artículo y más completa y actualizada, dado que sus últimos años de vida fueron enormemente productivos y publicó en ellos otros 25 libros, se puede encontrar en esta web.

BIBLIOGRAFÍA

 

CENCILLO, L. El inconsciente (1971)  Madrid. Marova (Reeditado por segunda vez en 1994 y por tercera vez en 1997. Madrid. Fundación)  

CENCILLO, L. Conflictos de la sexualidad infantil  (1972) Madrid. CISSA.

CENCILLO, L. Terapia, lenguaje y sueño (1973) Madrid. Marova 

CENCILLO, L. Libido, Terapia y ética (1974)  Estella (Navarra). Editorial Verbo divino

CENCILLO, L. Raíces del conflicto sexual (1975) Madrid. Guadiana

CENCILLO, L. Transferencia y sistema de psicoterapia  (1977) Madrid. Pirámide

CENCILLO, L. Los sueños, factor terápico  (1982) Madrid. Marova

CENCILLO, L. La práctica de la psicoterapia (1988)  Madrid. Marova.

CENCILLO, L. La Psicología como posibilidad  (1988a) Salamanca. Amarú

CENCILLO, L. “Terapia dialytica: bases antropológicas, perfil y dinámica de comunicación” (1989) en Cifuentes (ed.) Psicoterapias dinámicas modelos de aplicación. Salamanca. Univ. de Salamanca  y Fundación Cencillo de Pineda.

CENCILLO, L. Sexo, comunicación y símbolo (1993) Barcelona. Anthropos

CENCILLO, L. Abordaje terapéutico de ancianos (1998) Madrid. Fundación

CENCILLO, L. Labilidad psíquica y Terapia Dinámica (1998a) Madrid. Fundación

CENCILLO, L. Lo que Freud no llegó a ver (2001) Madrid. Syntagma

CENCILLO, L. Los sueños y sus verdades (2001) Madrid. Syntagma

CENCILLO, L. Cómo Platón se vuelve terapeuta (2002) Madrid. Syntagma

CENCILLO, L. Eficacia de una terapia dinámica(2008) Madrid. Manuscritos

              






ENTREVISTA A LUIS CENCILLO: NECESITAMOS GENIOS

     Por Javier Esteban y Rafa Millán
     http://www.generacionxxi.com/entrevistas/cencillo.htm



Luis Cencillo es filósofo, psicólogo, antropólogo y filólogo pero, sobre todo, es uno de los últimos intelectuales españoles. En todos esos campos ha destacado, innovado y publicado decenas de tratados. Actualmente, tras haber pasado por distintas universidades, imparte clases y terapia en su Fundación Cencillo de Pineda. Para algunos estudiosos, Cencillo es, simplemente, uno de los mayores pensadores de los últimos tiempos, y el hecho de que se le ignore sistemáticamente en medios académicos españoles (especialmente en las Facultades de Psicología), tal vez sea la mejor prueba de su profundidad y universalidad. Con él, tenemos la oportunidad de diagnosticar los males de nuestra sociedad.


Se habla mucho del malestar social. Al mismo tiempo, los índices de enfermedades mentales se han disparado, pero quizá haya que preguntarse si no es nuestra civilización, en conjunto, la que está enferma…

Cencillo
: Sí, así es. Está enferma porque nadie tiene identidad, ni los grupos ni las personas. Todo se ha
vuelto montaje o creencia: sólo queremos “creernos algo” o “encarnar un ideal”. Lo tenemos todo, pero no sabemos lo que queremos. Somos como niños que no juegan a nada porque tienen demasiados juguetes.


- Pero, en tu opinión, ¿podemos hablar de enfermedad de civilización o de una especie de plaga de individuos enfermos?

Cencillo
: Lo enfermo es la civilización, pero luego cada uno participa de la enfermedad o es víctima de ella.
Es una enfermedad creada y, además, contagiosa: lo que hace uno lo repiten muchos por imitación, gracias a los “mass media” que generan un embarramiento ambiental cada vez mayor. Los media producen enfermedad porque hay mucha información, pero está vacía y desajustada.


- Entonces, ¿los medios de comunicación expanden nuestro malestar?

Cencillo
: La facilidad actual para moverse y comunicarse podría ser algo sumamente útil y positivo, pero sólo
si tenemos algo que comunicarnos o algún sitio a donde ir. Ahora se habla de la sociedad de la comunicación pero estamos cada vez más incomunicados. Sólo se comunican tonterías debido a que el desarrollo humano y el de los canales de comunicación no han ido parejos.
El problema se manifiesta en que ya no preocupan en absoluto las cuestiones profundas o sustanciales. Lo que genera una gran preocupación es estar desocupado, enganchado todo el día a banalidades. En eso consiste la enfermedad. Lo curioso es que esta situación tiene por origen algo sumamente positivo, como es la libertad. El hombre aprende a controlar su vida a partir de la Ilustración (con la llegada de la libertad de opinión, sindicación laboral, fomento de la lectura...) y esa misma libertad es la que le confunde. Lo que no significa que haya vuelta atrás ni que haya que buscar soluciones fuera de la libertad.
El problema es que las instituciones que hemos conocido antes de la Ilustración eran represivas. Y así, el remedio es peor que la enfermedad. Lo verdaderamente importante es desarrollar la capacidad de conducirse a uno mismo. Yo creo tener esa capacidad y estoy encantado con el estado de cosas, me siento libre e informado. Pero la gente que tiene una estructura afectivo-mental gregaria se desorienta con tanta libertad. No saben a dónde ir o qué comunicar.
Lo “natural” es el perverso polimorfo de Freud que está sin programar. Vive como un manojo de deseos incolmables. Esto ocurre porque no hay educación, esa es la enfermedad de fondo. Que no hay programación ninguna ni en un sentido ni en otro.


- ¿Esa “falta de educación” es la que hace difícil que los jóvenes crezcamos en nuestra sociedad?

Cencillo
: Claro. Pero no sólo eso, además hay horror a sentirse maduro o antiguo, horror a tener alguna
convicción excesivamente personal… porque entonces parece que te separas de la moda, de la masa gregaria o de lo que “se lleva”. Entonces eres raro o antiguo, que es lo más negativo que hay.


- ¿La complicidad de los gobernantes sería el otro lado de esta extraña enfermedad que padecemos?

Cencillo
: Encima, eso. Los partidos políticos imponiendo su pequeña dictadura. La democracia (al menos, la
americana y la europea) no es más que un mosaico de pequeñas oligarquías. Rousseau y Montesquieu pensaban que todos debían tener representación, pero eso ya no es posible en una sociedad tan inmensa.
Además, ahora se votan listas cerradas (lo que limita tanto, que yo ya no voto). Y luego hacen con tu voto lo que les da la gana, según los compromisos del momento. El voto se convierte en un valor de cambio que no tiene ninguna eficacia para el votante. Es como un cheque en blanco, un instrumento de juego sometido a los vaivenes del mercado de intereses en que se ha convertido la política actual. Y eso, por supuesto, lleva al caos.


- Todo esto forma parte del diagnóstico de lo que nos sucede, ¿pero hay soluciones?

Cencillo
: La curación es la terapia.


- ¿Una terapia colectiva?

Cencillo
: La situación actual de las sociedades exige una respuesta universal macro-occidental, casi cósmica.
Necesitamos una serie de genios que se ganen el crédito de las masas y empiecen, como en el Renacimiento, a establecer nuevas referencias.


- ¿Es eso el gobierno de los sabios?

Cencillo
: No, no puede ser un movimiento organizado, sino algo generado como en la “teoría del caos”,
porque esos genios no se pueden producir pedagógicamente. Tienen que surgir como en el Renacimiento: en todas partes y sin ponerse de acuerdo, pero coincidiendo en una misma visión del mundo. Lo malo es que en el Renacimiento había mucha más libertad que ahora. En eso hemos perdido: hoy los pensadores y los artistas están canalizados mediatizadamente por los galeristas y los editores y si no sigues sus intereses, pues ya te has caído. Es como si hubiera muchos Francos o Hitlers por ahí, en cada área del saber o del crear, controlándolo todo. Y eso genera el riesgo de ahogar esos genios que en siglo XV brotaron como producto del pueblo. Ahora, sin embargo, tienen que estar promovidos por una Operación Triunfo, donde la selección natural de Darwin opera invertida, ya que se elige siempre al más débil o al menos peligroso, es decir, al que resulta comprensible para el director o para el mecenas. Se promueve a quien se comprende desde arriba y no hace sombra.
Además, resulta que los que dirigen suelen ser gente intelectualmente muy vulgar. Si no, no habrían aplicado los medios, más bien espurios, para llegar al “triunfo”.


- ¿Los intelectuales o maestros han dejado de tener una voz propia en nuestras sociedades?

Cencillo
: Depende del lugar. En el caso de Alemania yo creo que el poco o mucho de influencia judía que
había (los judíos son más creativos que los alemanes), eran un condimento. Y al perderse ese condimento se ha quedado lo germánico puro que es muy “plump” (como se dice en Alemania) o como un pisapapeles, que diría Nietzsche.
En España es diferente. Aquí ocurre, sencillamente, que no se ha estudiado. Primero, con el antifranquismo, se tenía un “soborno de la conciencia”, que diría Freud, para hacer huelgas y no estudiar. Sólo se leía sobre marxismo. Nadie estudiaba a los clásicos. Saber griego, latín y sánscrito era un auténtico demérito. Conocer letras clásicas era como ser antiguo y reaccionario. Lo que había era mucha matemática y neurologismo. En España, por ejemplo, ni siquiera se estudiaba a Freud (que era lo último en Europa) porque el que representaba a la izquierda era García Hoz que era conductual. En esas condiciones…


- Para entendernos, ¿qué es ser sabio o intelectual?

Cencillo
: Hoy en día mucha gente cree que los intelectuales son los actores de cine [risas]. Yo diría que los
intelectuales son las personas que tienen ideas claras y un sistema organizado de su mundo (hegeliano, kantiano, tomista…), además de la perspicacia suficiente para relacionar causal y lógicamente unas cosas con otras. El sabio sería lo mismo pero “sápidamente”, saboreando con cierto regusto casi estético el ser mismo de las cosas.


- ¿Crees que los nuevos descubrimientos de la ciencia y la técnica nos pueden acercar a un nuevo humanismo?

Cencillo
: En los nuevos descubrimientos priman la tecnología y las explicaciones espaciales. Humanismo hay
poco. Quizá pueda surgir algo a partir de la ruptura del paradigma físico legalista, lineal y abstracto, a través de la visión fractal de Mandelbrot, los atractores de Lorenz, la nueva física, y por ahí. Lo cierto es que al romperse el viejo paradigma se genera un espacio más flexible en el que caben otros contenidos. Hoy día, hasta los filósofos son demasiado cientifistas. Es una cierta derecha la que se ha apropiado de la línea más humanista (Sartre, Heiddeger, etc.) mientras cierta izquierda sigue todavía en un cientifismo estéril. Falta la fecundidad de un centro que sepa superar, como vértice, estas dos visiones parciales.


- Para mejorar la sociedad, ¿podemos hacer algo?

Cencillo
: Sólo podemos dejarlo al azar, esperar que aparezcan sujetos que hayan conservado su integridad y
su amplitud mental en medio de este corsé matemático de leyes lógicas y principios conductuales. Genios que empiecen a inaugurar en grupo una nueva visión del hombre y de la vida. En política, por ejemplo, llevamos más de un siglo sin avanzar. Seguimos con el Manifiesto Comunista y no hemos hecho nada más que degenerar.
El marxismo se volvió dictadura y el liberalismo, neoliberalismo mercantil. El anarquismo se transformó en postmodernidad caótica, pero en un caos no creativo y poco interesante. Porque, claro, el anarquismo clásico de Bakunin está muy bien por la supresión de las estructuras intermedias buscando que lo vital tome la delantera. A mí me parece el mejor ideal. Pero es inaplicable porque los más pillos machacan siempre a los más creativos.


- ¿Qué crees que puede ocurrir sin ese grupo de sabios o esa mutación social? ¿Hacia dónde se dirige nuestra sociedad?.

Cencillo
: Podríamos buscar antecedentes en los siglos VI, VII, VIII y IX en los que no pasó nada. Pero no
deberíamos hablar sólo de Occidente hay que contar con las poblaciones de África, China y los países árabes, que no paran de crecer, mientras los occidentales van reduciendo su número. Las poblaciones de Occidente serán sustituidas por otras venidas de fuera. Habrá nuevos pensadores africanos o sudamericanos que no son de tradición lógica griega y que tendrán cierto condimento mágico y arcaico, aunque con la tecnología occidental. Serán un par de siglos de superstición. Éste será el primer rinoceronte. Luego todo van a ser rinocerontes, al menos hasta la aparición de un nuevo grupo de genios completamente diferentes a los que estamos acostumbrados. Volveremos a algo como los presocráticos o los sacerdotes egipcios.







LAS ANSIEDADES DEL OCIO

      Luis Cencillo

El ocio popularizado se considera, con razón, como una conquista moderna y casi futurista;
moderna respecto del trabajo alienado, ya que antaño, cuando el trabajo era artesanal, colectivo y común (tribal y gremial) no había espacios de ocio vacío, sino fiestas. El ocio no tiene demasiado que ver con la fiesta.

El reglamento espontáneo que la fiesta creaba, organizaba el espacio del ocio
automáticamente y para todos, como en las culturas tribales la vida entera se organiza y no hay espacio para la opción, tampoco para el stress, ni para el aburrimiento.

A las actividades festivas comunitariamente organizadas no se les llama “ocio”, éste supone
una amplia e indefinida gama de opciones lúdicas –de libre elección– y, no menos esencialmente, la opcionalidad misma de disfrutarlo o de trabajar. Por ejemplo tomarse sus vacaciones en la fecha reglamentaria o no tomárselas, o cambiar las fechas. Esto representa ya un grado de liber taddesconocido con anterioridad al siglo XX.

Antes que nada definamos o describamos el “ocio” (otium, gr. skholé→ “escuela”,
“conferencia” y más recientemente “auditorio”; originariamente: “detenerse”, “parar” y también “observar”, como teréo): ¿es que en las escuelas no se trabaja? La palabra hace referencia a la actividad libre no forzada, creativa. Por eso la palabra “escolástica” encierra cierta paradoja semántica.

Otium no era el simple cese de toda actividad productiva, sino la liberación o el cese de un
trabajo mecánico y “servil” (como con cierto deje clasista se decía) para dejar vagar –tal vez laboriosamente– el pensamiento en la gestación de ideas o de obras estéticas (theoría ← theáomai: contemplar, ver en amplitud). El ocio connota pues creatividad intelectual, poética o artística, por eso cuando ésta no existe, el ocio puramente libre se degrada y se convierte en reiteración adictiva o en consabida y, de nuevo alienante, dedicación a tareas teledirigidas por alguna programación comercial.

Resulta que el ocio es un factor muy necesario para el desarrollo maduro y armónico de la
personalidad (en el judaísmo se decía que el shabbat era el don de más valor que Yahveh había hecho a su pueblo), pero esa estima sacral del día de ocio caía en la paradoja de convertirse en objeto de minuciosas prescripciones que le hacían pesar como un penoso servicio, más que como ocio. El ocio se reducía a no trabajar, pero la grave obligación de no “quebrantar el sábado” trabajando creaba al parecer más onerosos problemas de conciencia que una alegre liberación, de toda servidumbre, lo cual era el fin del shabbat.

De ahí el error, tan frecuente en todas las religiones, de dar lugar, por la minuciosidad
vinculante de las prescripciones, a la paradoja de convertir los medios en fines y crear y recargar la “Ley” e impedir los efectos que se pretendían conseguir por el empleo de tales medios.
El ocio impuesto pierde su función, y llega a cansar, da lugar a una contradicción in adiecto, pues no debiera tratarse de un deber legal grave, pesando sobre un tiempo de esparcimiento, sino en una liberación de las servidumbres del trabajo y de las obligaciones reglamentarias precisamente.

Lo sorprendente es que el hombre medio no sabe vivir sin reglamentos y en el ocio establece
como cosa evidente reglamentos deportivos, higiénicos y lúdicos (la “etiqueta” en los espectáculos) más duros que los del trabajo, cuando no son las dificultades del tráfico en carreteras que conducen a “lugares de ocio”.

Es muy sorprendente el efecto paradójico de los tiempos de ocio en sociedades elitistas, o en
las numéricamente reducidas, provincianas o en villas (que no llegan a capital), donde todo el mundo se conoce, y así el día libre, el paseo y la asistencia a lugares públicos y a espectáculos se convierte en ocasión de ostentación clasista de signos de estatus y de riqueza o de elegancia. Y esto suele preocupar tanto que parece trabajarse durante el tiempo hábil para estar en condiciones de ostentarse con los signos más inequívocos de estatus y de selección (económica o clasista).

Y todo esto no es fruto de ninguna sofisticación, o larga evolución suntuaria, sino que en la
tribus más arcaizantes se da todavía con mayor rigor (en el archipiélago de Entrecasteaux se ostentan en un anaquel delante de la vivienda los mejores boniatos de la última cosecha, en lugar de diamantes, o vestidos y complementos, o coches de último modelo; y en Mounthagen (Nueva Guinea), las plumas y las redes colgantes del cuerpo –fuera de su función originaria de pescar–, o los peinados y los polícromos maquillajes en rostro y pecho, mientras que en Las Rocosas era el potlach (o derroche inútil de mantas, abalorios y otras cosas valiosas fabricadas durante todo el año
para quemarlas en una fiesta, que abrumase por su prodigalidad y despilfarro a los jefes de las tribus vecinas.

Demasiado semejante a lo que sucede en los países de civilización occidental como también
sucedió en el Oriente antiguo, pero ahora con joyas, modelos, “ropa de marca”, coches de alto precio y diseños de ultima hora.

* * *

Todo ello no son coincidencias, sino etología humana y universal. La fiesta, y hoy día el ocio,
no son inocentes espacios de asueto y liberación lúdica, sino algo más complejo y socialmente significativo, que –aparte de la religiosa y arcaica de si se está guardando lo minuciosamente. prescrito; y si, aun sin saberlo, se está quebrantando el obligatorio y sagrado ocio festivo, haciendo algún trabajo no permitido1– descubre tres fuentes de ansiedad, a saber:

1. Cómo se ostenta el estatus en el tiempo de ocio, de modo que se emplee éste de manera
correcta, elegante y con “lucimiento”.
2. Cómo se organiza el ocio de forma productiva, participativa, creativa y original.
3. Cómo se evita el aburrimiento o el habituamiento adictivo y hasta vicioso, durante estosmtiempos de ocio.

Pues el ocio tiene sus riesgos. Y no hablo del ocio festivo, común a toda una sociedad, sino el
ocio que o bien la profesión o bien uno mismo se procura durante toda la semana, en el tiempo libre después de las clases (dadas o recibidas) o del trabajo.

Las nuevas tecnologías han creado un problema suplementario con la oferta “porno” de toda
clase de tipos humanos, actos y hasta órganos funcionando o sin funcionar (por ejemplo, imágenes coprofílicas de traseros defecando). La facilidad de poder contemplar todo esto (cientos y miles de tipos humanos y étnicos, edades y extracción social, y de actos) con sólo manejar el cursor, constituye una tentación muy fuerte (cargada de “morbo”) para jóvenes y aun –sorprendentemente con la misma fuerza– para gente seria y madura incluso, que además crea inmediatamente adicción.

He tenido varios pacientes maduros luchando contra tal adicción y a fe que es difícil. Y ello es
pernicioso y se lamentan, no tanto por las masturbaciones que ocasiona, cuanto por la gran cantidad de horas perdidas, despilfarradas en las tardes, las noches y las madrugadas (y sobre todo en los días festivos). En los estudiantes es esto (aparte de los videojuegos y las consolas) devastador para su rendimiento académico. Así el ocio comercialmente masificado y anónimamente disfrutado se convierte en un verdadero y grave problema (ya veremos lo que sucede cuando, en vez de fotografías estáticas o en movimiento, la oferta sea de hologramas...).

El ocio idealmente concebido es un tiempo de descanso, de enriquecimiento afectivo,
familiar-amical-social y en definitiva integralmente humano, además de ocasión para cultivo de materias culturales y superiores al prosaico trabajo cotidiano. Un tiempo de integración de la persona. ¿Y qué resulta de hecho? Un tiempo generador de ansiedad o de adicciones.

Se ve así que lo más difícil en la vida ordinaria es organizar la libertad, y el ocio es libertad en
acción opcional, tal vez con una finalidad superior en calidad a la consabida de “ganarse el pan”…

Y que lo más laborioso es a la larga “divertirse” y aun “descansar” sin malograrse.

Es un verdadero tic de las religiones la tendencia a convertir en obligación lo que es festivo y medicinal, debería vivirse como tal. Como a Midas que todo cuanto tocaba se le volvía oro, hay autoridades a las que todo cuanto recomiendan se les convierte en norma vinculante. Y esto literalmente “agua la fiesta”.

De ahí ese fenómeno tan sorprendente de la aparición del cansancio y del tedio cuando el
tiempo libre se prolonga demasiado. Y a veces se combina el tedio con la ansiedad. Ello sucede porque para ser libre en el tiempo hay que ser algo creativo.

Ser “creativo” es saber jugar con las posibilidades (una vez conocidas éstas: hay quien no las
conoce y no acierta a organizarse porque le parece debería haberlo hecho de otra manera, irreal), saber jerarquizar las importancias y prioridades del gusto, conocer lo que en realidad se desea además de ser deseable, y combinarlo todo ello no según lo ya consabido y usado, sino según las necesidades profundas –mas no obsesivas ni adictivas– de la personalidad genuina. Lo que en el fondo se desearía para densificar la vida personal y la ocupación laboral dominante no permite hacer… Solo entonces el ocio y el tiempo libre no crean ansiedad ni decepción, sino todo lo
contrario.

No es fácil expresar lo bien que se siente quien, al final de unas vacaciones o de un fin de
semana, se nota enriquecido y aprecia que ha aprovechado “ociosamente” (sin la presión del deber) su tiempo en cosas interesantes, sabrosas y productivas. Por el contrario el ocio social de buen tono está constantemente lastrado por un “protocolo” (lo pertinente y hasta estrictamente obligado en cada situación y momento) que anula todo el bienestar elástico inherente a la “vacación” (hasta el número de bikinis que se tiene que ir poniendo y cambiando una señora cuando está con un grupo de amistades en un yate está tácitamente prescrito; ¡menos de cuatro nunca!), lo mismo que las camisas, los zapatos y las corbatas de los caballeros en convenciones y congresos…

En definitiva: el ocio es la cosa más difícil de administrar y de gozar sin ansiedad ni
problemas, pues, al parecer, se da una conspiración del grupo y de uno mismo para no acertar con lo que, –al liberarse del trabajo para lo que gusta y sacia–, acabe enriqueciendo de veras. ¿Y es que sabemos en realidad lo que nos gusta, o nos gusta algo porque está vigente y el grupo social lo impone? Y esta solapada contradicción entre necesidad y libertad explicaría el malestar del supuesto “ocio” vacacional.

FUNDACIÓN CENCILLO DE PINEDA www.cencillo.com

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TOMAR LA VIDA EN SERIO

      Luis Cencillo

[5 Octubre 2002, Colegio de Médicos]

Ya se comprende que tomar la vida en serio no puede consistir en hacer las cosas serias como en broma −que es lo que suele hacerse, sobre todo los políticos−, para cubrir las apariencias, para quedar bien, “baratamente”.

El gran engaño de la vida colectiva y pública es que se organizan las cosas para que funcionen
y satisfagan las necesidades de todos y ello les haga menos desgraciados, mas luego los ejecutores y los responsables de ello no lo hacen bien, son negligentes, se valen de sus atribuciones para ir pasando su vida profesional de la manera menos esforzada e ingrata posible y obtener ventajas i n d i v i d u a l i s t a s, aunque la satisfacción de las necesidades generales y ajenas quede a medias.

Y casi sin excepción −lo más frecuente y escandaloso de todo−: al organizar la vida pública,
social y económica, crean estructuras injustas que estocásticamente se perpetúan (mediante la “letra pequeña” o la concreción reglamentaria de la teoría).

Por eso las cosas no funcionan. Y la gente se siente frustrada por la vida, por la sociedad y por
su modo de funcionar perversamente, y, en definitiva, por el Estado y sus regímenes o por las clases dominantes.

Se enseña mal, se cura mal, se administra mal (cuando no interviene la descarada
prevaricación), se montan negocios y se ofrecen “productos” financieros más para lucrarse las entidades que para beneficiar, y a tal efecto se engaña en cuanto sea posible y además se imparte deficientemente la justicia.
Es decir, resumiendo, que por muy impreciso que parezca, lo serio de la vida es que cada uno haga bien funcionalmente lo que tenga que hacer.
Se podría acuñar un slogan: Haz bien lo útil para que realmente lo sea.
Lo sólidamente bueno, consiste, en definitiva, en contribuir a que todos −o los más posibles− vivan con mayores posibilidades de no sufrir, de conocer, de cualificarse, (realizarse) y de poder dominar intelectualmente −mediante un buen amueblamiento mental (cosa que hoy está muy lejos de cumplirse)− las angustias y zozobras que crea la vida o la patología causada por malos ambientes familiares...

Y si esto puede parecer demasiado filantrópico, imagínese −para comprender la sólida razón
que nuestro enfoque tiene− lo problemático y poco presentable de la conducta opuesta: una vida y una actividad profesionalmente dedicadas a enriquecerse, promoverse y exhibirse (o hacerse valer como “persona importante”). Una vida para satisfacer apetencias de dominio o de lucro...
¿Tiene esto algún valor social, alguna utilidad para los otros, crea algún vínculo de hermanamiento? ¿Es siquiera tolerable la prepotencia y el narcisismo convertidos en profesión o en imagen de sí?

Con toda certeza una vida así no solo no es ya útil sino parásita para el grupo social y para su
entorno personal, y ni siquiera es útil o gratificante para sí misma, pues vive en tensión egoísta por medrar, y la identidad personal se va desfigurando y alienando, paradójicamente, conforme cree obtener mayores logros “personales”. Es decir, se trata de una vida sin sentido...

Se ve que nuestro ser real y nuestro vivir en el mundo, no pueden consistir en aquello, sino
que se funciona mejor cuando alguien se abre socialmente a las necesidades ajenas, y produce bienes materiales, sociales o culturales, que beneficien a otros.

* * * *

Esto parece universal y patente, y sin embargo para que se adquiera la evidencia de ello han

de aportarse unos fundamentos antropológicos que no todos admiten.

Lo más frecuente es profesar una doble vía o una doble “verdad”:

1. se considera al hombre un viviente que sea simple producto de la evolución universal de la materia, (como cualquier otro y con las causas y efectos mecánicos que han intervenido y respectivamente se han producido en cualquiera otra especie)
2. pero luego se añade, incongruentemente, la muletilla de la “dignidad” y del “valor” de lo humano o de los hombres...

¿De dónde le vienen a la especie humana esas nuevas categorías?
Esto abre la puerta a otros niveles de realidad menos etobiológicos. Y si se admiten tales niveles cualitativos, hay que reconocer que , junto con el altruismo profesionalizado, hay otra dimensión seria de la vida, u otros modos de tomar la vida en serio, que ayudan a lo ya dicho.

Pues el altruismo eficaz y puro no es posible si el sujeto no se depura de apegos egoístas,
caprichosos, cegadores y de deseos parciales que le hacen sesgar su trayectoria.

Y para esto hay que pasar al plano de la sublimación y la superación habitual de las
estimulaciones intramundanas y vivir escatológicamente en el doble plano simultáneo de lo temporal y de lo sobrehumano. Entonces sí que se vive tomando del todo la vida en serio. La vida en función de un nivel superior a la vida misma biosocial.

Porque la lucidez total de un ser humano consiste en ser capaz de percibir simultáneamente
diversos niveles de realidad cualitativamente diferentes, algunos de los cuales superan lo práctico inerte y lo bioquímico mecánico y se sitúan en la esfera de lo que se ha llamado libertad.

El desfondamiento y el inacabamiento de su apertura cenital (
Si no fuera así no habría habido ni historia ni cultura. La dinámica creativa característica de la especie humana dimana de que ni está programada previamente en su instintualidad, ni dispone de antemano de un sistema fijo y dado de sistematicidad ideológica. Ha de aceptarlo y asumirlo por fe...) son en definitiva la característica de la especie humana.

No creo que nadie pueda discutir que el hombre
no esté desfondado en sus pulsiones e inacabado en su capacidad de ideación y de concepciones del mundo Lo cual le aboca, aparte de todos sus condicionamientos evolutivos y biológicos, a posibilidades nuevas de seriedad gratificante y creativa.

Lo más serio de todo, se sea trabajador o político, intelectual o financiero es acertar a existir
escatológicamente.

* * * *

¿Qué es vivir? y ¿qué es “en serio”? Dos cuestiones hoy oscuras o desvaídas...
Vivir es crear mundo para seguir existiendo en ese mundo adaptado a sí y a los propios modelos e ideales (si los hubiera...).Vivir es aspirar siempre a algo y disfrutar dolorosamente haciéndose.O vegetar e imaginarse poco apto para todo.O que se tiene mala suerte...Es errar y rectificar.Amar y odiar o padecer odio.Producir y consumir.Y sobre todo no darse cuenta de muchas cosas; especialmente de las que se van a hacer mal o ya se están haciendo mal, hasta que ya no tiene remedio. ¡Entonces te das cuenta!

Lo mismo que hay un bien barato y un bien caro,
hay un vivir en serio y un vivir flácido y agrio .Por lo general, la gente no sabe vivir en serio. O vive trágica y exasperadamente o cree que vivir es pasarlo bien...Vivir en serio tampoco es pasarlo mal, es vivir simultáneamente en diferentes niveles de valor y de importancia, sin obsesionarse con uno solo.

* * * *

Hay diferentes modos de no acabar de vivir en serio:

• Los que dicen vivir a gusto y que la vida por sí misma −sin más− merece la pena vivirse, porque es a g r a d a b l e...
• Los que se centran en el uso y posesión de cosas.
• Los que se centran y obsesionan con los logros sociales.
• Los que se deprimen.
• Los que se deprecian.
• Los que buscan más...
Y una cosa muy absurda, pero frecuente:
• Los que viven gozándose en un mobbing: en convertir en víctimas a otros de su entorno.

Y casi son ellos los que no se dan cuenta del peor mal de la historia: de que nuestro
bienestar descansa sobre el malestar socioeconómico de otros, de los más; precisamente sobre estructuras injustas por las que se oprime a los débiles. En un mobbing universal y colectivo.

* * * *

El “sentido de la vida” es una cuestión que es a la vez sencilla y tremendamente compleja
como vamos a ver en estos instantes que dedicamos a planteárnosla. No van a ser muchos ni largos.

Y es una paradoja que algo tan importante sea tan sencillo, y algo tan sencillo sea tan
difícil de determinar.A mí me parece que la vida por sí misma no es cómodamente vivible y que sólo en serio es como puede ser aceptable y presentablemente vivida.Si no se vive en serio me resulta un caos la vida. Porque es pura paradoja y la mayoría de los asuntos salen al revés de lo que se esperaba. Nuestra Vida Inconsciente y el Imaginario serán los causantes de ello –¡desde luego lo son!− pero esto hace tanto más desconcertante la vida.

Hace el efecto de que el Hombre es un experimento a punto de fallar:
se debate desesperadamente por hallar: verdad, seguridad, positividad (en sus dos sentidos) y limpieza mas siempre acaba encontrándose con lo opuesto.Y es que nunca se acaba de querer de veras nada, salvo lo que apasiona y aprisiona. Y esto es precisamente lo que no debería quererse así.Hay miedo al compromiso serio, hasta para amar y precisamente para ello, como si la libertad hubiese de preservarse vacía e intacta durante toda la existencia.

Por supuesto toda seguridad, todo éxito y toda parcela de poder –y su conservación− exigen
un montaje, una tramoya, unos “fontaneros”, unas relaciones tácticas..., con lo cual la limpieza falla por su base.

Nada se da gratuitamente y muchos de los precios que hay que pagar envilecen. ¡O no se
quieren pagar! ¿Es tan satisfactorio vivir así?.

* * * *

Todos nos encontramos con la vida en las manos como un don y una posibilidad. Y de
momento no sabemos qué hacer (somos demasiado jóvenes). ¡No nacemos con nuestro correspondiente “modo de empleo”!Entonces unos, sin optar del todo, dan en irla viviendo al acaso, como les salga. O en pequeños y cómodos plazos...

Otros tratan de moldearla artística o heroicamente, aunque luego van a dar en los manejos y
la poca limpieza en sus procederes con tal de obtener sus éxitos que acaban siendo puro simulacro.Otros tratan de sacarle jugo hedónico y crematístico.Otros van aplazándolo todo porque les pesa vivir y no aciertan a iniciar cada proyecto y a seguir los pasos adecuados con la puntualidad y la exactitud debidas.

Otros sufren siempre, mientras que otros les hacen sufrir: hay simbiosis de dolor
  inextricables e incomprensibles. Y ambos, víctima y verdugo, se alían cómplicemente ¡Y no hay manera de separarlos en su interacción sadomasoquista!

Los más trabajan para pagar sus continuas deudas pecuniarias, y consumen. Pero su gran
problema es el amor.Vivir no es sólo ascender y ocupar cargos o hacerse “famoso” (siquiera sea por ser modelo profesional...). Para la mayoría de los humanos es trabajar ingratamente y no levantar cabeza, pero quedan posibilidades de felicidad, que contienen algunas trampas si no se saben manejar... Y estas trampas hacen que, finalmente, otros se encuentren con que la vida se les pasa, se les ha pasado ya casi por entero, en su años hábiles y no se han dado cuenta, pero además se encuentran irremediablemente solos. − ¡No quiero alarmar, quiero despertar dormidos! −

Primero esperaron crecer, luego creyeron que debían divertirse como la sociedad de su
tiempo les dictaba, o mediante gastos inútiles en artículos horteras hacer los modernos(as) y ponerse al día en las vigencias manipuladas por el marketing...

Luego trataron de buscar una modesta solución profesional para ir pasando y resolver
problemas económicos, mas sin comprometerse con nada. Algunos ni con una pareja y unos hijos...

Otros, o estos mismos, ya de antemano se confesaban ineptos para nada importante, y en
realidad no había nada importante que hacer...
Otros sí querían destacar y cualificarse, pero se les hizo tarde... Pues la cualificación es cosa de un septenio en toda y por toda la vida (aproximadamente entre los 20 y los 27, o antes). Y este septenio se escurre entre las manos al menor descuido.

Si en esa juventud temprana no se hace acopio de idiomas y otras ciencias y técnicas
auxiliares, las matemáticas en algunos casos, y en otros alguna pericia o habilidad social, ya nunca. se podrá trabajar de primera mano, e ir a las fuentes, o ensayar pioneramente los resortes todavíainéditos de la economía, que han de dar soluciones a problemas aparentemente sin salida....

Los políticos son mediocres actualmente en todo el mundo porque nunca han pensado
creativamente ni manejan técnicas avanzadas (tan avanzadas que no se hayan experimentado aún), sino refritos y más del o mismo.

En el Estado y en la Iglesia suelen llegar a los puestos de poder los que no piensan
creativamente, y precisamente por ello.
¡Llevamos casi dos siglos sin aparecer ninguna teoría política nueva y creativa!

Aquel eslogan del CDU alemán en varias campañas electorales: keine Experimente! parecía
sensato mas resultaba mortal para el avance sobre los condicionamientos de la época. Era el mensaje estáticamente conservador del miedo a lo nuevo por ser nuevo. Por eso las culturas tribales han permanecido en la prehistoria.

El opuesto error, el “progresista”, se produce cuando se cree que hay que estar cambiando
siempre para estar al día, y se echan por la borda logros válidos por el solo hecho de estar ya adquiridos.

El temor en este caso viene de lo antiguo, no de lo nuevo, pero en ambos casos se rompe el
ritmo temporal adecuado de tránsito armónico de pasado a futuro.
Y si no, se contenta uno con planes y pasatiempos, con el disfrute de “pequeñas cosas” e ilusiones... (como tantos y tantas dicen... y hacen). Aparte de que hay sujetos a quienes son precisamente esas “pequeñas cosas” las que peor y más ingratamente les salen debido a fuentes de contrariedad continua: problemas con el coche en el mejor momento, cuentas inesperadas, viajes de placer que fallan, plantones, malos entendidos, roces en las reuniones familiares o de trabajo, sentirse hecho de menos, cuando no se cae bajo la influencia pertinaz y desesperante de una persona macosadora (mobbing).

* * * *

Y por último la senescencia... (cuando todo va doliendo y se deteriora). Y siempre la lucha, la necesidad de orientación, la puesta a punto, la competencia y el reciclarse, el no dar la medida, o quedar mal a pesar de todas los cuidados empleados en un asunto.
Y sobre todo: la responsabilidad que espontáneamente se siente; y el d e b e r. Pero hoy casi todos adolecen de una pérdida de valores básicos, y los que no, dan en el fundamentalismo para rígidamente defenderlos.

Otros se llenan la boca con el “Derecho natural”, pero no se dan cuenta que imponen las cosas menos naturales en su nombre.

* * * *

El bien es todo lo que hay que hacer −o hipotética (para conseguir un efecto determinado y pretendido) o absolutamente (porque sí, porque si no se actúa de ese modo se envilece el sujeto o daña a otros, aunque no obtenga ningún beneficio a cambio.)−, o cuando se pretende un resultado positivo y porque sí... Pero el que actúa bien suele quedar mal: le hacen mal, abusan de su buena fe.

El mal da mejores resultados sociales a la corta, pero a la larga corrompe y daña. Y además
es lo que no hay que hacer... Y la vida oscila ahora no entre el hacer bien y el hacer mal, sino quedar mal o quedar bien.... Y esto la hace también costosa y dura.

No se puede actuar siempre “a su aire” y “liberadamente”. Hay que actuar conforme a ciertas
pautas prácticas que limitan la libertad allí donde ha de comenzar la iniciativa ajena. Atropellar las posibilidades ajenas por actuar desahogadamente es ya un principio de “mal”. La libertad del otro es ya en principio nuestra “ley”. Pero también, aunque no se perjudique a nadie, actuar de manera improvisada, imprevista, sin una cierta planificación es dejarse caer casi con certeza en la improductividad y dejar pasar la vida inútilmente. Y esto al llegar la cincuentena se lamenta, desazona y hasta puede deprimir irredimiblemente.

* * * *

Por poco que se valore la vida, o por mucho que se valore el pasarlo bien sin hacer
demasiado, siempre resulta doloroso −desazonante al menos− llegar a la evidencia de que no se ha hecho ”nada”. La “nada” siempre asusta, aunque se piense que, con la muerte, no se va a ser “nada”...

Paradójicamente a algunos les entra la comezón de dejar, en su mundo o su mundillo, algo
positivo y válido al desaparecer (una obra, una recuerdo colectivo, una herencia que lleve su nombre), cuando debería darles lo mismo: Voy a expresarme como un filósofo latino: Si fueses nada ¿qué más da el puro nombre de la “fama” (flatus vocis)?Y si no fueses a ser nada, sino algo y muy valioso ¿qué más da dejar “nombre” en el mundo, si vas a ser siempre más de lo que tu nombre –y tu obra− expresen?.

* * * *

El hombre actual tiene muchas dudas planteadas: no sabe a qué atenerse y, aun peor, no
encuentra filosofía alguna que le oriente.
Los Maestros de la Sospecha le han quitado toda capacidad de confiar y de creer de veras en algo, pues le han presentado todo como trampa, como amaño interesado de una clase para engañar y explotar al ingenuo.

Y algo de esto hay, como un componente colateral de muchos asuntos, pero no lo es todo,
ni menos la esencia de las cosas serias... Por eso los menos exigentes de rigor mental se inclinan al budismo o a las confortables (Eduardo Punset, Salvador Panikker y una lama española llamada Ángeles convinieron una vez en televisión que el Budismo era una espiritualidad “confortable”. Y me pareció una calificación inesperada y genial. Lo que ya no me parecía tan lógico es que un occidental que ha visto lúcidamente lo que hay o pueda haber (de definitiva) se haga lama tibetano...) místicas orientales. Es con lo único que los Maestros de la Sospecha del XIX no se metieron.

Los exigentes no podemos declinar hacia esos arcaísmos que vienen de la noche de los
tiempos sustentados por mitos o visiones imaginativas de un cosmos precientífico. Precisamente lo que nos impide a los occidentales creer y practicar esas religiones es su ritualismo y su horizonte imaginario y politeísta. Las ciencias nos hacen críticos para todo ello.

En cambio fiarse de una persona, que por otro lado ha descubierto el mal radical y nuclear de
la humanidad, prescindiendo de toda concepción cosmológica, parece la única forma de creer, sin adherirse a una “religión” en sentido arcaico.Lo malo es que las iglesias han ido reconstruyendo obtusamente lo más arcaico de las religiones antiguas en torno a la persona, que no es mito ni rito, sino palabra desveladora de la situación real del ser humano....

Pero extrañamente los más escépticos acerca de los ritos católicos se desviven por hacerse
lamas o sufíes. Nunca podré comprender que ningún occidental ilustrado se avenga a identificarse como lamaísta, pues esta religión fragmentada en sectas politeístas y animistas, reúne todo lo más arcaico y mágico de la historia de los cultos conocida. No me parece que sea tomar la vida en serio.
Ya no me lo parece la dedicación monjil a la práctica cultual intensiva (Al fin y al cabo los altarcitos, pañitos y dulces en que gastaban su tiempo las monjas de clausura eran más dignos que los tangas y modelos de las damas que se hallan en medio del mundo. La intención cuenta. Y lo actual es más vano todavía. Lo mundano es vano, no conduce a nada sustancial, que es lo que deseamos), pero si esas oraciones se perciben despojadas de su hojarasca ritual y se ven como un puente tendido humanamente hacia la trascendencia, tienen mucho valor. Hacia una trascendencia personal que consta bíblicamente que ha estado siempre tratando se comunicarse con el ser humano.

Pero la hipotética comunicación “blanda” con una energía impersonal e intracósmica que nos
sale al paso en todas las cosas, porque es la sustancia misma de nuestro mundo inmanente... no veo por qué ha de valer la pena entregarse a ejercicios de concentración y abstinencias para “purificarse”: ¿De qué?

Algunos dicen que del dolor de vivir. Identifican el mal y el dolor... Pero a los occidentales el
cristianismo nos ha enseñado de sobra que el dolor no es tan negativo y que se puede redimir el mundo mediante el dolor... Ya hemos perdido la inocencia o ingenuidad del miedo al dolor. Yo por lo menos la he perdido, así que estas místicas gratificantes (“confortables”) que niegan el dolor no me convencen.
Todo lo que sea negar su realidad a lo que se impone y se mete por todos los sentidos me parecen actitudes maníacas. Yo no me abstendría de los sentidos para negar el dolor, o superarlo sino en todo caso para negar el egoísmo en mí y desapegarme de las cosas, deseos y caprichos que tiran de mí hacia trivialidades que me enajenan de la opción preferencial hacia los carentes.

* * * *

Planteémonos de una vez qué sea lo serio: Y qué sea tomar la vida en serio. Pues unos toman
la vida en serio, y otros la fabrican en serie... Son los que viven sobre la base de adoptar modelos convencionales que ofrece la propaganda (que es en el fondo y siempre mercantil...) (Y los que eligen “ser modelo”, esos y esas ya se vuelven alienación y despersonalización puras: plastifican su personalidad para lanzarla al mercado sin que el manoseo de la clientela los ensucie, pero no se ensucian, se nadifican).

Voy a responder desde mi experiencia de esa vida que ya está, acabando de pasar. No deseo
imponer “mi verdad” a todos, como se suele hacer cuando se compromete uno, sólo quiero declarar mi vivencia de haber vivido, habiéndome venido preguntando desde muy pronto (los 18 años) cómo la viviría en serio.

Lo que desde entonces siempre me aterraba, −en un modo de sentir que brotaba espontáneo−
era y ha venido siendo, haber vivido para nada (pour rien, diría Sartre, o Heidegger: das entgleiten aller Dinge in das Nichts...: “el resbalar de todas las cosas en la nada”). Teresa de Ávila dice que la impresionaba −de la misma manera− el “para siempre”, a mí eso no tanto, cuanto la nada, y más todavía el para nada...

Haber sido para nada. Pero una nada lúcida de haber sido, de haber podido ser algo más que
nada ...y haberlo dejado pasar por no tomarse la molestia de tomar en serio el tiempo.

Un tiempo que era yo mismo en cuanto posibilidad que pasaba (que estaba continuamente
pasando). La gente suele perder (y aun “matar”) el tiempo, como si sobrase, cuando siempre falta, si no se deja de tomar en serio. Y no deja de ser un problema huidizo llegar a saber qué sea lo serio.

Las cosas que la gente se toma muy en serio, vistas desde otro enfoque más sensato o más
psicológico, pueden resultar hasta ridículas: premios, homenajes, fama literaria, política, jefaturas, poder, fortuna o lucro. Y soy consciente de que estoy nombrando las cosas que se estiman ser las más importantes.

Pero lo importante no es el disfrute de lo importante (tampoco el no disfrutarlo, todo esto
resulta indiferente); tampoco puede consistir en parecer o en tener. Reconozco que es agradable y alentador el reconocimiento de un público, y el tener medios y fortuna, pero todos sienten al final que con sólo eso no se ha conseguido gran cosa, de no estar bastante trivializado.
La fama y los homenajes, lo mismo que los premios son desde luego leve vanidad. El poder, la política y la fortuna no lo son tanto, sino importantes medios para...( sólo medios).

Lo que no que puede uno permitirse
es estar plenamente satisfecho y a gusto (existencialmente) con sus brotes narcisistas y gratificaciones individualistas como exclusivo “horizonte” del propio mundo, mientras haya estructuras injustas que atenacen a las mayorías populares (a costa de las cuales se via). Si no, volvemos al tic infantil y narcisista de apetecer el poder para “estar por encima”, ser admirado, dominar a otros y no ser dominado. Y no para servir de algo y bien.

Y esto es poco sano (y en algunas personalidades llega a lo monstruoso). Y desde luego no
parece serio. Lo serio es hacer buena política y buena economía, hacer prosperar la producción y la difusión de bienes, y no centrarlo en el incremento sistemático del propio beneficio. O contribuir con el arte y el pensamiento a que el mundo sea más habitable, rico en valores y los hombres más universalmente abiertos a lo bueno, bello y común, no a lo angosto y egoísta de sus propias vidas escasas en valor, desoladas y sufrientes.

Crear, administrar (superando o evitando las estructuras injustas) y enseñar (ayudando a
moldear la personalidad de otros y de muchos) es lo mejor que puede hacerse, además de curar, asistir y defender. Y en la vida de quienes no pueden nada de esto por su puesto social de trabajador: amar a los suyos con eficacia... −desarrollar una cultura de la amistad y la projimidad solidaria−.

La paradoja en todo ello es que si un Estado, −como fue el soviético− impide y prohibe por
principio el beneficio capitalista, la calidad de la producción y la estimulación empresarial decaen y se acercan a 0; pero si las posibilidades del beneficio son ilimitadas −además de producirse también con inferior calidad aunque de otro modo: procurando con la estética de los productos halagar engañosamente al público que compra libremente y gasta más de lo que puede− la injusticia y la irresponsabilidad social aumentan.

Y los débiles −es decir: la MAYORIA− siguen siendo desgraciados y oprimidos.
De un modo y del otro siempre peligra algo, pues las apetencias o no se satisfacen en principio, o no se acaban nunca de satisfacer. Y ello, naturalmente se hace a costa de los más débiles.

* * * *

De lo que voy diciendo, se deduce que el bien consistente y sólido nunca termina en sí
mismo, en el individuo y en su bienestar, su gratificación o su engrandecimiento (trivial o momentáneo). Ha de ser participable y difusivo tendiendo a los demás. Es lo más serio. Y todo ello depende de cómo se haga lo que se hace: administrar, sanar, educar, defender u organizar la producción, o producir.

FUNDACIÓN CENCILLO DE PINEDA www.cencillo.com
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RESUMIENDO

Luis Cencillo

(El texto siguiente fue sido escrito por Luis Cencillo en octubre de 2007 para Wikipedia):

Resumiendo: En cada una de las áreas o especialidades que he ido tocando he introducido alguna modificación sensible, a saber:

[ Y especialmente: ]

A. Psicoanatomía o articulación intrínseca de dispositivos, modos de respuesta y reacción, episodios y formaciones de apoyo y de drenaje, en la vida inconsciente de un sujeto.

B. Imaginario (repertorio inconsciente o subconsciente, de iconos potencialmente simbólicos, figuraciones y “radicales”==> raíces del Lenguaje y arquetipos).

C. Nueva sistematización de la Psicopatología, la dinámica de la Psicodiálysis y las bases de su eficacia.

Ya que la realidad básica del “mundo humano” no es el clásico conglomerado de las cosas físicas, sino un sistema reticular de actuaciones y expresión productiva: es decir Praxis.

El mundo real para la especie humana no es ni una supuesta “naturaleza” (que en el fondo sería un mundo percibido por el hombre pero del que se ha eliminado la subjetividad formalizadora humana), ni solo “cultura” o “idea” sino:

La así llamada Praxis constituye, produciéndola, la efectiva y verdadera realidad, en sus diferentes aspectos, a saber:

Y este conglomerado consta –lo recordamos una vez más– de un entramado (en organización sistémica) de significados, valor, emotividad proyectada e investida en palabra y en gesto. Así se crean los verdaderos referentes reales del lenguaje

Esto no implica “relativismo” alguno, sino la indefinida tarea de la especie que [por ese continuo cambio, (más lento o más rápido) de contenidos, modulaciones, reparto de acentos y estilos] siempre ha de intentar dar cuerpo y origen a ulteriores o a nuevas formas de configurar y remodelar sus sistemas de relaciones (económicas, familiares, afectivas, sociales y políticas, laborales, productivas creacionales, publicitarias, lúdicas, polemológicas…) a cada tracto temporal –en la variable duración de cada uno (tracto→ época).

Y por ese constante cambio de significados, acento y estilo, diversamente interrelacionados por unas formaciones de apoyo viables y variantes, es por lo que el existir humano es y nunca se detiene en su evolución como historia.

Esta propiedad obedece a la peculiar manera de ser el hombre genérico ánthrôpos [no solo ánêr (varón) o thêlys (hembra)].

 

Antropología

La Antropología ha de ser integral. Ha de tratar de lo humano en cuanto humano como riguroso "objeto formal". Los estudios etnológicos, paleontológicos y culturales son solo preparación para lo formalmente antropológico de la investigación.

Todo lo que sea describir o concebir al “Hombre” en términos de un organismo −tal como anatómicamente se le percibe y se le representa− es pura metáfora.

Resulta indescriptible si pretendemos limitamos a su corporeidad visible, o lo tratamos como un compuesto de partes designables.

Y solo podría aceptarse lo que se diga en términos de “dimensiones” o de “aspectos”.

Estas dimensiones las hemos identificado (a partir de las diferentes y típicas experiencias existenciales) desde 1971 como: Desfondamiento.

Que a su vez se despliega según los casos, en

Todo lo cual, unido a la Praxis (su mundo “real”) hace que sus comportamientos posean la propiedad de resultar éticos/antiéticos.

 

Desfondamiento

(gr. athemelía, alm. Grundlosigkeit):

Carencia de programación innata, o de base invariable y fija, −naturalmente dada−, para desarrollar comportamientos complejos, o siquiera para conocer, conocerse, valorar y optar.

Los esquemas de acción complejos, en cuanto conducta −y aun algunos de pura predisposición simple− ha de aprenderlos cada individuo por educación, entrenamiento y “principios” (ética).

Y este “desfondamiento” es el precio de:

[esto sería el sentido real de la expresión bíblica que caracteriza al hombre en sus dos sexos como tselem wedemut: un “infinito” incoado y nunca pleno].

Con los siguientes corolarios

 

Negatividad

Solo el hombre puede:

[negar la existencia de algo, o la suya propia y aun afirmando la existencia]

- negar sus cualidades

- negar sus relaciones,

- negar sus valores.

Reducir alguien existente y real a la “nada” axial es el efecto de la palabra-insulto. Y hacer sitio [crear nuevos ámbitos de presencia] a lo Nuevo...

 

Frontería

En una cuádruple vertiente:

bien por

 

Indefinitud

El ser humano no vive ni se siente, al existir, clausamente “finito”, ni tampoco como una especie de “infinito”, ni siquiera como indefinido (pues no le da igual lo que suceda ni lo que se opine, ni cómo se valore, o ni siquiera cómo él mismo actúe).

Toda su existencia flota entre posibilidades dudosas, siempre entre un arrastre hacia “lo más” y una fatiga o desmoralización ante “lo incolmable” como un infinito puramente virtual que se resiste a caer e instalarse en la ilusión pero necesita aspirar a algo que le supere.

Por supuesto, esta flexibilidad o transformación continua, indeterminada y ambivalente tiene la consecuencia de la Autoplasticidad de perfiles y actitudes del hombre como especie, como miembro de clase y como individuo.

 

Excentricidad

Hay en la estructura mental del ser humano una exigencia del "Centro", que mientras no encuentre cuasi iniciáticamente deja al sujeto al margen provisional de lo "realmente importante".

 

Orientabilidad (más exacto: Orientandidad)

De ahí que el hombre como especie, grupo e individuo busque necesariamente modelos, sistemas, referentes universales, siguiendo cuyas líneas se realice, pero en ello es muy fácil el error opcional.

 

Tensionalidad multipolar

Aun entonces, siempre subsiste el ser humano tenso entre contrarios y variables de los cuales no sabe o no acierta a primar. De todo este problema y para cuya solución se van originando las sapiencías, las revelaciones y la ética.

”Ética” NO es en sí misma un sistema de pautas, preceptos, o gestos rituales, sino un modo de comprender la conveniencia o inconveniencia de cada una de ellas, aquí y ahora, entre diferentes posibilidades de actuar (en definitiva construyendo, destruyendo, valorando y transformando). El "bien" resultante puede describirse como:

A. Extrínsecamente:

a.     Capacidad de relaciones sociales elásticas y pluridimensionales

b.    Canalización adecuada de energías

c.     para cumplimiento suficiente de deberes y deseos orientados y productivos

d.    y desarrollo de una dinámica creativa y progrediente (no queda estancada).

B. Intrínsecamente

a.     bienestar psíquico generalizado

b.    seguridad endógena: autoposesiva y autoponente (asertiva, autoexpresiva, productiva)

c.     apertura comprensiva

d.    fruición del propio vivirse y del propio actuar

e.     mínimo de creatividad.

 

Filosofía


La llamo concreta porque no se detiene ni siquiera en la frontera de las abstracciones tradicionales. Llegado pues el caso puede tener interés y medios para estudiar lo real y concreto en cuanto tal.

Se centra como su punto de arranque en –o al menos parte de…− la Gnoseología...

                o      a sus componentes sémicos, axiales, sociales subliminales y conceptos-iconos.
                o       ...y a la palabra…

Principios Metodológicos

La formulación de un sistema de principios, por muy artificial que parezca, resume sistémicamente la dinámica, la articulación fásica y cronológica de una supuesta naturaleza del ser humano, a saber:

  1. pr. Holísico – pr. de Diferencialidad
  2. pr. de Tendencialidad – pr. de Realidad
  3. pr. de Posibilidad / pr. de Mayor Rendimiento
  4. pr. Controlabilidad / pr de Radicalidad
  5. pr. de Atención flotante / pr. de Avance Regresional

NOTA: el comentario extensivo se halla en Interacción y Conocimiento t. II (Salamanca, 1988) cap. 6, p. 125 ss.

 

Psicología

La Psicología, como un saber riguroso, no es una transcripción al lenguaje convencional, canónico o matemático, de una serie de observaciones superficiales, sino que debiera ser un ahondamiento en lo característico, específico y propio de lo humano, visto ante todo y sobre todo en un ámbito diferencial de individuos o pequeños grupos de sujetos de observación (otra cosa sería Antropología). El hecho de que no haya un lenguaje todavía consagrado para hablar de lo específico humano no es un impedimento, hay que crearlo como han hecho todas las ciencias y hasta ahora el lenguaje que parece más apto a la densidad de cada ejemplar de la especie humana es el personalista. En vez de hablar de “psiquismo”, de “agente” o de “capacidades”, parece más comprehensivo hablar de “persona”.


La ”Persona” connota mayor densidad, vitalidad individualizada y dignidad que “sujeto” y se compone de formaciones de apoyo, de más o menos complejidad o consistencia estructural, de un potencial de reserva energético, de unas vías de canalización centrípeta y centrífuga para recibir información y transmitir comportamientos energetizados y unos dispositivos de conversión o filtros que producen la transferencia de aprendizajes y otras mutaciones de nivel y de calidad de sus contenidos que son típicamente humanas.

Junto con ello se supone desde la experiencia personal una conciencia de identidad, autoestima, diferentes formas de consciencia y valoraciones diversas de los propios actos.

La corrección de las irregularidades y desajustes en esta economía de la densidad individual de cada ejemplar humano se suele introducir. Esto es a lo que llamamos Psicoterapia.

La Psicodialysis consiste en ir dejando que fluya todo el peso de las vivencias del pasado que oneran la consciencia del paciente e ir al mismo tiempo, conforme el material y la disposición de aquel lo permita, enlazando e interrelacionando los significados de unos con otros, y con su vida concreta que ha evolucionado en sentido irregular.

Hay un arrastre de la palabra y de las imágenes que se van formulando y concretando durante el proceso terapéutico, que con mayor o menor intensidad, movilizan la personalidad profunda del paciente, supuesto un mínimo de transferencia, es decir, de apertura confiada y sin reservas al espacio de comunicación que se forma entre el paciente y el terapeuta.

Cuando todo va estando explorado y la vida inconsciente percibe que va a haber un cambio radical obligándola a salir de su cómoda matriz de ventajas secundarias, se produce un periodo más o menos duro y difícil de resistencias.

Una vez superado esto, viene la integración de lo que antes estaba incoherentemente disperso y empieza a sentirse la realidad de manera adulta y compleja, planteándose entonces cuestiones de ética, pero una ética que no puede ser impuesta por el terapeuta sino que ha de ser mayéuticamente elaborada por el paciente, sobre la base de valores éticos previamente conocidos por el sujeto, más otros descubiertos en el curso de la terapia. Lo principal es que en lugar de ser una ética impuesta sea una ética elásticamente asumida como convincente para el agente de la nueva conducta.

 

Hermenéutica

Todo conocimiento real tiene un momento hermenéutico. Es decir ha de ser complementado por una interpretación en cada caso y circunstancia biográfica o histórica diversa. Por lo tanto, estamos interpretando siempre algo de lo que nos parece conocer con certeza.

La diferencia de mi concepción de la hermenéutica respecto de Freud y otros autores está originada por las traducciones paleográficas de los filólogos, de lenguas en las que no hay diccionario.

La inmensa mayoría de los autores piensan que el diccionario lo construye el jefe de la escuela y queda consagrado para siempre.








RECENSIÓN: CÓMO PSICOANALIZAMOS

Dra. Silvia Jiménez.
Directora de formación de IPSA-Levante

FICHA TÉCNICA

EDITORES: Javier Castillo y Raimundo Guerra

RELACIÓN DE AUTORES: Dr. Javier Castillo Colomer, Dr. Raimundo Guerra, Dr. Francisco Santolaya Ochando, Dr. Juan Carlos Pastor, Dr. Luis Cencillo Ramírez de Pineda, D. Enrique Galán Santamaría, D. Mikel García García, D. José María Herce, Dña. María Ángeles Ortiz Oria, Dr. Vicente Manuel Ortiz Oria, Dña. María Teresa Fuente Redondo, Dña. Silvia Tarragó Garrido

TÍTULO: Cómo Psicoanalizamos. De cómo la psicoterapia aborda el padecer humano

EDITORIAL: Manuscritos

EDICION: 2008

PAGINAS: 319

FORMATO: 21 x 14

LA OBRA

“Cómo Psicoanalizamos. De cómo la psicoterapia aborda el padecer humano” es un libro innovador. A los psicólogos en general, y a los psicoterapeutas de orientación psicoanalítica en particular, nos es difícil encontrar, porque prácticamente no existen, libros en castellano donde se recoja la práctica clínica desde una perspectiva psicoanalítica. Es prolífica la publicación de obras sobre la teoría psicoanalítica tanto ortodoxa como heterodoxa, sin embargo, son escasos, por no decir inexistentes, los libros donde se de a conocer cómo se lleva a cabo esta teoría en la práctica diaria. Es normal que esto sea así, ya que es una tarea compleja sintetizar en unas pocas páginas la difícil tarea de los psicoterapeutas.

Los editores de esta obra, los Doctores Javier Castillo Colomer y Luis Raimundo Guerra Cid, han tenido el acierto de reunir las experiencias de la práctica clínica de doce psicoterapeutas de reconocido prestigio, que exponen cómo llevan a cabo su trabajo de una forma rigurosa, clara y sistemática. El lector puede encontrar en este libro experiencias clínicas que van desde la práctica privada a la pública, desde orientaciones más ortodoxas hasta perspectivas más heterodoxas e integrativas, pero todas ellas con el punto en común de la amplia formación y la gran experiencia de los diferentes autores.

Es una obra interesante para todo estudiante y profesional de la psicología y la psiquiatría ya que en ella encontrará diferentes estilos y formas de entender y llevar a cabo la práctica terapéutica. El estudiante a menudo desconoce los diferentes caminos formativos que puede seguir. Este libro puede serles de interés, ya que muestra cómo psicoterapeutas con puntos de vista diferentes en su formación, llevan a cabo su trabajo en diferentes ámbitos.

Por otro lado, creo importante resaltar, que es un libro que puede resultar interesante para toda aquella persona interesada en conocer cómo trabaja un psicoterapeuta de orientación psicoanalítica. El desconocimiento, por parte de la sociedad en general, de cómo se lleva a cabo un proceso terapéutico dificulta, en ocasiones, que se acuda a terapia cuando se necesita y también puede interferir en el proceso mismo. Por ello, la lectura de este libro puede resultar una ayuda para aquellas personas que necesiten ayuda pero que se encuentran indecisas.

Por último decir que es un libro sencillo y claro de leer, que aún teniendo unas líneas directrices claras seguidas por todos los autores ha respetado la singularidad de cada uno de ellos y que, ante todo, muestra el profundo respeto que todos los profesionales sienten por sus pacientes y su confidencialidad, por su trabajo y por el de sus colegas.






RECENSIÓN: EFICACIA DE UNA TERAPIA DINÁMICA

Dr. L. Raimundo Guerra Cid 

FICHA TÉCNICA

AUTOR: Luis Cencillo Ramírez.

TÍTULO: Eficacia de una terapia dinámica (en versión dialytica)

EDITORIAL: Manuscritos.

EDICION: Junio de 2008.

PAGINAS: 289.

FORMATO: 21 x 14

LA OBRA

En multitud de ocasiones mis alumnos me han oído hablar, medio en broma medio en serio, a cerca de la existencia de un top ten donde salen reflejados los que considero los mejores 10 libros escritos sobre psicoanálisis. Cuando me preguntaban que libros estaban en esa lista, solía contestar que no lo tenía muy claro pero que sin lugar a dudas el numero uno era “La práctica de la psicoterapia” de Luis Cencillo.

Este libro que hoy les presento es heredero de esa obra, durante largos años preguntaba al profesor Cencillo porque no se volvía a reeditar la práctica de la psicoterapia, a lo que el me solía responder que habría que rescribirlo. Eso es precisamente lo que hizo rescribirlo pero otorgándole una mayor clarividencia con una experiencia clínica y un conocimiento de 20 años añadidos a la publicación de la práctica de 1988.

Es su última obra, el último legado sobre psicoterapia que nos ha dejado y publicada cuatro días antes de su fallecimiento; los que conocemos su obra psicológica observamos una mayor claridad en la expresión de los contenidos, algo que siempre se observa en estas mentes geniales al final de su obra, viendo como explican con tanta evidencia su conocimiento y asunción de “como son las cosas”, las mentes preclaras cuando llegan al final de su trayecto dejan  para los demás un conocimiento más manejable en sus últimas obras en relación con su trayectoria, ejemplo de esto a parte de la obra que nos ocupa, ocurre con otras por ejemplo en la última obra de Winnnicott (“Realidad y juego”) o en la de Adler (“El sentido de la vida”).

“Eficacia de una terapia dinámica” comienza con un mensaje claro y contundente una máxima que resume la manera de operativizar  la psicoterapia, solo podemos dar una adecuada atención al paciente y comprender su caso si lo hacemos desde la concreción de esa persona que tenemos delante y no desde un modelo predeterminado (un axioma bastante claro de la escuela de Cencillo).

            Desde esta premisa el libro continúa mostrando al lector los diversos elementos que contribuyen a la aparición de los desajustes de la personalidad y sus claves. Esto se fundamenta desde el abordaje de las paradojas humanas y comunicacionales. El autor a este respecto señala tres fundamentales: la paradoja del síntoma que presenta el paciente, entre la que se halla inmersa su vida y finalmente la que se produce en el orden comunicológico con el terapeuta al hilo de la transferencia. Las paradojas vitales, sobre todo las iniciales acontecidas en la infancia delimitan el camino a seguir de la estructura de la personalidad de manera impronosticable, dando lugar a consecuencias impredecibles. Aún con la dificultad que tiene desenmarañar estas primeras paradojas su resolución no basta para ajustar totalmente la personalidad, pues el efecto de estas primeras paradojas a las que el sujeto se vio sometido han seguido un camino autónomo creando a su vez estructuras, subestructuras y variando diferentes partes de la personalidad “trayectorias simbólicamente sobredeterminadas”.

Esta visión que Cencillo muestra se asemeja mucho a las perspectivas contemporáneas en antropología evolutiva y sapientización sobre teoría de la evolución hominida, en concreto las que se relacionan con los sistemas autopoieticos y caóticos, dado que en la practica clínica los terapeutas observamos que los síntomas y sus consecuencias también pueden constituirse en un sistema autónomo y de efectos múltiples siguiendo a menudo trayectorias dispares en un caos, aunque sin total ausencia de orden.

Precisamente a través de la discusión sobre la dinámica y el tratamiento del síntoma podemos encontrar algunos de los párrafos más brillantes de este libro. La concepción que Cencillo tenía de los diferentes aspectos del síntoma están muy lejos de la mayor parte de las corrientes de la psicoterapia contemporánea, básicamente porque para él suelen ser más representativos de la desestructruración del individuo las “conductas simbólicas” metáforas representativas de la labilidad psíquica del ser humano que van más allá de lo meramente sintomático pues difiere en modos de expresión de aquel.

            A través de esta perspectiva el autor va delimitando a lo largo de esta obra su fundamentación teórico-práctica de un modelo que había creado más de 3 décadas antes. Por ello a modo de manual eficaz, transparente y flexible -dejando paso a la creatividad elástica de cada uno- el autor nos va transmitiendo el proceso fasico en el que consiste la terapia y los pormenores y características de cada una de esas etapas. Pero esta concepción de la psicoterapia no es estática sino lógicamente dinámica y abierta a lo sorpresivo que los ritmos concretos de cada paciente puedan aportar a su singular psicoterapia, así como el manejo idiosincrásico con el que el psicoterapeuta actúe.

            Es en esta parte intermedia de la obra donde el autor expone el fundamento de su  psicoterapia dialytica, concepto que etimológicamente trata de ilustrarnos sobre una diferencia crucial entre el análisis (observación fría de determinados factores) y la diálisis (observación y devolución drenada al sistema observado de esos elementos que previamente han sido analizados).

            Todo ello es acompañado en la parte final del libro por el cuidadoso estudio para  el psicoterapeuta de una herramienta básica: el tratamiento del material que el paciente nos aporta y su hermenéutica, faceta ésta en la que el Profesor Cencillo ha insistido en tratar con sumo cuidado y atención a lo largo de su obra. Indicando al lector que esta labor ha de hacerse a través de parámetros singulares y siempre con la cautela del científico que está manipulando variables y tratando de comprender de manera no sesgada los resultados que de su investigación se desprenden.





RECENSIÓN: ASESORAMIENTO, QUÉ TÉCNICAS, QUÉ FILOSOFÍAS

Dr. D. L. Raimundo Guerra 

FICHA TÉCNICA.

AUTOR: Luis Cencillo.

TÍTULO: Asesoramiento: qué técnicas, qué filosofías.

EDITORIAL: Ediciones idea, Santa Cruz de Tenerife, 2005.

PÁGINAS: 123.

FORMATO: 20 × 13

PRINCIPALES PUNTOS DE INTERÉS DE LA OBRA 

            Esta nueva obra del Profesor Cencillo a cabalo entre la psicoterapia y el asesoramiento filosófico nos parece básica para el correcto entendimiento y manejo de determinadas patologías psíquicas. En especial aquellas en las que está implicada de manera clara la crisis y el vacío existencial.

Los principales puntos de importancia de este libro serían:

- La distinción que se realiza de lo que es el asesoramiento filosófico de una psicoterapia psicoanalítica. Por ello el autor insiste en  no equiparar el asesoramiento con la psicoterapia en el sentido de que por sistema uno sustituya al otro. De hecho se hace hincapié en que la psicoterapia sea indicada para problemas más profundos, a la vez que se indica en que circunstancias es necesario hacer uso del asesoramiento.

 - El respeto por el mundo del paciente por extraño o extravagante que le parezca al terapeuta en los inicios de las sesiones.
 - Las preguntas necesarias que han de hacérsele a un consultante cuando planteé problemáticas sobre sus relaciones amorosas. Dicho aspecto lo incluyo en mi último libro, al final de los capítulos sobre el amor en combinación con las Afectopatologías que trato, pues es un protocolo de parámetros tremendamente brillante y resolutivo a la hora de hacer reflexionar al paciente sobre la arbitrariedad de su elección de pareja.
- El poder aportar una ayuda desde la propia internalización de la filosofía y no dar “preparados” sin elaborar, como muchos hacen hoy en día con la filosofía oriental. Muchos “pseudoterapeutas” pueden terminar “delirando” si empiezan a mezclar presupuestos de la psicoterapia, la salud psíquica y la filosofía oriental de manera asistemática y arbitraria.
 - La utilización correcta de la mayéutica en detrimento de meter sesgos propios en las sesiones y señalárselos al paciente que son proyecciones del terapeuta, (a menudo sus propias obsesiones).



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